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Literatura

El poema de Marwan a Iniesta, «genio de la lámpara»

Cantante y poeta, Marwan le escribió un poema a Iniesta con motivo de su adiós. No es la primera gran estrella al que se elogia en verso.

Marwan es cantante, poeta y culé. El orden de los factores se desordena según convenga. También es madrileño practicante y palestino por parte de padre. Su éxito como cantante ha sido fruto de un trabajo constante —el talento sin marketing exige sudar— y su reconocimiento como poeta le ha llegado de forma inesperada; nunca imaginó que los versos funcionaran tan bien como las canciones. Alguien dijo que escribir poesía era como arrojar un pétalo al Cañón de Colorado y esperar el eco. A Marwan el eco de los pétalos le hace los coros cuando canta y cuando escribe.

La pasada semana, Marwan publicó una poesía sobre el adiós de Andrés Iniesta con la esperanza de que le llegue al futbolista. Como un autógrafo a la inversa y en verso. Aquí lo reproducimos:

Andrés no deja huérfanos a todos,
se va como llegó, sin hacer ruido,
nos deja un maletín de buenos modos,
y el fútbol asociado a los sentidos.

Nos daba su cáliz, tan discreto,
así oficiaba misa, con sus botas,
algunos descubrimos el secreto;
cubría de perfume la pelota.

El genio de la lámpara, el bendito,
aquel que susurraba a los balones,
el duende, el jardinero fiel, el mito,
el brujo que nos hizo Campeones.

Nos deja nuestra gran noche de gloria,
nos deja el más dulce de los tragos,
aquel Mundial que nos curó la herida,

el gol más importante de la historia,
el que hizo que de Cádiz a Santiago,
gritáramos “Iniesta de mi vida”.

Cuando se habla de fútbol y poesía a muchos nos viene a la cabeza la oda que Rafael Alberti (1902-1999) dedicó a Platko, portero del Fútbol Club Barcelona. El poeta se vio inspirado por la actuación del guardameta en el primer partido de la final de Copa contra la Real Sociedad (se jugaron tres al terminar en empate los dos primeros). Fue el 20 de mayo de 1928, muy pronto hará 90 años. En uno de los lances del partido, Platko se lanzó a los pies del delantero Cholín y recibió una patada en la cabeza que le abrió una brecha y le dejó conmocionado. El húngaro regresó al campo con varios puntos de sutura y un aparatoso vendaje. Alberti era uno de los espectadores, en compañía de José María de Cossio, autor de la ilustre enciclopedia taurina.

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Curiosamente, la oda de Alberti a Platko fue respondida por Gabriel Celaya (1911-1991) con una “contraoda” en la que el poeta aparta las musas y se entrega a las pasiones del hincha. En concreto, a las pasiones del hincha enfurecido.

Y recuerdo también nuestra tiple derrota
en aquellos partidos frente al Barcelona
que si nos ganó no fue gracias a Platko
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras,
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos los recordamos y quizá más que tú,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque yo estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados.

 

Celaya siempre defendió que “nada de lo que es humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos. Debe haber ideas, aunque otra cosa crean los cantores acéfalos. Debe haber calor animal. Y debe haber retórica, descripciones y argumento, y hasta política. Un poema es una integración y no un residuo que queda en nombre de lo puro, lo eterno o lo bello…”. Por cierto, cuando el poeta murió, la Real Sociedad lució brazaletes negros en su honor, en el primer homenaje de un club de fútbol a un rapsoda del que se tiene noticia.

El periodista Julián García Candau (1939) publicó en 1996 el libro Épica y lírica del fútbol, en el que hace un recorrido histórico por la relación entre el balompié y la poesía. Gracias a su trabajo, descubrimos que existe un vínculo tan íntimo como antiguo. Hace dos mil años, el poeta y astrónomo romano Marco Manilio escribía:

Diestro aquel en volver con diestra planta
la pelota que huye, compensando
con los pies el oficio de las manos,
jugando a saltos y con vagas plantas,
disponer todo el cuerpo porque haga
tantas vueltas que en el mismo se encoja,
y que los pies por cima de él mandados
vuelen a este ejercicio ya enseñados.

A partir de aquí podemos encontrar poemas para todos los gustos, algunos con firmas tan ilustres como las de José María Pemán (1897-1981).

EL MUNDO COMO UN BALÓN

Dime, poeta:
si el mundo es como un balón
redondo por la ilusión
de llegar pronto a su meta:
¡Vale la pena jugar! Silencio de ultramar,
luna llena… mar serena;
viejo amigo
en secreto te lo digo,
¡que lo que vale la pena
es ganar!

Pemán también escribió un romance con Di Stéfano de protagonista que termina de manera controvertida para los tiempos que corren:

“(…) Cuya es aquella pareja
que así suspira al pasar?
Son Bernabéu y Saporta
que parece, según van,
un matrimonio sin hijos
sin poderse consolar.
De pronto Alfredo que vuelve,
el sol se ha puesto a brillar.
Balones y directivos
se hinchan de felicidad.
Y boquiabiertos de asombro,
temor e inseguridad,
las porterías del mundo
esperan a su galán.
¡Doncellas del violador!
¡Ineses de este don Juan!”.

El sevillano Fernando Villalón (1881-1930) se atrevió a combinar poesía, fútbol y amor galante, otra cuestión es el resultado.

FOOT-BOOLL

Si fueras puerta del campo
y yo fuera delantero
de equipo del “Cariño”
FC, goal certero,
chutaría sobre tu red,
que no pararía San Pedro,
que es mucho más que Zamora,
porque es portero del Cielo…

 

Los poetas de antaño solían conmoverse más con los porteros como Zamora (Pedro Montón) o Platko o con los futbolistas raciales, tipo Quincoces (José García Nieto). Sin embargo, también los había sensibles a los delanteros infalibles como Pahíño (Pedro de Miranda), Puskas (Jacques Guhl), Garrincha (Manuel Picón) o el inconmensurable Pelé (Horacio Ferrer). El maestro Manuel Alcántara dedicó los siguientes versos a Pirri, quizá por su amor por los pesos medios de gran pegada.

PIRRI

El guerrero de blanco y de coraje
Lleva su corazón por armadura
Y se lanza a la tarde y a la dura
lid como quien se lanza al abordaje
siempre se viste de victoria un traje
dorado de sudor, de brega oscura.
Veintidós en el césped. La aventura
sobre el verdor domado del paisaje.
El balón, perro dálmata acosado,
lame su pie y se pone de su lado,
capitán del Madrid, doncel del brío.
Y en el vivo rectángulo de menta
el hato de los goles se apacienta
y como corazón el graderío.

El último libro de poemas de Marwan se titula Los amores imparables. «El amor imparable nace y se independiza de la razón. Es la elevación del verbo sentir a la categoría de arte supremo. Es un amor imposible de domesticar, que está varios palmos por encima del asombro, que no tiene medida». En principio, el poeta no estaba pensando en Iniesta, pero ahora que conocemos el desorden de sus prioridades vayan ustedes a saber.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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