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Álex Fernández, ante el Mirandés. @AlexFdez8

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Delitos y faltas

Como las crónicas deportivas no tienen parentesco con los relatos de ficción adelantaré el final: al igual que la jornada anterior, el Cádiz se hizo con la victoria, no sin dificultades.

Pocas veces nos es dado el regalo de presenciar dos semanas consecutivas partidos prácticamente calcados, al menos en sus circunstancias fundamentales. La pasada semana el Cádiz tuvo la suerte de ver como su rival se quedaba con un jugador menos alrededor del minuto veinte tras la expulsión de Ríos Reina. Hoy, en el hasta ahora fatídico Anduva de Miranda de Ebro, el Cádiz ha tenido la suerte de ver cómo su rival se quedaba con un jugador menos alrededor del minuto veinte tras la expulsión de Álvaro Rey (parece advertirse un cierto desapego a la monarquía por parte de los trencillas que nos caen en suerte).

Y es que la modificación del reglamento ha convertido en delito lo que antes era una falta (o, a lo más, una amonestación). Y me temo que hasta que los jugadores interioricen esta modificación de su código penal, muchos acabarán con sus huesos en la ducha antes de tiempo.

Como las crónicas deportivas no tienen parentesco con los relatos de ficción adelantaré el final: al igual que la jornada anterior, el equipo amarillo se hizo con la victoria, no sin dificultades. El caso es que el encuentro, en sus primeros compases, estaba transcurriendo de manera nivelada conforme al guion previsto. Los burgaleses trataban al balón de usted mientras que los gaditanos presionaban, robaban, corrían. Y ambos hacían bien lo suyo, tal vez el Cádiz un poquito mejor.

Aunque las ocasiones se cotizaban a precio de bitcoin, Alberto Perea (más fluido hoy que contra la Ponferradina) tuvo una ocasión pintiparada que desperdició por un palmo. En la siguiente jugada ocurrió la expulsión que tuvo una consecuencia inmediata: las dos escuadras cambiaron sus papeles. Conscientes de su inferioridad, los locales cedieron césped y esférico. Por consiguiente, los andaluces se vieron obligados a llevar la iniciativa del baile y, poco acostumbrados, pisaron con cierta frecuencia los pies de la chica.

Durante la segunda mitad del primer tiempo, el choque dormitaba en tierra de nadie, como gravitando en una cápsula espacial. La posesión era amarilla, sí, pero faltaba claridad y filo. Apenas alguna intentona de Salvi (trabajador y atinado) y un disparo lejano de Espino que llevarse a la libreta. En el descanso, Cervera quiso seguir con el juego de espejos: sentó a Garrido para dar paso a un atacante (Nano Mesa, en esta ocasión) y el cambio le sentó bien al equipo. Álex pasó al doble pivote y la circulación ganó en velocidad y precisión. Salvi ampliaba el campo por la derecha, Perea aportaba calidad por la izquierda.

Las ocasiones –de intensidad media- comenzaron a sucederse hasta que en el minuto 61 los dos nombres antes citados se conjugaron para marcar el primer gol. El sanluqueño superó a su par en velocidad y sacó un centro hiriente. Limones apenas pudo acertar a despejar blandamente con la punta de sus dedos, dejando el balón muerto a los pies de Perea, que solo en el centro del área, remachó a la red.

Como suele ocurrir en estas ocasiones, el gol tuvo un efecto catártico en los locales (de perdidos al río, podríamos resumir). Iraola puso en liza a Ohemeng, un extremo hiperactivo que protagonizó algunas acciones de mérito. Sea por conservar el botín, sea por cansancio, el Cádiz dio un paso atrás y el balón rondó su área. En uno de estos acercamientos, sin peligro ni infracción aparente, el colegiado Galech Apezteguía señaló una falta que terminó con Cifuentes sacando el balón de la red, tras un previo rebote en la barrera.

Empatar contra un recién ascendido que había jugado con diez setenta minutos no era una buena noticia y los amarillos dieron un último arreón. En un balón dividido, Nano Mesa se adelantó a su par que lo derribó con tanta claridad como poca intención. El penalti lo ejecutó Álex con frialdad y el dos a uno definitivo subió al marcador del Anduva, que dejó así de ser un estadio maldito para los gaditanos.

Los de Cervera dormirán líderes; tal vez sueñen con una repetición infinita de los dos primeros partidos.

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