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Estatua de Miguel de la Quadra Salcedo en la pista de la Ciudad Universitaria.

Atletismo

Con ustedes, Miguel de la Quadra-Salcedo

Una estatua en la pista de la Ciudad Universitaria nos recuerda a un personaje infinito en un sitio donde el atletismo regresa a los viejos tiempos. El 25 de mayo se realizará el segundo Memorial en su honor.

Para mí, es un sitio tan encantador que he aceptar que no soy neutral: que la neutralidad no existe. Pero estas son las cosas que pasan cuando uno se enamora de los sitios como esta pista de la Ciudad Universitaria en la que, desde hace un año, nos recibe un personaje infinito: Miguel de la Quadra-Salcedo (1932-2016). Una estatua suya nos mira a los ojos. Nos invita a arriesgarnos. Nos recuerda que el instinto de curiosidad es el mejor abogado y, por supuesto, nos impone respeto. A mí, personalmente, me da miedo imaginármela por las noches pues cualquiera sabe lo que pasará cuando cierran las puertas, cuando no queda nadie. Él siempre decía que «por las noches me da pena dormir», y es una de las cosas por las que uno también le recuerda a él, a Miguel de la Quadra-Salcedo, que fue un hombre especializado en desafiar a la vida, en enseñarnos el mundo, en llegar hasta donde no llegaba casi nadie. «Nos sobra todo», decía, «para ser feliz hace falta cada vez menos».

De ahí esa estatua, su estatua, con esa mirada aparentemente tan segura de sí misma. Inexplicable sin esos ojos con los que es como si el hombre te estuviese volviendo a decir que «límites no hay ninguno, porque lo que hemos hecho siempre ha sido descubrir cosas». De ahí el poder de esa estatua que también nos recuerda que la memoria es un acto de justicia y que hay gente que la utiliza con razón. Así lo hizo ese grupo de estadísticos, tan enamorados o más que Miguel de la Quadra-Salcedo del atletismo. Un día decidieron abrir una suscripción popular para homenajear a «alguien que nos enseñó el mundo». El proyecto llegó a la meta. Recaudó suficientes fondos para crear esta estatua en su honor y colocarla en el sitio exacto. A la entrada de la pista de la Ciudad Universitaria de Madrid cuyo piso sigue siendo de ceniza como en los años 50, cuando él entrenaba ahí. Lanzaba jabalina y, por lo visto, era un espectáculo. Llegó hasta los JJOO de Roma y, como solo podía ocurrir en esos años, se desplazó hasta allí en una Vespa.

Es posible que ustedes no sepan que Miguel de la Quadra-Salcedo fue atleta. También es posible que sea un personaje difícil de ubicar para las nuevas generaciones. Las modas son así. Pero ése es parte del trabajo de las estatuas, de sus silencios y de su manera de pensar. No usan las palabras, pero sí los recuerdos. De otro modo los recuerdos no tendrían ese poder. Tendríamos que buscar otra forma de inmortalizar a la gente que se lo merece. Sería más difícil demostrar que hay recuerdos destinados a eternizarse y seguramente el de Miguel de la Quadra-Salcedo sea uno de ellos. Demasiadas generaciones nos formamos escuchando su voz, aprendiendo de su bigote, arriesgándonos a su lado en sus aventuras por el mundo. Hasta sentimos que era un personaje como los de las películas, pero en la vida real. Qué poder de fascinación, de contar las cosas, de sacarle jugo a las palabras, a la cámara, a la vida.

En realidad, lo más importante que le distinguió de nosotros fue el instinto de curiosidad, de recorrer el mundo de cualquier manera; de meter la cabeza en todos los sitios y de explicar lo que veían sus ojos como si fuesen los nuestros. Así sucedió hasta qué fue posible. Murió en 2016, a los 84 años. La diferencia es que ese grupo de estadísticos no dejó morir su recuerdo que hoy perdura en esta vieja pista de atletismo que ahora parece un Museo al que le falta una o dos capas de pintura. Pero quizá ese abandono refuerza la imaginación de los tiempos en blanco y negro cuando esto era la Meca de nuestro atletismo. Qué tiempos. El 25 de mayo volveremos al pasado. Se realizará el II Memorial de atletismo Miguel De la Quadra-Salcedo y volverá a ser como abrir un libro de historia. Podrás estar tú y podré estar yo, nosotros. La estatua nos mirará y le devolveremos la mirada saltando, corriendo o lanzando. El motivo por el que 87 años después del nacimiento de este señor se celebra un día como este. Y volverá a ser grandioso. Y volveremos a entender que la imaginación es el cuarto poder.

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