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Atletismo

«Me arriesgué a morir a los 17 años, pero valió la pena»

Ahmed Moujane llegó entre las ruedas de un camión a Bilbao, la ciudad de sus sueños. Tenía 17 años. Hoy, ocho años después, cuenta con un trabajo fijo y posibilidades de alcanzar la élite del atletismo.

Nació en Tnjhir, al pie de las montañas del Atlas en Marruecos. Tiene 25 años y hoy podría ser uno más. Pero me parece que no es uno más. En la adolescencia Ahmed Moujane escuchó hablar a otros jóvenes en su pueblo de una ciudad española: Bilbao. Le decían que era la ciudad del futuro en la que había enormes facilidades y que había que arriesgar para ir a buscarlas. Ahmed se dejó fascinar por esa idea hasta el punto de que un día se montó en los bajos de un camión que trasladaba verdura y fruta desde Tánger a Algeciras y, como recuerda hoy, a los 25 años, jugó «a vida o muerte». «Me podía haber caído y me hubieran atropellado. Me arriesgué a morir, porque iba entre las mismas ruedas del camión. Solo sé yo lo que pasé allí dentro. También me podían haber visto y no sé lo que hubiera sido de mí. Pero no me vieron durante todas esas horas. Tuve esa suerte. Supongo que fue un milagro».

Ahmed llegó a Algeciras, donde tuvo una suerte inmensa. «No sabía el idioma. No sabía nada. Pero me encontré a una mujer marroquí y la pedí que me llevase hasta la estación de autobuses. Y no solo me llevó, sino que me pagó el billete y me dejó cinco euros para que tuviese para comer algo durante el viaje». Un viaje de una punta a otra del país en el que, una vez que Ahmed llegó a Bilbao, lo primero que hizo fue ir «a una comisaría de policía para que me llevasen a un centro de menores». Y volvió a tener suerte. «Me llevaron al de Basauri, donde estuve seis meses y no sólo aprendí a defenderme con el idioma. También me abrieron las puertas del futuro. Me presentaron posibilidades. Me matriculé en un curso de hostelería, que es de lo que hoy me gano la vida. No le puedo pedir más».

Desde hace cinco años, Ahmed trabaja en la carnicería de un supermercado de Barakaldo, donde ya tiene un contrato indefinido. Vive en Sestao en un piso de alquiler por 400€, pero sobre todo muestra el lenguaje optimista que vino a buscar. Yo le conocí a través del atletismo, porque el atletismo está en todas partes. Fue Carmen, una atleta del Suanzes, la que me avisó: «Deberías contar la historia de Ahmed, porque representa una lección de vida». Después, lo he comprobado por mí mismo al escucharle hablar a él de lo que ha encontrado en Europa. La mayúscula ilusión que despierta en cada palabra. La sensación de que en el esfuerzo está el futuro. El resultado de lograrlo y de contarlo hoy.

«No es que en Marruecos se viva mal, sino que en Europa se puede vivir mejor», explica al recordar lo que le trajo hasta aquí con solo 17 años. «No sé si fue prematuro, pero fue la decisión que tomé. Sufrí porque el viaje se hizo muy, muy duro. Llegué a pensar que nunca llegaría pero ahora que lo recuerdo me enorgullezco de haber tomado esa decisión. Hoy vivo donde quiero vivir, tengo un trabajo que me gusta y un entrenador como Antonio Lorenzo que me ha convencido de que ‘mientras mantengas a la vista tus metas no habrá obstáculo que te detenga».

En realidad, esa es la consecuencia del fin último de todo esto: el atleta que es Ahmed Moujane. Ahí radica la verdadera pasión de su vida. De momento, ya ha ganado campeonatos en Euskadi, carreras populares, carreras difíciles, carreras tácticas en la pista también. Aún entrenando contracorriente, después de pasar tantas horas de pie en el trabajo, Ahmed ya tiene 3’46» en 1.500. Una marca que aún no le permite aspirar a grandes cosas. Pero de ahí la ambición de mejorarla, de situarse esta temporada en 3’40» lo que significaría un salto de calidad muy potente. «La paciencia es la clave de todo éxito», ha escrito en su muro de Facebook en el que Ahmed Moujane también refleja la felicidad de estar donde quiere estar. La misma que anhelaba el día que se separó de las montañas del Atlas. Tenía 17 años y nadie sabía lo que podía pasar excepto él, que lo soñaba. Y muchas veces los sueños tienen razón.

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