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La Femme Totale

Melissa Etheridge: la voz rasgada que acaricia sin lastimar

Estrenamos sección con la pretensión de hablar de mujeres que no tienen el reconocimiento que por su calidad musical merecen.

Melissa Etheridge no es ninguna debutante, lleva en la brecha más de treinta años. Quizá no debería aparecer en esta sección ya que hablamos de una mujer con una exitosa carrera conocida y reconocida al otro lado del charco. Pero amigos, esto es España y, por lo que sea, aquí según qué cosas no nos llegan y otras, que no debieran llegar, se nos instalan despiadadamente.

La vida personal de Etheridge da para hablar largo y tendido pero lo que la trae aquí no es el hecho de haber sido una de las primeras que explicitó su homosexualidad en tiempos en los que no estaba tan de moda aceptar según qué realidades humanas y menos aún en la variante femenina de la estigmatizada tendencia. Tampoco es motivo el hecho de haber luchado a brazo partido contra un cáncer de mama para vencerlo. No, el motivo real y único es la calidad musical que atesora la señora Etheridge. No se trata de la chica mona que canta o interpreta lo que le den, no; se trata de toda una mujer que compone sus propios temas, que los interpreta a la manera que ella cree y, sobre todo, que los canta con una voz imponente.

Sí, porque en la voz de Melissa podemos encontrar en según qué momentos algunos rasgos que nos recuerden a Bonnie Tyler y en otros incluso a Tina Turner. Pero me atrevería a afirmar que es mucho más versátil que la galesa, que no abusa de su fuerza, que emplea los recursos solo cuando son necesarios. Hablamos de una voz rasgada y áspera pero que acaricia sin lastimar. Hablamos de una forma de cantar exquisita con una personalidad aplastante.

En cuanto a su estilo, podríamos encuadrarlo dentro del pop-rock clásico con tintes country-folk y con influencias o incursiones en otros estilos populares (blues, soul, etc). Es fácil caer en la tentación de definirla como la Bruce Springsteen femenina pero yo preferiría escapar del tópico, si bien es cierto que ella misma reconoce su influencia y que a ambos les une una gran amistad.

He de aclarar que se trata de un estilo que, al igual que ocurre con el Boss, no es el que a mí más me guste precisamente. Pero debo reconocer que en este caso la calidad creativa e interpretativa de esta artista me imposibilita cuestionarle mérito alguno.

El caso es que esta mujer, nacida en una pequeña población de Kansas —cuiden los gentilicios porque no podemos llamarla kansina— se inició en la música de manera amateur a muy temprana edad y, tras abandonar su pueblo natal para establecerse en California, comenzó a cosechar buenas críticas ya desde sus primeros discos. Ha sido candidata a los Grammy en un gran número de ocasiones y lo ha ganado en dos de ellas, y hasta se agenció un Óscar a la mejor canción original (Una verdad incómoda, 2006). Quizá con el paso de los años se puede apreciar que su estilo se ha asentado y acomodado en el mainstream perdiendo ese puntito de coqueteo con el underground que sí tuvo en sus primeras grabaciones.

Como su discografía es tan extensa quizá recomendar uno u otro disco no sería lo más adecuado para seducir definitivamente a quien decida acercarse a su obra. Por eso yo recomendaría un recopilatorio estupendo que resume perfectamente sus mejores momentos titulado Greatest Hits: The Road Less Traveled y a partir de ahí empezar a bucear en su discografía. También es muy recomendable cualquiera de sus directos ya que en esa faceta es donde mejor se aprecia la verdadera talla de este animal musical.

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