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¿Qué hay de nuevo, Mou?

Esta noche volveremos a vernos de frente con Mourinho en el United-Valencia. Pero el viejo rey de la selva ya no asusta, ni ladra, ni muerde. Ni siquiera gana.

Que el personaje devora a la persona es algo que está bien documentado. Ningún caso como el Johnny Weismuller, que gritaba como Tarzán por los pasillos del asilo (imagen poética, sea verdad o leyenda). A Mourinho, salvando las selváticas distancias, le ha ocurrido lo mismo. En origen, su mal humor tenía sentido. Primero fue un escudo para protegerse; recuerden que se presentó al mundo como el Crispín de Bobby Robson. Luego le sirvió para ganar autoridad; si ladras, te temen. Al tiempo, fue una estrategia que tuvo como objetivo atraer la atención hacia su persona y liberar a los jugadores de la presión ambiental. Si fingía una ofensa permanente, es porque ayudaba a sus intereses señalar un enemigo exterior. Si se declaraba especial sin caer en el sonrojo es porque hay ensoñaciones que algunos toman por certezas a fuerza de repetirlas. Mourinho encontró justificaciones para todo, incluida su mala educación, conozco tipos similares; piensan que si no fuera por su cólera el mundo se disolvería en la molicie y en la felicidad. Como tantas veces, el problema sobreviene cuando el personaje toma el control. Hay un chiste que lo ilustra:

—“Soy Napoleón”, declaró un loco.
—¿Cómo lo sabes?, le preguntó otro.
—“Me lo dijo Dios”, respondió el primero.
—“Mentira, yo no te dije nada”.

Desde hace algún tiempo, Mourinho es una caricatura de sí mismo. Nadie se ofende porque nadie se lo toma en serio. Sus declaraciones más altisonantes son breves noticias a pie de página. Hasta sus fieles parecen en desbandada. Y fueron legión. Cuando fichó por el Real Madrid, el madridismo más nacionalista lo proclamó líder de su causa. Mourinho odiaba a la prensa, a los falsos madridistas y combatía una conspiración judeo-masónica contra su persona y el club. La analogía se entiende sin ser licenciado en historia. Triunfó un cántico en el Bernabéu: “Marca y AS, cámara de gas”. Una pancarta alejada del sector ultra nos demostró que los radicales no eran los únicos que respaldaban al teniente coronel: “Tu dedo nos señala el camino”. Se había declarado la guerra.

Mantengo que Mourinho es lo peor que le ha pasado al Real Madrid en los últimos años, no sabría ajustar el plazo temporal, quizá la última década o tal vez más allá. Y no lo digo por su aportación deportiva, estimable por el espíritu competitivo que dejó (no tanto por los títulos), ni siquiera me refiero al deterioro de la imagen del club. Hablo de la división social que promovió o ayudó a promover. Casillas fue la víctima más evidente.

Mourinho regresó a Inglaterra para ganar otra Liga con el Chelsea porque su capacidad como entrenador no está en cuestión. Es la efectividad de su discurso es la que pierde cada vez más fuerza. Nunca podrá perdurar en un club como Ferguson o Wenger (o como el Cholo) porque no hay entorno que lo soporte, empezando por los propios futbolistas. Su manera de dirigir y relacionarse es asfixiante y conspirativa, sofisticada en algunas ocasiones, pero de un populismo caribeño en muchas otras.

El caso es que hasta un club tan impersonal como el actual United empieza a estar cansado de él. En los primeros nueve partidos de la presente temporada, el Manchester ha ganado cuatro partidos, ha perdido tres y ha empatado dos. Ya ha sido eliminado de la Copa y en Liga marcha a nueve puntos del City. Sí, el City de Guardiola, porque el destino, que es aún más perverso que Mou, ha querido que coincidan los antagonistas en la misma ciudad para que la comparación sea permanente.

Todo se repite. En su afán por señalar culpables, Mourinho ha apuntado ahora contra Paul Pogba. La acusación es sutil, aunque cargada de pólvora. “Nadie puede ser más grande que el Manchester United”, ha dicho. Sin embargo, ya no encuentra quien le compre la conspiración. Dimitar Berbatov, exdelantero del United y ahora comentarista para una casa de apuestas, ha declarado: “El fútbol debería tratar sobre lo que ocurre en el campo, no sobre quién la tiene más grande”.

El rumor de una destitución planea sobre Old Trafford (suena Zidane, otro antagonista) y aumentará si el United no es capaz de ganar al Valencia esta noche. Ya son demasiadas las frustraciones en Champions: en las últimas seis temporadas, el club solo ha pisado los cuartos de final en una ocasión (2014). La suerte de Mou (siempre la tuvo) es que los propietarios del United están más interesados en el dinero que en los títulos y Ed Woodward, el vicepresidente ejecutivo, tampoco parece preocupado por otros asuntos. Falta Ferguson, concluyen la mayor parte de los analistas, “el hombre al que todos rendían cuentas, al menos a este lado del Atlántico”, escribe Paul Wilson en The Guardian.

Esta noche, los españoles volveremos a vernos con Mourinho y el reencuentro apetece, pero no por el deseo de venganza, ni siquiera por el morbo. Solo por la diversión. Por escuchar al viejo Tarzán gritando por los pasillos del United.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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