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Ana Peleteiro volvió a subir al podio. / Foto: DPA/Picture-Alliance/Cordon Press

Atletismo

Más luces que sombras en Berlín

En un par de meses poca gente recordará los nombres de Álvaro Martín o María Pérez, pero durante unas horas en los bares de España se habló más de ellos que de Leo Messi o Luka Modric.

Tiene algo de místico el atletismo. Hay algo en ese deporte que sobrepasa a todos los demás, no sabemos si es la figura del discóbolo que todos imaginamos en nuestra cabeza, si es el primitivo hecho que nos impulsa a correr como si no hubiese mañana o ese aroma olímpico que desprende, pero cada gran competición de atletismo tiene la capacidad de atraernos casi tanto como un Grand Slam de tenis, una gran carrera ciclista o cualquier evento deportivo que nada tenga que ver con el fútbol. Así hemos pasado los últimos días, tratando de averiguar los motivos por los que estamos pendientes de alguien que lanza una jabalina o que salta unas vallas.


Gloriosa marcha atlética


No suena fácil de explicar, pero el principal motivo es que el atletismo es un deporte que apasiona, que es dinámico como él solo y que tiene una gran capacidad de emocionar con el compañerismo que se respira en la pista. En Berlín 2018 hemos degustado un Europeo fantástico, con un Estadio olímpico maravilloso, con grandes estrellas brillando, con atletas españoles irrumpiendo en el telediario de Televisión Española y con una actuación portentosa de nuestros marchadores, que incluso reclamaron portadas de periódicos 24 horas después. Aunque en un par de meses poca gente recuerde los nombres de Álvaro Martín o María Pérez, durante unas horas en los bares de España se habló más de ellos que de Leo Messi o Luka Modric. Mérito suyo.

Es curioso el caso de Bruno Hortelano, quien recibe un tratamiento de estrella sin ser la gran referencia atlética de nuestro país. Hacen falta más como él. Sin haber pisado una final olímpica o mundial, el campeón de Europa de 2016 engancha con el aficionado. Es lo mismo que consiguen otras leyendas como Carolina Marín o Rafa Nadal, con la diferencia de que Hortelano no tiene todavía -acabará llegando- esa gran fotografía deportiva, algo que ha sustituido por una historia de superación fascinante. Su irrupción en la élite ha sido gloria bendita para el atletismo español. Además, es un chico bien equilibrado, con una azotea privilegiada que le hace ser sincero en los micrófonos. Si se equivocó en la última posta del relevo 4×400 y eso nos costó el oro, pues lejos de decir que está contento y feliz, reconoce su error. Que lo clonen.

Otro de los protagonistas fue Fernando Carro, que desprende simpatía en cada zancada.

Desconocido para el gran público hasta Berlín, logró con su plata que todos nos pusiéramos de pie porque además ayudó a olvidar ese cuarto puesto del mencionado Hortelano en los 200 metros. En el aspecto individual, también tuvieron su cuota de protagonismo Ana Peleteiro, bronce en triple, y Orlando Ortega, bronce en 110 metros vallas. Con ambos suspiramos por lograr el metal, pero a los dos los pusimos más arriba en el podio en nuestra imaginación. Se les puede exigir más, no nos conformemos.


Dos reflexiones


Sobre las dos últimas medallas logradas en la competición por equipos del maratón tengo mis reservas. Me cuesta entender que se repartan seis preseas por las que no se pelea. Me explico; en los relevos se trabaja en equipo, pero no en el maratón donde cada atleta pelea por sí mismo y al acabar la carrera se suman los tiempos de los tres mejores de cada país. Mi pregunta es, ¿y por qué no se hace lo mismo en el lanzamiento de jabalina? ¿O en los 800 metros? Igual alguien tiene una explicación racional sobre esto y yo todavía no he dado con ella.

Antes de terminar, en el campeonato de los imberbes Jakob Ingebritsen, el menor de los tres hermanos y que se ha llevado el doblete en 1.500 y 5.000, y de Duplantis, nuevo rey de la pértiga ante la leyenda francesa Lavillenie, quiero dejar mi reflexión sobre la dinámica del deporte, algo sobre lo que llevo peleando en mi cabeza ya unos años. Me parece inconcebible en pleno 2018 que no se pueda seguir fielmente una final de triple salto o de lanzamiento de disco porque se solapan con otras pruebas. Si la gente va llegando masivamente al atletismo, vendámoslo mejor. Se me ocurren multitud de posibilidades y dejo planteadas algunas como utilizar una pantalla partida, alargar las jornadas -esta me parecería errónea-, incrementar los días de duración del campeonato o, la que más me gusta, incluir algunas finales de concursos durante las jornadas matutinas.

Ahí lo dejo y si alguien quiere recoger el guante, lo tacho de mi lista de cosas que hacer antes de morir.

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