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Barcelona

Messi, el triatleta

Son varios años que las crónicas de los partidos del Barça se reducen a analizar qué puede hacer Messi cuando no solo juega contra un equipo contrario sino también contra su entrenador.

Johan Cruyff tenía la costumbre de poner en el primer partido de Liga el mismo once titular de la temporada anterior, si éste había ganado el campeonato. Una especie de homenaje a los que ya estaban y, a la vez, un mensaje de aviso a los recién llegados de que tenían que ganarse el puesto. La excepción se llamó Romario, bien debutando con un hat-trick o bien no presentándose a entrenar con el equipo. Cosas de genios.

Así pues, Valverde debió pensar que si a Johann le funcionó, ¿quién era él para contradecirlo? Dejó 300 millones en el banquillo y plantó un centro del campo Busquets-Rakitic-Sergi Roberto, donde la creatividad brillaba por su ausencia. El adjunto de Clemente, Jon Aspiazu, reconocía que la alineación de Sergi Roberto en el medio del campo y Semedo en el lateral había sido motivada para evitar las contras del Alavés. ¿Una alineación jugando en casa en función del rival? Pensábamos al inicio que Valverde cruyffeaba pero de nuevo apareció Honesto Dos Caras y resultó que clementeaba.

Cuando a los 12 minutos Messi ya había bajado dos veces hasta los centrales para que se viera un poco de fútbol, entendimos que todo sigue igual: son ya varios años que las crónicas de los partidos del Barça se reducen básicamente a analizar qué puede hacer Messi cuando no solo juega contra un equipo contrario sino también contra su propio entrenador. Entre tantos pases inocuos de sus compañeros alrededor de la defensa del Alavés, Messi debió sentirse como Dinio, confundido por la noche, dudando si estaba jugando al fútbol en el Camp Nou o al balonmano en el Palau Blaugrana. Antes de que le pitaran juego pasivo a su equipo, Messi lanzó un tiro libre que no habrían parado ni Lorenzo Rico, ni Barrufet ni Hombrados juntos. Solo el larguero lo hizo. Fue el único que se salvó de la primera parte más estática del Barcelona desde los tiempos del Tata Martino. Exactamente fue eso: un Barça esTATAtico.

Dos Caras debió recordar en el descanso que si Johan había roto su costumbre con un carioca, él podía hacer lo mismo y utilizar a otro. Continuó con su homenaje a la alineación del año pasado y dio paso a Coutinho, que mejora tanto a Sergi Roberto en el medio del campo como Sergi Roberto mejora a Semedo en el lateral derecho. El partido volvió a cambiar de deporte: de balonmano se pasó a frontón. D10S capitaneó (¡Oh Capitán Mi Capitán!) el ataque, ahora con más ayuda de Jordi Alba, Dembelé y Coutinho repartió juego, asistencias desaprovechadas, dio otro tiro al poste y marcó dos goles. Los debuts de los Arturos se podrían considerar testimoniales si no fuera porque volvieron a destapar el tic clementiano de Valverde: con 1-0 y una ocasión del Alavés, saltó a calentar primero Arturo Vidal. Cuestión de prioridades.

Por suerte para el Barça, Messi dejó claro quién es el mejor. Mejor dicho, quién es cada vez mejor. Al fútbol. Al balonmano. Al frontón. El deportista total. Ahora, cierren los ojos e imaginen a este Barça sin Messi. Terrible, ¿no?

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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