El Monza de Berlusconi, un equipo hecho a su imagen y semejanza | Fútbol | A la Contra
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Berlusconi y Galliani han regresado al fútbol con la compra del Monza. / Foto: ZUMAPRESS.com/Cordon Press

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El Monza de Berlusconi, un equipo hecho a su imagen y semejanza

El humilde Monza 1912 de la Serie C, recién comprado por Berlusconi, va a realizar una serie de cambios inauditos para adaptarse a los deseos de su nuevo propietario

Silvio Berlusconi, 82 años, está de vuelta en el fútbol y viene con la intención de cargárselo todo. El multimillonario empresario italiano, entre otras muchas cosas, pretende convertirse a sus 82 años, después de una vida digna de película, en el nuevo estandarte de la lucha contra el fútbol moderno. A finales de septiembre, compró el Monza 1912, de la Serie C, y sus primeras intenciones con el humilde conjunto lombardo van mucho más allá de lo deportivo.

En Monza, el ex Cavaliere quiere moldear un equipo a su imagen y semejanza. En primer lugar, para vestir estos colores tendrás que ser italiano. Si Messi, Cristiano o Neymar se ofrecen a jugar para el Monza, Berlusconi los rechazará a todos por no haber nacido en Italia. Es más, si llevas barba, piercings o tatuajes, ya puedes ser el militante más acérrimo de Forza Italia, que el ex presidente del Milán te rechazará sin importar lo que ponga en tu documento de identidad. Lo de los piercings y la barba tiene fácil solución, de hecho, según reconoció el propio Berlusconi en un acto de su partido, ya dispone de un peluquero dispuesto a “cortarles el pelo gratis” a los jugadores. Lo de los tatuajes, de primeras, suena bastante más complicado… y doloroso.

Evidentemente, en este equipo no está admitido vestirse con excentricidades. Hay que ir a la moda, y si se preguntan cómo se hace eso, la respuesta pasa por seguir todos los pasos anteriores, que no dejan de ser, en palabras de Berlusconi, un ejercicio de “sobriedad”. Por cierto, eso de firmar un autógrafo con un garabato cualquiera se ha terminado. A partir de ahora, a los aficionados del Monza se les “firmará con nombre y apellidos”.

Aunque no todo iban a ser cambios estéticos. Además, en el campo los futbolistas tendrán que comportarse como auténticos caballeros. Perder los nervios e increpar a un árbitro o jugador del equipo rival va contra las normas del club. “Cada vez que hagan una falta, pedirán disculpas al adversario. Al árbitro le tratarán como a un caballero”, reconoció el nuevo propietario. La edad también jugará un rol fundamental en este nuevo Monza, puesto que se confeccionará “una plantilla muy joven”.

Nadie dijo que jugar a las órdenes de Berlusconi fuera sencillo. Bajo estos dos parámetros: ser joven e italiano, hay dos futbolistas del primer equipo que, sin tener en cuenta su talento individual sobre el césped, tienen todas las papeletas para quedarse fuera del proyecto: el extremo brasileño Reginaldo Ferreira, de 35 años, y el centrocampista Otele Nnanga, que tiene 18 años pero es francés de origen camerunés.

Hace apenas diez días, se oficializó la compra del 100% de las acciones del Monza a través de la empresa Fininvest, propiedad de Berlusconi. Con este movimiento, se confirma el regreso del ex Cavaliere al mundo del fútbol después de que el año pasado vendiese el Milán a un holding chino por 740 millones de euros. En San Siro, la propiedad asiática aguantó menos de un año y sobre el cabecilla de la operación, Yonhong Li, pesa una investigación por supuestas prácticas fraudulentas en la compra del club, además de una acusación del New York Times por falsedad de identidad y, por si fuera poco, la bancarrota.

Esta inestabilidad rossoneri choca frontalmente con los 31 años que Berlusconi aguantó al frente del equipo. En ese tiempo, el Milán pasó de los números rojos y de una crisis bancaria sin precedentes a convertirse en uno de los grandes ogros del fútbol europeo. En tres décadas, los tifosi milanistas celebraron 29 títulos entre los que se incluyen ocho Scudetti y cinco Champions. Los problemas económicos y la falta de previsión de una dirección deportiva que no tuvo en cuenta que hasta las leyendas cumplen años, dieron lugar a un declive del que los rossoneri todavía intentan escapar y que obligó al eterno mandatario a poner en venta el club de su corazón.

Ahora, Berlusconi está de vuelta en los terrenos de juego con su mano derecha, Adriano Galliani. Los constructores de la edad de oro del Milán llegan al humilde Monza, de la tercera división italiana, cuyo principal logro fue militar en la Serie A durante la década de los 70. Este nuevo comienzo será muy especial para Galliani, que nació en Monza y dio sus primeros pasos en el mundo del fútbol, en 1984, siendo vicepresidente del club de su ciudad. Dos años después, dio el salto al Milán, el gran equipo de la región de Lombardía junto al Inter. Después de toda una vida en uno de los conjuntos más importantes de Europa, el hombre que negoció por algunos de los mejores jugadores del planeta ha regresado a sus orígenes.

Regresar a los orígenes es precisamente el objetivo que se ha marcado Silvio Berlusconi con este proyecto. El Monza no aspira a ganar cinco Champions como el Milán, sino que es un intento nostálgico por reconstruir los recuerdos de una de las figuras más poderosas e influyentes de la historia reciente de Italia. Los de un multimillonario que, antes de saltar a la fama, fue un tifosi más de los muchos que crecieron viendo equipos conformados por once italianos jóvenes y caballerosos. El nuevo Monza 1912 es el ideal de club que Berlusconi ha visto que era imposible de desarrollar en el fútbol moderno que domina nuestros días.

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