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Mark González marcó el gol del triunfo contra el Milan de Ancelotti. CORDON PRESS

Fútbol

Un Betis nuevo entre las dos visitas del Milán

Once años atrás, el Milán jugó contra el Betis en el Centenario del club verdiblanco. Entre esa visita y la última se ha transformado la realidad de la institución sevillana.

El año 2007 reflejaba una Sevilla más roja que nunca. Tanto en lo político como en lo futbolístico. El Sevilla conquistó el 16 de mayo su segunda Europa League, mientras que Alfredo Sánchez Monteseirín, exalcalde socialista, logró el día 27 de ese mismo mes su tercera victoria consecutiva en las elecciones municipales. Sin embargo, el verano cambió de color la ciudad por un día.

El 9 de agosto la alegría se trasladó a la Avenida de la Palmera. Aquel día, las lágrimas, los cánticos y las sonrisas desbordaron el barrio de Heliópolis. El Betis celebró en su estadio, por aquel entonces Manuel Ruiz de Lopera (hoy Benito Villamarín), el partido correspondiente al centenario del club. El Milán de Ancelotti, que acaba de ganar la Champions (la séptima del club), fue el invitado perfecto para el cumpleaños. Los béticos disfrutaron de una fiesta a la que asistieron los mejores DJ: Kaká, vigente ganador del Balón de Oro; Gattuso, que se sentó ayer en el banquillo; Aubameyang, que era canterano y estaba realizando la pretemporada con el primer equipo; Pirlo, Seedorf, Cafú… Un elenco de artistas que garantizó una actuación exquisita.

La felicidad fue cosa de una noche. El Betis ganó al Milán (1-0), sí. No obstante, desde aquel encuentro hasta el año pasado una fuerte tempestad irrumpió en Heliópolis. Y no porque se echase de menos la alegría que provocaba Joaquín, que hacía un año que había salido rumbo a Valencia, sino por la mala situación que durante muchos años atravesó el equipo: salvaciones in extremis, descensos y ascensos, concurso de acreedores, cambios de directiva… Aunque ya se sabe que la tormenta precede a la calma, esa que ahora sí parece instaurada en el Villamarín.

El encuentro frente al conjunto transalpino fue el último que se recuerda de Manuel Ruiz de Lopera en el palco del estadio. Aquel día de agosto de 2007, el entonces máximo accionista del club acudió al partido tras casi dos años (desde noviembre de 2005) sin aparecer por la grada del feudo verdiblanco. El cansancio comenzó a apoderarse de una afición verdiblanca que veía aumentada su ira contra el mandatario.

El equipo hispalense coqueteó con el descenso en 2007 y 2008. El precipicio acechaba y el Betis acabaría cayendo en 2009. Los béticos terminaron por estallar con una manifestación en la Avenida de la Constitución contra Lopera. La vuelta a la élite no pudo concretarse en el primer intento, en 2010; sí en el segundo, en 2011. En ese ascenso ya no estaba Lopera; le había vendido a Luis Oliver las acciones por 18 millones. Una venta que posteriormente la jueza, Mercedes Alaya, declaró como nula.

El ascenso asentó las bases de un equipo con dos cabezas visibles: Pepe Mel y Rubén Castro. La experiencia de ambos en la categoría de plata le permitió al Betis volver a su sitio, Primera. El retorno a la máxima división del balompié estuvo marcado por el concurso de acreedores que atravesó el club. Y por el cambio de nombre del estadio, que dejó atrás el de Ruiz de Lopera para volver a ser el Benito Villamarín.

Los estandartes de ese proyecto no se quedaron únicamente en devolver al equipo a la élite, sino que lograron que el club volviese a disputar la Europa League, en 2013. La jarana parecía haber regresado al Villamarín, pero fue un espejismo; al año siguiente, el Betis certificaba su vuelta a la Segunda División. La mala planificación acabó con un nuevo descenso, en el que fue el peor año del Betis en la categoría de oro. Y antes de que se confirmase terminó con la etapa de Mel al frente del equipo. Y provocó una crisis institucional que acabó con la dimisión del presidente, Miguel Guillén, y varios miembros del consejo. Tocaba remar de nuevo en Heliópolis.

El mejor “fichaje” en la vuelta a la categoría de plata fue Rubén Castro. Sin embargo, pese a la continuidad del canario, no comenzó bien el asalto a Primera. Los astros se alinearon contra el Betis. Los hispalenses tenían a su estrella, pero les faltaba un capitán que conociera al barco y a la tripulación. Ese era Mel. Tras la destitución de Julio Velázquez, el madrileño volvió a aparecer por Heliópolis en diciembre de 2014 para disfrazarse de Robin Hood y ser, nuevamente, el salvador de los béticos. Unos aficionados que seguían sin explicarse su destitución en 2013. Y que celebraron que Pepe les devolviese la llave del ascensor con destino al primer piso.

La segunda etapa de Mel apenas duró más de un año (13 meses), pues el entrenador fue cesado en enero de 2016. El club decidió que Juan Merino, técnico del filial, se haría cargo del equipo hasta final de temporada. El Betis evitó el descenso sin tener que apelar a la épica. Pero ya había aires de reconstrucción para el siguiente curso. Juan Carlos Ollero dejó la presidencia y aparecieron los actuales máximos mandatarios del club: Ángel Haro y José Miguel López Catalán.

La temporada 2016/2017 la comenzó Gustavo Poyet en el banquillo y la terminó Alexis Trujillo, previo paso de Víctor Sánchez del Amo. El estadio estaba en obras; el club, en negociaciones con Lopera. Institucionalmente, el Betis había recuperado la estabilidad, pero la guinda del pastel estaba en lo deportivo; la permanencia tardó en llegar ese curso. Y para perfilar ese aspecto llegó Lorenzo Serra Ferrer.

El momento decisivo llegó en el verano de 2017. Lopera y Luis Oliver cedieron. Los antiguos mandatarios del club vendieron su parte de las acciones del club a la Fundación del Real Betis, que decidió ponerlas a la venta para todos los béticos. Por fin acabó una época que comenzaba a asemejarse con la del Gobernador Campomayor. Los béticos dejaron atrás al que fue su faraón, pero que se convirtió en un tirano para ellos. Ahora quieren mantenerse despiertos, para no pensar que la salida de Lopera ha sido un sueño.

El exentrenador tenía un técnico en mente: Quique Setién. El cántabro esta vez no declinó la propuesta verdiblanca (lo había hecho en 2014 cuando estaba en el Lugo) y decidió subirse al tren con destino a Sevilla. Junto a su estilo innegociable, se ha ganado el cariño del Villamarín y ha provocado que los béticos se hayan tenido que renovar el pasaporte para poder viajar por Europa.

La llegada del técnico ha comportado que ciertos futbolistas, que hace unos años era impensable que viniesen al club, hayan decidido fichar por el Betis. Los Guardado, Bartra, Tello, Canales, Carvalho, Lo Celso… son ahora la bandera del beticismo. Unos béticos que no han dejado atrás su rivalidad con los vecinos, ya que se han dado cuenta de que pueden “tirarle” piedras porque su tejado ha dejado de ser de cristal. De lo que se han olvidado es del conformismo, puesto que ahora el bético exige más que nunca. Y Setién lo sabe, por más que pida paciencia. En esta ocasión sí que debe fijarse en su homólogo, Simeone: “Hay que ir despacio, que no lento”.

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