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Sociedad

Meghan y Enrique, una boda multicultural y feminista que une Windsor con Harlem

Ya se han casado. El príncipe Enrique de Inglaterra y la exactriz estadounidense Meghan Markle se dieron el ‘sí, quiero’ este sábado en el castillo de Windsor.

Fue una boda especial y romántica -muy del gusto de los novios- que dejaron a un lado el estricto protocolo de la Corona inglesa para incorporar detalles culturales de la novia. Una afroamericana, actriz, divorciada y feminista que se ha convertido hoy en duquesa de Sussex. En Windsor lució un sol espléndido y ondeaba el estandarte de la Reina sobre la torre del castillo. Desde primera hora de la mañana, invitados y curiosos fueron llegando a los alrededores de la residencia real, situada en el condado de Berkshire.

Poco a poco, por riguroso orden protocolario –primero los menos allegados-,  los invitados llegaron a la capilla de San Jorge. La familia Spencer asistió al completo encabezada por el conde Spencer, tío del novio y hermano de la fallecida princesa de Gales. No asistieron representantes importantes de las casas reales europeas (tampoco de la española) pero sí hubo representación de Hollywood.

Al más puro estilo alfombra roja, vimos a George Clooney y su mujer, Amal, a la actriz Carey Mulligan y a los excompañeros de trabajo de la novia, los actores de la serie Suits. También vimos cómo llegaron los presentadores Oprah Winfrey y James Corden (popular cómico y presentador británico) y tampoco faltó la tenista Serena Williams, los Beckham o los cantantes James Blunt y Elton John junto a su marido, David Furnish. Incluso las exnovias de Enrique, Chesly Davy y Cressida Bonas, asistieron.

Mientras los invitados iban llegando a la capilla, la Guardia Irlandesa amenizaba con su banda las calles de Windsor, donde esperaban curiosos miles de ciudadanos.

El príncipe Enrique llegó a la iglesia pasadas las doce y media del mediodía. Vestía el uniforme con levita de la caballería Blues & Royals de la Guardia Real. El novio llegó acompañado por su hermano, el príncipe Guillermo, también vestido con el uniforme de la Guardia Real, mostrando la sintonía entre ambos. Guillermo además ejerció de best man (padrino). Enrique llegó en coche desde Coworth Park Hotel, donde pasó su última noche de soltero, y accedió por la portada principal de la capilla de San Jorge, donde le recibió el obispo de Canterbury.

Tras el novio, pocos minutos antes de la una de la tarde, comenzaron a llegar los familiares directos a la capilla. Primero la madre de la novia, Dorian Ranglan, que había salido poco antes junto a su hija del hotel y se cambió de coche para dar prioridad a su hija que –como es lógico- fue la última en llegar.

Acto seguido llegó el padre del novio, el príncipe Carlos -acompañado de Camila Parker Bowles, duquesa de Cornualles- y, justo cinco minutos antes de la novia, hizo su entrada ceremonial la reina Isabel II –vestida de verde menta- acompañada de su marido, el duque de Edimburgo. Tras la monarca, fue el turno del cortejo nupcial. Pajes y damas de honor entre los que se encontraban Jorge y Carlota, hijos de Guillermo y Kate Middleton, que les acompañaba.

El repicar de campanas anunció la llegada de la novia. A la una en punto de la tarde hizo su entrada en el patio del castillo Meghan Markle en un Rolls Royce. Descendió sola del coche y descubrimos el secreto de Estado mejor guardado, el vestido. Blanco, liso, de escote barco y manga francesa –elegante y sobrio, como mandan las normas de protocolo- y como gesto, firmado por Clare Weight Keller, primera mujer que ha llegado a ser directora creativa de la maison francesa Givenchy.

El vestido iba acompañado de un larguísimo velo (5 metros) bordado con las flores que representan los 53 países de la Commonwealth, y sujeto en la cabeza de la novia por una tiara de filigrana con diamantes que perteneció a la reina Mary, abuela de Isabel II.  La joya, que ha permanecido guardada en el joyero de la familia real británica hasta hoy, es el “algo prestado” que lució este sábado la novia.

Meghan ascendió por la escalinata de San Jorge y se encaminó hacia el altar ella sola –otro de los gestos feministas que hizo en su enlace-, a mitad del recorrido le esperó el príncipe Carlos –a falta de padre de la novia- y juntos avanzaron por el coro de la capilla gótica bajo los estandartes de los reyes y reinas de Inglaterra. Mientras, un novio emocionado la esperaba junto al altar. Con un «estás espectacular, soy muy afortunado», recibió el príncipe Enrique a Meghan.

Comenzó la ceremonia. Colocados en primera fila, a un lado, con gesto solemne, la reina Isabel II de Inglaterra, al otro, la madre de Meghan, Doria Ranglan, con cara de no poder reprimir su emoción ni un minuto más. Dos mundos que este sábado se unieron.

Los novios pronunciaron sus votos agarrados de la mano. Y con ese gesto de amor (poco protocolario) permanecieron gran parte de la ceremonia. Estuvieron sentados mientras el obispo Michael Bruce Curry, presidente de la iglesia episcopal, encendía la misa con una homilía muy pasional centrada en el amor de los contrayentes.

Justo antes del ‘sí, quiero’ llegó otro de los gestos más románticos. El coro gospel The Kingdom Choir interpretó Stand by me, sin duda uno de los momentos que más emocionaron a los presentes. Un toque soul que resonó en las paredes de piedra de San Jorge, una capilla gótica que este sábado sonó como cualquier iglesia de Harlem.

Tras la canción, el arzobispo de Canterbury (que bautizó a la novia en la fe anglicana en marzo) fue el encargado de declarar a los novios marido y mujer, justo antes de que se intercambiaran sus alianzas. Para Enrique, anillo de platino. Meghan lució anillo de oro de Gales, creado a partir de una pepita de oro de 36 gramos que le regaló la reina Isabel II. Esta tradición empezó con la reina madre cuando se casó con el rey Jorge VI (padre de Isabel II) en 1923.

Así, poco antes de las dos de la tarde, Enrique y Meghan ya eran marido y mujer. Desde este momento Meghan Markle, la joven actriz estadounidense, se convertía en Su Alteza Real la duquesa de Sussex.

A las dos y cinco de la tarde, y tras entonar el God save the Queen, los recién casados abandonaban la capilla de San Jorge. En el borde de la enorme escalinata de entrada regalaron a los allí presentes el esperado beso. A pie de las escaleras les esperó un coche de caballos Ascot-Landau descubierto en el que los recién casados, cogidos de la mano, dieron su primer paseo como marido y mujer por las calles de Windsor.

Tras el recorrido que duró aproximadamente media hora, Enrique de Inglaterra y Meghan Markle regresaron al castillo de Windsor donde tuvo lugar el convite. Posteriormente, los familiares y amigos más íntimos, asistieron a una fiesta organizada por el padre del novio, el príncipe Carlos, ya por la noche en Frogmore House.

Harry y Meghan sellaron este sábado un compromiso de meses. No han sido fáciles. Vivieron sus últimas semanas de solteros de una manera un tanto agridulce por la familia de ella. Desde este 19 de mayo, Meghan Markle forma parte de la Casa Real más importante del mundo. Su matrimonio conlleva muchos privilegios, también algunas renuncias que tendrá que hacer la ya exactriz. Su vida ya no será la misma.

La primera persona que ostentó el ducado de Sussex fue el príncipe Augusto Federic, hijo de Jorge III. Él no tuvo demasiada suerte en sus matrimonios. Esperamos que la Historia no se repita y que Enrique y Meghan sean felices.

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