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Fútbol

Con Monchi no se juega

Y como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, al Barça le tocó encontrase frente a quien le dio tres puñaladas hace apenas unos meses.

Lejos quedan esas pretemporadas culés a finales de los 80 y principios de los 90 en Holanda jugando contra sparrings de segunda y tercera categoría en horario de siesta, compitiendo con el Tour y que, a veces, venían salpicados con escándalos y líos de faldas en hoteles de Papendal. Pero la globalización ya está aquí para quedarse y obliga a Daimielear para ver los primeros bocetos de la nueva temporada blaugrana.

Una globalización y un marketing que no permite estirar las piernas contra Scheveningens, Oostzans o Volendams de la vida, a quienes golear sin bajarse del autobús: ahora se empieza directamente contra equipos de Champions. Y como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, al Barça le tocó encontrase frente a quien le dio tres puñaladas hace apenas unos meses. ¿Casualidad? No existen. Para mí es la forma más sutil que encontró la directiva de indicarle a Valverde que el doblete de su primera temporada estuvo muy opacado por la caída de Roma.

En lo futbolístico, por juego y ocasiones, el partido fue similar al que se vio frente al Tottenham: las pocas conclusiones que uno puede sacar en estos partidos se restringen a 45-60 minutos, donde juega un once medianamente reconocible y en el que uno piensa que ciertos jugadores podrán tener hueco en alguna alineación de gala. Pocos, todo hay que decirlo. Los Lenglet, Sergi Roberto, Rafinha y Arthur pueden ser un buen fondo de armario para una temporada que nuevamente se avecina larga, pero están (muy) lejos aún de ser primeros espadas. En este segundo grupo, aspira a colarse Malcom, lo más rescatable de la madrugada: nada mejor que unas descargas eléctricas para no dormirse.

Además de Malcom, una buena circulación de balón y presión adelantada, argumentos suficientes para haber devuelto aquel infausto 3-0. Porque la Roma, que lucía bastantes más titulares dado que casi ninguno de sus jugadores disputó el Mundial, apenas hizo acto de presencia en la primera parte. Tan sólo lo hizo para recordarnos que su crack sigue estando en los despachos: tras la jugada de extremo puro del imberbe Justin Kluivert (apenas costó 17 millones) que dio lugar al empate con el que terminó la primera parte, Monchi ya estaba escribiendo un cero a la derecha del futuro precio de venta.

La segunda parte duró apenas 15 minutos. Al gol de Malcom, para corroborar su buena actuación, le siguió el habitual carrusel de cambios que nos teletransportó nuevamente a aquellas pretemporadas holandesas. Con una diferencia importante: esta vez el sparring fue la chavalería del Barça. Los Collado, Cuenca, Palencia y Riqui Puig fueron carne de cañón frente a la artillería pesada que sacó la Roma. El ensañamiento de los Perotti, Pastore, Kolarov o Fazio con los juveniles recordaba a aquellos partidos del patio del colegio entre clases con 3 o 4 años de diferencia. En 9 minutos, le hicieron a los chavales, lo mismo que en 90 a los mayores: 3-0. ¿Ordenes de Monchi por la afrenta de Malcom? No es descartable.

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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