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Cine

Mi dualidad favorita

La favorita propone un estilo visual repleto de contrapicados y grandes angulares que, por mucho que se quiere exhibir el maravilloso trabajo escenográfico, acaba cansando.

Si es la primera vez que ves algo de Lanthimos, prepárate para salir un poco desconcertado. Es evidente que tiene un universo propio con demasiado moderneo para la mayoría pero es interesante ver cómo se disfraza con pelucas y corpiños nuestra actualidad.

La favorita nos sitúa a principios del siglo XVIII, en una Gran Bretaña en guerra con Francia donde la Reina Anne (Olivia Colman), enferma y con poco interés en gobernar, se deja manipular por su amante, la imponente duquesa Sarah (Rachel Weisz). Todo cambia cuando la empobrecida prima de Sarah, Abigail (Emma Stone), busca un lugar en la corte, donde paulatinamente va socavando el favor de la reina.

Dicho así, parecería una película realista de época, pero en un afán de ser modernos y rompedores, lo que vemos es una sucesión de rupturas con cualquier clase de realismo. Un estilo visual repleto de contrapicados y grandes angulares que, por mucho que se quiere exhibir el maravilloso trabajo escenográfico, acaba cansando. Sobretodo el ojo de pez. Nos queda claro que al director le gusta el ojo de pez. Mensaje recibido. O ese baile que podría haber sido ideado por el mismísimo Tarantino, totalmente incoherente con el tono general de la historia. Aunque sospecho que es la idea.

Sin embargo, la forma más interesante de ruptura es un cambio en los estándares de género que nos tiene acostumbrados el cine de época. La actitud regia y dominante de la Duquesa Sarah que se saca a su prima a cazar y a galopar, junto con esa relación lésbica piramidal con la reina y su prima resulta bastante chocante. Muy inesperado cuando el espectador se pone en “contexto siglo XVIII” y ve un planteamiento con retazos feministas en la que dos mujeres implacables luchan por el poder a cambio de sexo, ¿o tal vez algo de amor? No queda claro, lo que sí queda claro es la desolación de la reina por la pérdida de sus diecisiete hijos que decide suplir por diecisiete conejos. Más allá de la excentricidad, es muy interesante como Lanthimos pone de manifiesto el tema de la concepción como si de Lorca se tratase.

La iluminación con velas recuerda mucho al estilo de Stanley Kubrick, que ilustrado con la música de Bach, Messiaen y Vivaldi mantienen varios momentos suspendidos que son una delicia. Una verdadera sorpresa Olivia Colman que está espléndida en esa reina exhausta y enrabietada. Rachel Weisz y Emma Stone, excelentes como siempre. Con mucho futuro por delante. En definitiva, otra película que mereció más en los Oscars.

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

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