¡Síguenos!
Mirotic, con los Bulls, defendido por Ilyasova.

Baloncesto

Réquiem por Nikola Mirotic

Y me bendijo a mi mare;
y me bendijo a mi mare.
Diez séntimos le di a un pobre
y me bendijo a mi mare.
¡Ay! qué limosna tan chiquita,
qué recompensa tan grande.
¡Qué limosna tan chiquita,
qué recompensa tan grande!»

¿A dónde vas tan deprisa
sin desirme ni ¡con Dió!?
Me puedes mirá de frente,
que estoy enterao de tó.

Me lo contaron ayer
las lenguas de doble filo,
que te casaste hase un mé
y me quedé tan tranquilo.

Otro cualquiera en mi caso,
se hubiera echao a llorá,
yo, crusándome de brasos
dije que me daba iguá.
Y ná de pegarme un tiro
ni liarme a mardisiones
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus barcones.
¿Que t’has casao? ¡Buena suerte!

Vive sien años contenta
y a la hora de la muerte,
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los artares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi mare
que no te guardo rencor.
Porque sin sé tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
yo fui quien más t’ha querío,
con eso tengo bastante.

(…)

Mas como es rico tu dueño,
te vendo esta profesía:
tú, por la noche, entre sueños
soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que mi boca te besó
y te llamarás “¡cobarde!”
como te lo llamo yo.

Y verás, sueña que sueña,
que me morí siendo chico
y se llevó la sigüeña
mi corasón en su pico.

Pensarás: “no es sierto ná,
yo sé que lo estoy soñando”;
pero allá en la madrugá
te despertarás llorando,
por el que no es tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querío.
Con eso tengo bastante.


Extracto de la “Profecía”
Rafael de León

Las despedidas suelen ser tiempo de pesadumbre, de melancolía, más si cabe cuando van acompañadas del calificativo “para siempre”. Dicen los que saben de psicología que ante una despedida uno debe sobreponerse a cinco etapas para superar la pérdida: la negación, la ira, la negociación, el duelo o depresión y la aceptación.

La pérdida de papá no por esperada dejó de ser dolorosa, pero las etapas de reconciliación con la vida discurrieron en un visto y no visto, sin tiempo a penas para el lamento, quién sabe si debido a que, tal vez, su marcha fue un alivio, no en vano el alzheimer se lo había llevado ya mucho tiempo atrás. La de mamá en cambio fue terrible, por inesperada, y por ello costó muchísimo más superar cada una de las etapas. Entró en el hospital un 23 de diciembre con un principio de neumonía y el 6 de enero, cuando ya los tres Reyes Magos hubieron finalizado de repartir los regalos a todos los niños sobre la faz de la Tierra, acudieron raudos a adorar al Mesías llevándole oro, incienso y mirra y el mejor regalo posible para el niño Jesús: el alma de quién seguramente más le hubo venerado en vida. En todo caso, superadas todas las etapas con mayor o menor esfuerzo, echando la vista atrás y mirando hoy su retrato, no puedo más que sentirme tremendamente feliz de que ellos fueran mis padres. Si la reencarnación existiese y pudiera elegir, los elegiría de nuevo a ellos. Lo que soy, para bien o para mal, es mitad la herencia de su genética, mitad el molde que ellos labraron en mi educación, día a día, como abnegados artesanos con esfuerzo y sacrificio.

En asuntos de pérdidas, el que ha sufrido una pérdida de dimensión colosal en la última semana ha sido el madridismo. Al principio nadie creyó que Nikola Mirotic, jugador notable en la más prestigiosa competición de baloncesto a nivel mundial, fuese a recalar en el FC Barcelona. Luego vino la ira, la frustración, la rabia, el resentimiento; hacia el propio jugador y hacia todos aquellos que, supuestamente, no habían hecho lo suficiente para evitar tal desastre. Más tarde empezamos a preguntarnos si nosotros, como madridistas, habíamos hecho lo suficiente ¿Qué error cometimos para ver como uno de nuestros hijos nos abandonaba sin el menor atisbo de duda? Hasta que, una vez confirmada la noticia por los actores principales, caímos estupefactos sumidos en un profundo pesar, como si, de repente, ese madridismo que creíamos inexpugnable se hubiera venido abajo cual castillo de naipes al viento crepuscular.

Lo cierto es que nadie, salvo el propio Niko, sabe a ciencia cierta las razones que le han llevado a tomar esa decisión. ¿Motivos deportivos? No lo parece ¿Quién en su sano juicio se bajaría de la élite que supone ser un jugador importante de la NBA? ¿Motivos económicos? Tampoco hace el peso ¿Perder dinero, mucho dinero, por volver a Europa? Bah, paparruchas ¿Motivos personales? Tal vez; pero entonces… ¿por qué venderse al mejor postor si en principio el motivo económico no era primordial? Tenía varias opciones sobre la mesa como para tomar la que más daño haría al madridismo.

¿Motivos extradeportivos? Pues igual tiene algo que ver con su salida del Real Madrid y su “supuesta” extinta relación con Pablo Laso, Florentino Pérez e incluso Llull o Rudy; aunque si este fuera el caso, no le arriendo la ganancia. No considero que sea buena manera de ir por la vida actuando desde el despecho o la revancha. No obstante, si este fuera el motivo, su error hubiera sido mayúsculo. Personificar el madridismo en Pablo Laso, Florentino, Llull o Rudy, actores que están de paso, es de no saber en qué casa se ha criado; los hombres pasan, el sentimiento (madridista) es eterno. En cualquier caso, no es necesario perder el tiempo rascando en el boleto de su decisión con objeto de encontrar el premio y descubrir con estupor un trasfondo un tanto reprochable. ¿Para qué afearle su conducta si ha sido él mismo quién se ha faltado al respeto? Si no es sano hozar en las propias miserias, menos aún es hacerlo en las ajenas.

Al principio, cuando recibí los primeros signos de distanciamiento, pensé que solo eran paranoias mías. Luego lo vi más claro y te hice de menos cuando consideraste dar por finalizada la relación: ¿Dónde irá sin mí?, pensaba ingenuamente, como si yo fuera el Alfa y Omega, principio y fin de todas las cosas. Consumada la separación tuve la duda de si había hecho lo correcto: tal vez no debí de hacer esto o decir aquello; todo sentimiento de culpa era poco. Fueron muchos días de pesar, infinitas noches en vela y madrugadas de llanto; pero no hay mal que cien años dure, ni tormenta que no escampe. Así que no fui capaz de aceptar mi nuevo estatus hasta el día en que al encontrarte por la calle confundiste mi nombre con el de un viejo amor (¿o tal vez era nuevo?). Entonces constaté que, como en el cuento de Michael Ende, la nada, en forma de oscura noche, había cubierto los pocos recuerdos que aún tuvieras de mí; como si nunca hubiera existido, como si nunca me hubieras amado, porque, tristemente, tal vez nunca me amaste.

Niko, ¿por qué nos juraste amor si no había de ser eterno? Amar significa no tener que decir nunca lo siento, le susurra entre sollozos Jenny a Oliver. El duelo parecía que iba a ser insondable, infinito, eterno; pero, afortunadamente, la recepción en tu nueva casa trajo al madridismo un regalo en forma de desatino que ayudará a aceptar la realidad de tu pérdida, no sin mucho esfuerzo, pero con el orgullo de saber que, sin tan siquiera ser tu hermano, ni tu padre, ni tu madre, el madridismo es quién más te ha querido… Y con eso tenemos bastante.

Buen viaje y buena suerte en esta tu nueva etapa, Nikola Karabatic … ¿o era Nikola Mirotic?

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Baloncesto

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies