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Luka Modric con el Balón de Oro I Foto Twitter @francefootball

Real Madrid

Modric, el Balón es suyo

Modric engrandece su trayectoria casi en el tiempo de descuento. No arriesgo mucho si apuesto por que Cristiano y Messi volverán a ganar el Balón de Oro.

De un tiempo a esta parte, el Balón de Oro ha sido utilizado por aficionados (sector beligerante) y clubes (departamento de propaganda) para reinvindicar algo que podríamos denominar como “el orgullo nacional”, un sentimiento de pertenencia bastante primitivo que se alimenta del enfrentamiento con el enemigo. Si se ha otorgado al Balón de Oro consideración de título no oficial, es porque la batalla en el campo y en las tertulias suele ser tan reñida que se resuelve con decimales. Hablo de aficionados y clubes en modo genérico, pero sería bueno precisar. Como es obvio, me refiero al Real Madrid y al Barcelona, entidades que acaparan los doce últimos balones de oro; también señalo a una parte de sus hinchadas, e incluyo a los tertulianos y a ciertos opinadores con y sin megáfono.

Nada se contagia tan pronto como un mal hábito. Lo que históricamente había sido un enfrentamiento nacional, se ha convertido en los últimos años en un bipartidismo sin fronteras que ha afectado a la elección del Balón de Oro. Al escasear los observadores neutrales, el premio ha sido durante una década una prórroga sobre alfombra roja que han jugado por delegación Cristiano Ronaldo y Messi. Sospecho que, demasiadas veces, la militancia de los votantes ha sido más determinante que los méritos de cada cual. De ahí las discusiones bizantinas para responder a una pregunta básica: ¿Quién ha sido el mejor futbolista de la temporada?

Que Luka Modric rompa con la hegemonía de Cristiano y Messi en el reparto de condecoraciones debería tener un efecto purificador; el concurso se abre, por fin, a los mortales. Sin embargo, las sospechas no cesan. Hay quien piensa que el Real Madrid ha hecho valer a su candidato, al tiempo que ha eliminado de la terna final a Cristiano Ronaldo para castigar su deserción a la Juventus. La conspiración resulta excesiva. En caso de poder dirigir los resultados, lo lógico es pensar que France Football hubiera apostado por Griezmann, delantero de la Francia campeona del mundo, además de ganador de la Europa League con el Atlético. Había motivos para entregarle la estatua de oro.

Sin entrar en la enumeración de merecimientos, la purificación sí se ha producido. Sólo hacía falta una excusa para cambiar la dieta y el premio a Modric supone el reconocimiento de un fútbol más conceptual y menos estruendoso. Era necesario que recordáramos que los goles no son la medida del talento. No es casualidad que Messi votara por Modric en el premio The Best, por delante de Mbappé y Cristiano. Es la demostración de que el complot no existe y el buen gusto sí.

Reconocer a Modric a los 33 años engrandece su trayectoria casi en el tiempo de descuento. Los demás candidatos dispondrán de nuevas oportunidades, aunque tampoco serán demasiadas. No arriesgo mucho si apuesto por que Cristiano y Messi volverán a ganar el Balón de Oro, seguramente el año que entra y quién sabe si el posterior; añadan luego algún premio nostálgico. Ese dominio, ahora interrumpido momentáneamente, amenaza las aspiraciones doradas de futbolistas como Neymar (26) o Griezmann (27), por no mencionar a Bale (29).

No sé contestar si Modric hubiera ganado en caso de no jugar en el Real Madrid, aunque hay quien se lo pregunta. La suposición es válida dialécticamente, pero perversa desde el punto de vista deportivo: en tal caso no habría ganado la Champions y quiero pensar que la Copa de Europa sigue siendo un trofeo importante.

Mi consejo es no perder el tiempo con esas cábalas. Ni con los premios, al menos con los del fútbol. No funcionan porque una de mayoría de los futbolistas se sienten por encima de las distinciones, del mismo modo que se creen por encima de los clubes. Por eso algunos se ausentan de las ceremonias, aunque no toquen el clarinete.

Lo único eterno del Balón de Oro es la foto. Pero no vale tanto como la del jugador que levanta una copa, nada en comparación con el futbolista que, muchos años después, y sin acumular premios, consigue sobrevivir al olvido. Eso sí es oro.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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