Mechaal: Los que no ponen excusas | Atletismo | A la Contra
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Adel Mechaal en cabeza de la carrera. CORDON PRESS

Atletismo

Los que no ponen excusas

La única manera que se me ocurre de contar una derrota perfecta como la de Mechaal en los 10.000 metros del Europeo de Berlín.

A mí me gusta la gente que pierde y no busca excusas. Creo que hay pocas cosas más honestas que ésa, porque las excusas son como la envidia: el único pecado del que no se obtiene ningún beneficio. Quizá por eso la derrota es tan interesante. También vale para conocer a la gente y para reconocer que es muy difícil perder. Pero es uno de esos riesgos que asumimos desde que aceptamos que solo puede ganar uno. De ahí que entre ganadores y perdedores yo casi siempre me sienta más cómodo escribiendo de la derrota. No sé qué extraña inclinación me mueve hacia ella. No sé si es que el éxito envenena y la derrota humaniza. Pero nunca pude pensar que fuese a sentarme tan mal la derrota de esta noche de Adel Mechaal en la final de 10.000 metros del Europeo de Berlín. No sabía esta vez ni cómo empezar a contarla.

Quizás por eso escribir sólo sea mi manera de defender que también hay derrotas perfectas en las que uno hace todo lo que debe hacer. No le falta inteligencia para leer la carrera. No le falta tampoco valentía para reconocer el momento. Pero entonces puede suceder lo único que no depende de uno: la fortaleza de los rivales a los que les encanta pasarte por la derecha o por la izquierda, como harías tú en su lugar, porque esto no sólo es el atletismo. También es la vida que nos expone a que las cosas no sucedan como a nosotros nos gustan. Por eso hay momentos como los últimos 200 metros de esta carrera, que son los que establecen la nota del corte para las medallas y que nos recuerdan que no va a ser posible. No es mala uva. Es el destino. De hecho, ya no vale la pena añadir nada que no recuerde la clasificación: las medallas abandonaron a Adel Mechaal, cuarto clasificado, con la misma frialdad con la que le recibe a uno una casa en silencio.

No queda otra que aceptarlo y enorgullecerse porque la casa es tuya. Hiciste lo que pudiste y no fue posible. Hay momentos que todo el mundo tenía pensado para tí, pero ésa es la misma parte que explica que todo lo que deseamos, que no se pueda comprar con dinero, cueste tanto trabajo. A veces, no es suficiente ni siquiera con el trabajo. En ese sentido el atletismo es un exponente cruel, reservado a directores de cine. Pero, a los 27 años, Mechaal ya lo sabe…, y la pena no está en las excusas. Ni en el calor, porque el calor es para todos el mismo, ni en las fuerzas que me abandonaron, porque precisamente esa es la diferencia. La pena está en la inteligencia para imaginar la próxima vez y ésa ya la tenemos: los 5.000 metros del sábado. Será la revancha o el suicidio, pero, sea como sea, algo se me ocurre agradecerle: la valentía de volver a estar ahí. La sensación de que el mundo es de los valientes.

 

 

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