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Opinión

Un ministro de Cultura que va al cine me representa

Hace meses que conocí a Màxim Huerta, pero quién me iba a decir que su futuro sería dirigir el Ministerio de Cultura y Deporte. Recuerdo que me dijo: “Lee y escribe lo que te de la gana. Estoy hasta los cojones de los prejuicios culturales”.

Se cumplen varios meses desde que conocí Màxim Huerta, hoy flamante ministro de Cultura y Deporte. Fue, concretamente, en noviembre del año pasado. En aquella mañana de otoño, nos sentamos en una de sus esquinas favoritas de Madrid, en una mesa arrinconada del café El Comercial, un lugar que ha usado mucho. Allí, solía desayunar cada mañana cuando era novato e inexperto, recién llegado a la capital para trabajar en los informativos de Telecinco. Hoy, todavía escoge este lugar para corregir sus novelas y hacer las entrevistas. Detrás de donde permaneció sentado más de una hora, aparecía escrito en la pared: “Vivir es un asunto personal”. Un magnífico preludio para lo que sería la conversación de después: una charla dominada por los recuerdos, la memoria y el pasado. Pero quién me iba a decir a mí que su futuro sería dirigir el Ministerio de Cultura.

Llegó a la cita con un libro debajo del brazo. La noche soñada, con el que ganó el Premio Primavera de Novela 2014. Pero no es el único que ha escrito, de hecho, acaba de publicar Firmamento, su séptima ficción. Sin embargo, algunos critican su nombramiento en el Consejo de Ministros por su participación en El programa de Ana Rosa. Los que escriben mal su nombre (¿Màxim Huertas?), lo tachan de periodista de la crónica rosa cuando ni siquiera lo han visto. Ni a él ni al programa. Me asombra estupefacientemente la facilidad con que la gente critica su pasado, el suyo y el de todos en general, como si ellos no lo tuvieran. ¿Desde cuándo hay que llegar virgen al casamiento? Parece que, por eso, una persona con formación periodística universitaria ya no puede ser culta y sensata. Parece que Màxim tiene que pedir perdón por no ser Benito Pérez Galdós, un escritor excelente que, por cierto, es de los pocos políticos en la historia de este país que ha salido a hombros del pueblo. Imagino que los mismos que denostan esta decisión se habrán leído la bibliografía completa de la literatura universal, o, por lo menos, las obras más importantes.

Está claro que en poco más de una hora no se puede llegar a conocer a una persona, porque moriremos y ni nos conoceremos a nosotros mismos en plenitud, pero sí se pueden averiguar sus intenciones. Recuerdo que durante la conversación me dijo: “Haz lo que te salga de los cojones. Lee y escribe lo que te de la gana. Estoy hasta los cojones de los prejuicios culturales”. Màxim es una persona con sensibilidad y exquisito gusto cultural, que es lo que se necesita para un departamento así, levanta premios literarios y tiene como mentora a Ana María Matute. Su otra gran pasión, por cierto, es Francia, país que conoce muy bien. Ha vivido largas temporadas en el territorio vecino, del que culturalmente hablando tenemos mucho que aprender.

Después de terminarnos el correspondiente café y chocolate, me invitó a su casa. De verdad, no lo esperaba. No estaba muy lejos. Subí por las escaleras detrás de él. Mientras, descolgó el teléfono que durante la tertulia había mantenido en silencio. Creo que lo llamaban de la editorial preguntándole por dónde había estado metido toda la mañana. Mirándome con un gesto de complicidad, respondió que en el médico, lo cual era evidentemente mentira. En su piso, continuamos hablando sobre literatura, entre otras cosas, y me regaló unos cuantos libros. Entonces, me quedó aún más claro su afán por difundir lo que ahora le toca defender. Sus estanterías, incluso el suelo de la vivienda, estaban llenas de distintos ejemplares. Algunas ediciones son auténticas reliquias.

No había escuchado tanto revuelo con las designaciones y las labores de José Ignacio Wert o Íñigo Méndez de Vigo, que han tratado siempre a la cultura como al pariente pobre de la familia. Algunos dicen que su designación ha sido una improvisación, pero, según los expertos, el equipo de gobierno está diseñado de esta manera desde hace aproximadamente un año. Ahora, descubro asombrado que hay que tener grandes méritos para ocupar un Ministerio, como si sus antecesores fuesen campeones del mundo en alguna disciplina deportiva, de Halterofilia, por ejemplo. En Màxim, probablemente, veamos al primer ministro de Cultura en mucho tiempo en ir a al cine o en acudir a la presentación de un libro. Ha confesado, en más de una ocasión, que no sabe nada sobre deporte e incluso ha llegado a proclamar que sí, que lo odia. Es honesto y esclavo de sus palabras, pero no creo que haya que sobredimensionar tuits escritos con afán irónico desde el sofá de casa una tarde de domingo. Piensa mimarlo y amarlo, ya lo ha dicho, porque deporte también es cultura.

El márketing del Partido Socialista ha funcionado, ahora toca gobernar. Se recupera el talante y la ilusión, y lo que es más importante, el amor por la cultura y el respeto por el deporte. Hoy mismo, ha ido a despedir a la Selección española de fútbol, debido a su inminente partida a Rusia. Es justo admitir que su nombramiento nos ha pillado a la mayoría haciendo la colada o preparando la cena, por sorpresa, pero las oportunidades hay que darlas antes de quitarlas. Es evidente, no lo esperábamos. Del mismo modo, igual de importante va a ser el equipo que lo acompañe y apoye sus iniciativas. Espero que le vaya bien. Su suerte será la de todos. “La cultura nos hace más felices. Y más libres”.

 


 

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

2 Comments

2 Comments

  1. Antonio López Lobeto

    07/06/2018 at 13:38

    Cada vez te conozco un poco más y,por consiguiente,estoy por afirmar sin equivocarme,que se avecina la incursión en el ámbito periodístico de un personaje brillante.Ojalá no me equivoque.

  2. Pingback: Antonio de la Torre: "Cuando Alemania nos ganó en el 82, me puse a llorar" | Entrevistas | A la Contra

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