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Michael Jackson Forever
'Forever', en el Teatro Nuevo Apolo | @TEATROMADRID

Teatro

Michael Jackson es para siempre

Llegar a ser como Michael Jackson es imposible. Parecerse es un reto cuando menos arriesgado. Revivir su espíritu, igualmente difícil.

Llegar a ser como Michael Jackson es imposible. Parecerse es un reto cuando menos arriesgado. Revivir su espíritu, igualmente difícil. Forever logra teletransportarnos a ese sentimiento, único y especial, del artista total por excelencia. El rey del pop. El escenario era su casa. Allí era donde se sentía realmente seguro, alejado del mundanal ruido, sintiendo su música. Forever consigue aproximarse a su textura vocal, a su tonalidad, para ello ha necesitado hasta nueve voces. No hay mejor metáfora que esa, ni mejor homenaje: una sola voz, la de Michael, no se puede imitar. Desde luego que la suya es irrepetible, sus coreografías y su estilo también. Probablemente, no volvamos a ver a nadie con ese sentido del ritmo. Su música, sus bailes, su mensaje y su legado vivirán para siempre.

Por ese mismo motivo, el patio de butacas se llena de padres y madres que acuden acompañados de sus hijos, algunos de ellos vestidos con los atuendos con los que nos solía sorprender Michael en cada unos de sus conciertos. Yo recuerdo uno en el Carlos Tartiere, y eso que no asistí, ni siquiera era proyecto. Fue tres años antes de que yo naciera, pero me acuerdo de él. Uno de mis tíos, paralizado e hipnotizado, sin pestañear, había ido a verlo a Oviedo. Seguro que él podría hacer una descripción mucho más fidedigna de los hechos, la mía solo puede ser más melancólica. Desde luego que se puede tener nostalgia de algo que nunca ha sucedido (y envidia también).

Como a muchos niños que hoy veo entre el graderío (incluso en el escenario), nunca me hizo falta preguntar quién es Michael Jackson, antes de hacerlo ya me lo habían contado. Con mi tío lo había descubierto y con él también lo había despedido el 29 de junio de 2009. De alguna forma se había cerrado un círculo. Me quedé con las ganas de verlo regresar y triunfar en esa esperada macrogira llamada This is It, que finalmente acabó con su vida incluso antes de empezar. Pero los misterios (o no) de su muerte no eclipsan lo que supuso en vida. Forever recuerda la relevancia que tiene su obra no solo en el panorama musical, sino en el mundo actual.

Cuando los intérpretes de Michael Jackson aparecen en el escenario, una pila de recuerdos se viene a la cabeza. Aquel crío que intentaba imitarlo de manera incansable e inalcanzable. Chaquetas de cuero o con purpurina, camisetas blancas básicas, zapatos de charol, calcetines blancos, el guante sobre la mano derecha y el sombrero, propio de un mago. Incluso un poco de maquillaje. También chapas, muchas chapas sobre el abrigo. A veces, una mascarilla. Lo fundamental está presente en Forever.

Esta vez, no hubo ningún desmayo. Eran habituales en cada uno de sus recitales. Pero sí algún susto, con Thriller por lo menos. Forever se crece en los momentos grandes (la segunda mitad del musical), sube la adrenalina con las representaciones de clásicos como Smooth Criminal.

Tan solo hay dos lugares en los que se puede mantener vivo el recuerdo de una persona, esos son la cabeza y el corazón. Solo hay dos maneras de acordarse de alguien, dos maneras de enterrarlo: con tristeza o alegría. Forever apuesta por una fiesta sincera, sobre todo en la recta final del espectáculo, la más emotiva, que incluye una interpretación poética del mensaje comprometido de Michael Jackson para con la naturaleza y la igualdad de derechos.

Ante la pregunta de quién es Michael Jackson, solo puedo decir que es para siempre, de ahí a que sea admirado por varias generaciones. De ahí a que la pregunta deba hacerse en presente. Pero si tienen que preguntarlo, nunca lo sabrán. Lo suyo es escucharlo o verlo. Forever, hasta el 12 de agosto en el Teatro Nuevo Apolo, es una buena forma de acercarnos a él, de mantenerlo vivo en nuestra memoria.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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