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Lothar Matthaus seguido por el escocés Malpas. CORDON PRESS

Mundial Rusia 2018

Matthaus, el líder que ya no existe

El espejo de la Alemania campeona del mundo en Italia 90, el hombre de los cinco Mundiales, es hoy un entrenador al que ni mucho menos le sobra trabajo.

Hoy tiene 57 años. Una carrera como entrenador en la que no ha triunfado. Ha trabajado en carreteras secundarias, en países casi extraños como Bulgaria, Hungría, Brasil o Israel para un entrenador de élite. Siempre a expensas de algún contrato. Pero así de complicada puede ser la vida para Lothar Matthaus (1961), un futbolista que lo fue todo en la selección alemana. Un tipo que siempre levantaba la cabeza en los momentos decisivos. Un auténtico número 10, un líder como los de antes en una época en la que esa palabra estaba tan de moda. Tenía que haber un líder. Necesitábamos un líder y, si no lo teniamos, nos arriesgamos a no saber jugar contra corriente o a que nos temblase el pulso sin el balón en los pies.

Sin embargo, hoy ya no. O, al menos, no tanto. Hasta en eso ha cambiado el fútbol. Las responsabilidades están más repartidas incluso en la selección alemana donde el número 10 ya no tiene por qué ser un espejo para los demás. Puede ser hasta un futbolista como Ozil que va por libre, en las antípodas de lo que fue Lothar Matthaus. Un futbolista que siempre estaba de guardia. Un tipo que jugó en épocas en las que los dieces debían ser los mejores: Maradona, Zico, Platini… Tenía que ser así. No quedaba otro remedio. Por eso, al final, Matthaus lo logró. Fue en su tercer Mundial, en el de Italia 90. Tenía 28 años y aquella Alemania nunca se entenderá sin él, sin su fotografía indicando el camino. Fue su obra maestra, la prueba de que el hombre puede llegar a todas partes y de que no se puede ser alemán sin intentar ser el mejor.

Matthaus representaba todas esas virtudes en voz alta. Físicamente era un tipo corriente. No medía ni 1,75 cm. Pero su mirada era la de los ganadores y la de los hombres que uno no sabe cómo olvidar. Quizás porque eso también era parte del trabajo de los líderes de entonces, la única posibilidad de jugar cinco Mundiales seguidos como aguantó Matthaus. El último fue a los 37 años en Francia 98 desde la posición de libre. Quizás ya estaba en tiempo de descuento. Pero fue el perfecto homenaje al chaval que había vivido el Mundial 82, al lado de una leyenda como Paul Breitner, o que había sentado cátedra en el Inter de Milán.

Quizás hoy la culpa sea de la nostalgia. No digo que no. Pero uno ya no ve futbolistas como Matthaus capaces de liderar un equipo y deseando liderarlos como hizo él todos esos años en Alemania. Y el caso es que no era un portento físico. Ni un gran regateador. Ni un gran lanzador de golpes francos. Matthaus no era ninguna de esas cosas. Pero tenía algo diferente que comunicaba muchísimo con la pelota y sin ella. Por eso extraña tanto que 20 años después camine tan apartado del fútbol de élite. La memoria no siempre es agradecida.

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