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Barcelona

Messi logra su sexto Balón de Oro

A Messi lo definió hace muchos años Santiago Bernabéu: «Hay que ser muy hombre fuera del campo, y muy niño dentro de él. He ahí al futbolista perfecto«

Media docena. Casi tantos como días de la semana. Si al séptimo día D10S descansó, Messi está más cerca de la eternidad. Nadie sigue ya su estela en una carrera endiablada que agranda su vitrina y su leyenda casi al mismo ritmo al que Marty McFly se mueve en su monopatín volador en Regreso al Futuro. Imparable. Fotocopiador de goles. Asesino de adjetivos. Gambeteador machacón que ha hecho del Camp Nou su potrero particular. El nuevo galardón redondea una década maravillosa desde que en 2009 recibiera su primera pelota dorada. Ahora ya padre maduro, barbudo incluso, puede compartir con Thiago, Mateo y Ciro los frutos de su inagotable botín izquierdo.

El sexto balón de oro de Leo Messi, el primer futbolista que llega a esa cifra, convierte de rebote al Barça en el club que más veces ha sido portada de France Football. Hay una vía láctea azulgrana brillando ahí arriba. Pero lo de Leo además de único suena hoy a irrepetible, porque en el competitivo mundo del fútbol, nunca hubo un dominador como él. Tan longevo, tan capaz de añadir matices a su juego, de dibujar nuevos trazos en su pintura cuando el cuadro era ya una obra de arte. ¿Cómo se puede mejorar cuando eres ya el mejor? Ni siquiera Messi tiene respuestas a esa pregunta, él prefiere jugar.

Y quizá resida en esa sentencia, pronunciada curiosamente al otro lado del Puente Aéreo, hace muchos años, por una tal Santiago Bernabéu, donde resida la raíz que explican los frondosos frutos de ese talento inagotable: «Hay que ser muy hombre fuera del campo y muy niño dentro de él. He ahí al perfecto futbolista». O como dijo Messi en su discurso de agradecimiento: «En todo este tiempo nunca dejé de soñar, de crecer, de seguir mejorando día a día. Gracias a Dios puedo seguir haciendo lo mismo que seguía haciendo con dos o tres años, que es jugar al fútbol». Si la patria es la infancia, Messi ondea esa bandera cada fin de semana.


Una década de película


Y es que en la película de la vida de Messi siempre ha pesado mucho la familia. Quedó claro cuando Didier Drogba invitó a Messi a sentarse en una silla de director nada más anunciar que Leo era el ganador. El costamarfileño se aposentó junto a él, mientras en la gran pantalla del Teatro del Chatelet en París se proyectaba un vídeo sobre los méritos del argentino dentro y fuera del campo. Entre los goles de falta y la colección de balones de oro se colaron los besos de Thiago y la sonrisa canalla de Mateo, también la timidez de Ciro, sorprendido ante tanto alboroto en casa. En las imágenes se pudo comprobar también que poco o nada queda estéticamente de ese chico de 22 años que ganó su primer balón de oro hace diez años. La calidad, como ya saben, sigue intacta.

Justo a continuación en otra de las fotos y los gestos de la noche Luka Modric, el último ganador, le cedía el testigo al argentino. Luego llegaron las declaraciones de Messi, que también ha ganado tablas en el arte del discurso, por más que ahí solo alcance el notable. «Hace 10 años recibía mi primer Balón de Oro en París» se arrancó Messi. «Me acuerdo que vine con mis tres hermanos. Tenía 22 años, era impensado para mí. Hoy, 10 años después, me toca recibir el sexto, en un momento especial con mi mujer y mis tres hijos».

Quizá solo quede a rivales y detractores (hay haters para todos) aferrarse al paso del tiempo como única esperanza para derrocar a Messi. Lo sabe también el argentino: «Soy consciente de la edad que tengo (32) y por todo eso estos momentos se disfrutan más, pero me quedan varios años, aunque todo pasa muy rápido». Los quince años que han transcurrido desde su debut en la élite, pesan como quince siglos para algunos. Quizá consciente del revuelo que podían tener sus palabras, volvió a insistir el argentino que le quedan varios años para seguir dando guerra.

Leo resultó flanqueado en el podium por un deportivo y agradecido Virgil Van Dijk y un ausente Cristiano Ronaldo, con el que estaba empatado con cinco trofeos. Aunque la foto de familia la compuso Messi y sus seis brillantes balones de oro. Solo su sonrisa relucía más que la familia numerosa de galardones que le rodeaban. Está claro que en su viaje al Olimpo, Messi va a pagar exceso de equipaje. Todavía le quedan horas de vuelo.

La década prodigiosa de Messi.

 

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