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Miki Esparbé
Miki Esparbé estrena 'Las distancias' | MARCOS MARTÍN

Entrevistas

Miki Esparbé: “Tenemos mucho miedo, nos cuesta cada vez más relacionarnos”

Miki Esparbé estrena ‘Las distancias’, la última alegría del cine español: “Estamos orgullosos del fútbol que tenemos, de la cultura no tanto“.

El actor Miki Esparbé (Barcelona, 1983), hace siete años, tenía 27; ahora está a punto de cumplir los 35, los mismos que Comas, su personaje en Las distancias, de Elena Trapé. Siete años se tardó en escribir esta película, honesta, que trata cuantos temas puedan rondar la cabeza de una persona treintañera: el paso del tiempo, los deseos no cumplidos, la nostalgia, la decepción, la crisis vital o la fragilidad de las relaciones. A pesar de que las resacas no son las mismas que con veinte, Esparbé destapa los dramas de su generación con cierto optimismo, que para seria ya está la vida. No por hacerse mayor deja de pensar en crecer y en nutrirse, lo mismo le desea a su país: evolucionar, todavía quedan muchas historias por contar. Los relatos de una sociedad líquida, millenial para algunos, que pide paso, saltar del banquillo al equipo titular, como el cine, harto de ser el segundo plato para muchos —o el postre, o ni siquiera eso—, algo debe cambiar.

—El protagonista tiene 35 años, tú los cumples en breve.

—En octubre, ¡sí, señor!

—¿Tienes claro cuál es tu lugar en el mundo?

—(Risas) ¡Qué pregunta más complicada! Tengo la sensación de que estoy encaminado, pero esto va variando con los años. Es precisamente de lo que habla la peli. Las expectativas están bien hasta cierto punto: uno tiene que tocar el suelo con los pies, todo cambia en función del tiempo que pase y de la realidad que te encuentres. Estoy satisfecho del lugar donde estoy. Creo que, más o menos, las cosas van siguiendo su curso.

—¿Reflexionas normalmente sobre el tipo de persona en la que te has convertido?

—Claro. Está muy bien tener una referencia real sobre quién eras, a qué aspirabas, sobre dónde estás ahora y a dónde quieres llegar. Hacer esa reflexión permanentemente está bien y compartirla también porque te hace crecer. A nosotros nos toca demostrar, a veces, pero, sobre todo, mostrar. Si tú quieres crecer a nivel individual, te toca eso.

—Antes, se hablaba de la crisis de los 40, pero esa ha dado lugar a la de los 30. ¿Cuáles son las angustias de tu generación?

—Mi generación viene muy condicionada, como todas, de la de nuestros padres. A nosotros nos vendieron que lo que tocaba era estudiar y trabajar duro, así podríamos conseguir lo que quisiéramos. Pero cuando cumples todo eso, te das cuenta de que no todo es tan fácil. Las circunstancias varían porque el contexto es distinto, pero eso nos lo hemos tenido que comer. Te hablo no solo a nivel profesional, de trabajo, te hablo también de las relaciones, en las amorosas es muy fácil verlo. Nos vendieron que el matrimonio era para toda la vida, que todo estaba bien, que todo tiraba y, ahora mismo, estamos perdidos frente a eso. No sabemos ni siquiera cómo se hace para mantener una relación duradera. Somos los conejillos de indias de la generación que vendrá luego, que a su vez serán los de la siguiente. Cada vez estamos más expuestos a nivel de redes sociales, de relaciones líquidas, no todo es duradero, nos apetece cambiar permanentemente. Somos una generación que empezamos a convivir con la angustia de todo eso. Tenemos mucho miedo, nos cuesta cada vez más relacionarnos a nivel personal.

—Precisamente, tú has protagonizado muchos relatos sobre las relaciones de pareja. ¿Es posible el amor en tiempos de Instagram?

—(Risas) Sí, quiero confiar, lo que no sé es cómo. Creo en el amor porque siempre voy a creer en el amor. El amor es un motor potentísimo, si no, no conectaríamos. Sin embargo, tenemos que reencontrarnos con la idea de que las relaciones amorosas tienen sentido, que nuestras relaciones de amistad podamos cultivarlas, nutrirlas, mantenerlas de una forma sana sin depender tanto de la exposición. Es complicado vivir con eso, pero sí confío en el amor. Confío en que sabremos hacerlo, pero a la larga, ahora todavía estamos encontrando el lugar.

—¿La vida es más seria de lo que parece?

—La vida es seria, muy seria, pero el humor nos hace muy grandes, es así. El humor nos salva de todo. Se tiene que vivir la vida con seriedad y con humor, ese es el compendio en realidad.

—¿“Hacemos difícil lo fácil” es una frase de cara a la galería o un hecho?

—No no, es verdad. Nos complicamos la vida por norma. Lo complicado, en realidad, es hacer una valoración, tratar de coger distancia y perspectiva para relativizar. Para eso es muy importante la amistad, para poder llegar a una conclusión. Es tan difícil comértelo todo solo que lo mejor es compartirlo.

—Cuando vienen mal dadas, ¿desaparecer es la mejor opción?

—No. Comas, mi personaje, en realidad, huye porque no sabe hacerlo mejor, no sabe hacerlo de otra manera; aunque también se tiene que respetar el espacio individual de cada uno.

—El personaje de tu compañera Alexandra Jiménez está embarazada.

—Otro tema que afecta a mi generación.

—Efectivamente. Parece que a los treinta y pico o eres madre o ya no lo eres nunca, ¿pasa igual con los padres?

—No, está claro que, por una cuestión biológica, no nos afecta igual.

—Socialmente hablando.

—Tampoco, socialmente hablando está claro que les afecta a ellas. A una edad, supuestamente, tienes que encontrar a alguien, tener hijos y formar una familia. La presión que ellas viven es muy alta, es uno de los problemas de esta sociedad. No es solo el tener hijos, es con quién, cómo y con qué dinero; incluso ser madre solera es un problema. Hay un instinto de supervivencia ligado a una especie de necesidad biológica y de ganas de vivir algo que está ahí que es muy complicado de manejar.

—¿Las mujeres, catalanas para más inri, están cambiando el cine español?

—Es necesario que haya más cine dirigido por mujeres, lo tengo clarísimo. He tenido la suerte, y digo la suerte con mucha lástima porque no debería de ser así, de trabajar en tres películas dirigidas por mujeres. Debería de haber más, al menos, la paridad tendría que existir. Inevitablemente, nos mueven cosas distintas a nivel emocional. El punto de vista de ellas en según qué temas es distinto, necesitamos escucharlo, necesitamos su mirada permanentemente porque nos nutre en todos los aspectos.

—Si el año pasado la protagonista fue Carla Simón y “su verano”, este puede serlo Elena Trapé y “sus distancias”.

—Ojalá, pero son pelis muy distintas también.

—Hay sello de autor.

—Obvio, obvio. Son pelis que parten de una experiencia más o menos real. Son muy personales, indies, salidas de la misma escuela, la ESCAC, con un punto de vista muy particular. Son dos directoras que han hecho la película que querían hacer, que no es tan fácil a veces. Ojalá esta peli traiga muchas alegrías, de momento, salió del Festival de Málaga reforzada y llegar a las salas es un regalo tal y como está el panorama. No olvidemos que es un año en el que se estrenan más de 60 pelis en el próximo otoño. Ojalá sea una de las pelis del año, ojalá.

—Imagino que genera expectativas llegar a la temporada de premios habiendo recibido otros y cosechando buenas críticas.

—Con el tiempo, terminas relativizando, ves que lo mejor es no crearlas porque tampoco sirve de nada. Precisamente, estamos hablando de una peli que es la lucha entre las expectativas frente a la realidad. En este caso, pasa un poco lo mismo. Es una peli muy pequeña, estamos muy satisfechos con el camino que está haciendo, lo que llegue será un regalo.

—Solo un tercio de los cines ha repercutido la bajada del IVA en el precio de la entrada.

—Sí, lo vi, lo vi.

—Con lo difícil que es que se apruebe una rebaja fiscal…

—A ver, si en su día se anunció y se bajó el IVA, lo importante es que afecte a los espectadores. Creo que es el único mecanismo que tenemos hoy para acercar a la gente a los cines, digamos, a nivel comercial. Evidentemente, mecanismos tenemos mil, entre ellos, hacer buen cine, que es nuestra labor todo el rato. No podemos anunciar a bombo y platillo que va a bajar el IVA cultural y que no repercuta a los espectadores, que son, al fin y al cabo, los que tienen que invertir ese dinero en conocer nuestro trabajo.

—El público… ¿El fútbol y fechas como el Mundial son lo único capaz de unir a España; el cine y los Premios Goya no?

—El fútbol es una infraestructura gigante que genera mucho dinero y que le viene muy bien a nuestro Gobierno y a muchísimos otros, es así. En el caso del cine, debería de ser así. Hay países como Francia que apuestan por él y hacen del cine un valor al alza para que cualquier individuo se sienta orgulloso de su cultura; nosotros de eso estamos a años luz. Estamos orgullosos del fútbol que tenemos, pero de la cultura no tanto. Para eso necesitamos más facilidades de gestión, ayudas, limpiar la cara del futuro español en muchos aspectos. En los últimos años, se han destapado horrores relacionados con el sector que no ayudan, la gente cree muchas veces que hacer cine es una cosa de famoseo y que somos una panda de ricos. No va de eso, tenemos otro tipo de aspiraciones: contar historias, hacerlo de una forma honrada. Hay muchísimas personas que viven del cine y esperemos que haya muchísimas más en el futuro.

—¿Eso solo es culpa de la gente de arriba?

—No, yo no digo que sea culpa de unos o de otros, digo que nutrir la cultura de un país enriquece a un país, a eso me refiero. Ofrecer a las generaciones que vienen la posibilidad de que conozcan nuestro país a través del cine es una iniciativa que en otros países ha pasado y las consecuencias son muy beneficiosas. Te ponía el ejemplo de Francia, pero es que me parece muy interesante. Hay muchísima gente en Francia que acude a ver cine francés, de la misma manera que a nosotros nos llega muchísimo cine francés muy bueno.

—¿Por qué?

—Porque tienen la posibilidad de hacer muchísimo cine, eso no quiere decir que no se haga cine malo. Claro que se hace. Nosotros parece que tenemos la exigencia permanente de tener que hacer buenos productos porque no se hace buen cine español, eso es mentira. Necesitamos un abanico donde experimentar, necesitamos hacer pelis buenas y pelis malas, es una manera de crecer y de aprender. Pasa con las mujeres, como te decía antes: ¿por el simple hecho de que una mujer haga una película ya tiene que ser un peliculón? No. Merecen el espacio para investigar, para probar, un espacio que los hombres hemos tenido, ahora les toca a ellas.

—¿Podemos asociar a Miki Esparbé como el Marco Asensio o Isco del cine español?

—(Risas) A ver, explícate (más risas).

—La cara visible de una generación de actores y actrices que pide paso y quiere ocupar su lugar en la industria; o igual te consideras más un Busquets, un secundario de lujo contrastado que pasa más o menos desapercibido.

—(Risas) Yo aspiro y deseo estar de titular, estar en el banquillo está bien, pero un rato. Aspiro a ser titular porque creo que tengo historias que contar y me apetece. Eso no quiere decir que sea un chupón y que me quede con el balón, yo quiero compartir y jugar todo el rato. Sí creo tener la fortuna de pertenecer a una generación que, como te digo, tiene historias que contar y está preparada. Venimos de las tinieblas, no nos han regalado gran cosa. Hemos batallado para estar aquí, hemos llegado al sector con mucha hambre de contar buenas historias, con presupuestos altos y bajos, con lo que sea. Eso sí que caracteriza a mi generación.

—Lo que no os singulariza es que seáis ídolos de masas.

—Depende mucho de lo forofo que seas del cine. Los futbolistas son ídolos, precisamente, por la infraestructura que mueven, por el hype que se genera a su alrededor. Ya está bien que no sea así en cuanto al cine, ocupamos un espacio que merece más difusión y más relevancia. No olvidemos que nosotros hacemos un producto para ser visto, cuanta más exposición tenga, a más gente vamos a llegar, más reflexiones podremos sacar, eso generará en muchísima gente un espacio pequeño en su disco duro al que recurrir. A cuantas más personas llegue eso, más nos van a conocer.

—Es una pena que personas como Javier Bardem o Penélope Cruz, por citar a los dos actores más internacionales que tenemos, no marquen tendencia como sí lo hacen Sergio Ramos o Gerard Piqué.

—Lo hacen en parte, luego podríamos entrar en un debate extenso del fenómeno fascinante que es que algo de aquí que triunfa a nivel internacional tendemos luego nosotros a señalarlo con el dedo en vez de enriquecerlo y hacerlo crecer. Bardem o Penélope, y otros muchos grandes actores y actrices que igual no tienen su misma dimensión, no son estrellas de fútbol, pero tienen una repercusión internacional que, además, saben manejar muy bien y nos viene muy bien a nosotros.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista. Le tiene mucho respeto al crío que fue y no le piensa defraudar.

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