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Atletismo

Martín Fiz: quién te lo iba a decir

A los 55 años, con la vida ya hecha, sigue siendo capaz de salir a entrenar 18 o 19 kilómetros a -5º bajo cero en la mañana de Reyes. El objetivo, batir el domingo en Valencia el récord mundial de 10.000 Master 5

Quería comerse el mundo y, a su manera, se lo comió. Fue campeón del mundo de maratón. Todavía no se sabe la razón por la que no fue medallista olímpico. Pero lo que entonces no imaginábamos es que iba a ser imposible despedirse de él, que veinte años después su nombre seguiría por todas partes. Su cara continuaría afilada como la de los atletas de élite y a los 55 años, con -5º grados en Vitoria, en un día como el de Reyes, sería capaz de salir a entrenar y marcarse un entreno de 18 kilómetros con tres cambios de 3.000 metros (9’23”) + 2.000 (6’23”) + 2000 (6’14”) que, si ustedes echan las cuentas, salen a 3’08″/km. Casi una proeza en un hombre de su edad; en unas piernas como las suyas, que ya contabilizan varias vueltas al mundo corriendo y que ya se ganaron el derecho a vivir en paz. Pero quizá eso sea imposible en el caso de Martín Fiz, el hombre que un día se refugió en aquella vieja idea que se decía en el atletismo de antes: “El que vale, vale; y el que no, al maratón’.

Venía decepcionado de la pista, de los JJOO de Barcelona 92. De ahí que pasase al maratón donde, por encima de una biografía, construyó un personaje para toda la vida. Una motivación que nunca morirá de pena y un hombre sin miedo. A su lado, siempre nos quedará una emoción más, comprobaremos que no es justo darse por vencido y que el tiempo es una cosa muy relativa. Quizá ese es el valor real de Martín Fiz: el contraste más puro con aquellos deportistas que se retiran y, al cabo de años retirados, no reconocemos cuando volvemos a verlos de lo que han engordado. Sin embargo, en ese escenario Fiz representa casi un golpe de Estado. De ahí la necesidad de mirarle a los ojos y de entender que, a los 55 años, este hombre lleva razón cuando recuerda que le queda “toda una vida por delante” en la que no le falta “energía por compartir”. Por eso, por encima de un desafío, se trata de una lección: una prueba de que la motivación es un asunto muy personal.

Así que este domingo 13 de enero volveremos a prestarle nuestra atención en Valencia. Entonces manejará un desafío que, a edades como la suya, ya no se estilan. Fiz se enfrentará al récord del mundo de 10 kilómetros Master de 55 años, dos meses antes de cumplir los 56, y que desde 2008 está en posesión del británico Martín Rees (32’02”). Un desafío muy alto en el que Fiz ha lanzado su particular SOS en redes sociales. Ha pedido gente que se atreva a marcarle el ritmo en esos 10k en los que, si se cumple su pronóstico, terminará en 31’52”. Pero para lograrlo no hay más que imaginar los tiempos de paso a los que va a someterse (1 km, 3’08; 3 km, 9’25”; 5 km, 15’50”) y ubicarlos en las piernas de un hombre de 55 años que suma más de 260.000 kilómetros. Pero ese es el secreto de seguir escribiendo de Martín Fiz 25 años después de ser campeón del mundo en Gotemburgo, de no perderle nunca de vista, de sacar jugo a esa pregunta: ¿Cómo es posible?

Al fin y al cabo, esta es una de las mejores cosas del periodismo deportivo: la posibilidad de contar estas hazañas o de encontrar a gente como Martín Fiz, que, en realidad, es parte de su historia. No importa que su repercusión ya no sea la de antes. La importancia es la de estar ahí, la de entender que, al final, la vida es una cuestión de supervivencia como le escuché relatar hace muchos años a Martín Fiz y que aún recuerdo. Él entonces era un atleta de élite que acababa de volver victorioso del maratón de Lake Biwa, donde le había acompañado su hijo Alejandro. Un niño que entonces tenía 8 o 9 años y que había esperado a su padre impaciente en la línea de meta, como los hijos esperan a los padres. La diferencia es que, al terminar el abrazo, ese niño le dijo al padre:

– Papa, estaba rezando para que llegases a meta, no ya para que ganases.

Yo no sé si ellos se habrán olvidado, pues el hijo hoy ya es un hombre, me parece que todo un ejecutivo. Pero yo no lo he olvidado porque en ese momento entendí que eso no sólo era una radiografía perfecta de Fiz. También de la vida y del atletismo, retratada en la cabeza de un niño, que a los ocho o nueve años no hablaba de la victoria sino de la supervivencia. 20 o 25 años después, su padre sigue ganando esa batalla. Incluso, a -5º bajo cero y en el día de Reyes.

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