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Valverde, con la medalla de oro y el maillot arcoíris de campeón del mundo | CORDON PRESS

Campeonato del mundo

Te quiero, Valverde

Salgan a sus balcones, bajen a los bares, vayan a las fuentes y griten conmigo como si no hubiese un mañana: Alejandro Valverde es campeón del mundo.

Escribo con las manos temblorosas, casi con lágrimas en los ojos y con una felicidad impropia de un tipo que supera los 30 años y tiene sus problemas mundanos, como todos. Pero nadie puede robarme este rato, este inolvidable momento que acaba de regalarme Alejandro Valverde Belmonte, un deportista único, un talento descomunal y con una historia de vida que merecía este final. Seis veces en el podio, más de 120 victorias como profesional, una lesión que le pudo costar su carrera, 38 años y acaba de conseguir su triunfo más importante. Salgan a sus balcones, bajen a los bares, vayan a las fuentes y griten conmigo como si no hubiese un mañana: Alejandro Valverde es campeón del mundo.

Nunca olvidaré este 30 de septiembre de 2018. Es un día que ya está en la historia del deporte español, como tantos otros. La gesta de Valverde es la misma que en su día lograron otros históricos como Óscar Freire o Abraham Olano, pero a los de nuestra generación esta nos la debía Valverde y nos la hemos cobrado hoy. Hemos vibrado desde que la carrera se rompió y se vio al murciano con la mirada de campeón, las piernas de un gigante y esa confianza que desprende en los días grandes. Ha resistido al francés Romain Bardet —plata— y al canadiense Michael Woods —bronce— en el muro final y los ha rematado en el sprint, a lo grande, a lo Valverde.


La guinda a su carrera


Seis medallas tenía hasta esta tarde en los Campeonatos del Mundo, todas ellas de plata o de bronce y este oro se lo hemos reclamado los que lo amamos incondicionalmente y los que lo critican a fuego. Unos y otros necesitábamos ver esa foto en lo más alto del podio y cuando ya casi no teníamos ni el derecho a soñar, nos llega el regalo, en 2018, con 38 primaveras, un sinfín de rivales tenebrosos y una historia detrás… todo ello convierte esta hazaña en una de las más grandes del deporte español.

Y esta gran historia de vida arranca hace algo menos de año y medio en Düsseldorf (Alemania) en la salida del Tour de Francia. Ese día Valverde se fue al suelo, se destrozó la rodilla, se especuló con una retirada definitiva y todos empezamos a pensar que ya nunca volveríamos a verlo levantar los brazos. Pero eso cambió poco a poco. Su recuperación fue por buen camino, se descubrió el recorrido de este Mundial, volvió a lo grande y preparó 2018 con la obsesión de Innsbruck. Han sido casi 600 días, con altos y con bajos, pero con el mayor premio posible. Griten, griten muy fuerte.


Fantástica Selección española


La carrera tuvo todo lo que se presuponía con un recorrido como este. Con 260 kilómetros por pedalear, se dio la salida con la gente llegando de fiesta a sus casas, yendo a por el pan y metiendo las tostadas a calentar. De salida se formó una numerosa fuga con gente poco peligrosa y que se fue hasta los veinte minutos de diferencia. Se encargaron de ir echándola abajo Gran Bretaña o Austria, pero pronto España, Francia e Italia tomaron el mando. Los transalpinos buscaron guerra de guerrillas al notar que Nibali no iba como quería y los franceses buscaron endurecer la carrera entendiendo que era la mejor estrategia para Alaphilippe y Bardet.

España, por su parte, se fue haciendo grande poco a poco. De la Cruz, Castroviejo, Herrada y Fraile fueron los primeros peones en moverse para secar fugas y para trabajar, después cogió protagonismo un fantástico Ion Izagirre, dejando a Enric Mas y Mikel Nieve siempre cerca de Valverde. No le hizo falta al murciano el trabajo de ambos porque en el muro final Pinot prendió la mecha con Bardet y Alaphilippe a rueda y tuvo que responder en primera persona. Advirtió la crisis de su rival francés y solamente Woods y Bardet se quedaron con él. Los tres coronaron juntos, con Dumoulin llegando a ellos a falta de algo menos de dos kilómetros.

Se esperaba mucho de los hermanos Yates, pero nunca aparecieron, de un fatigado Kwiatkowski, de Primoz Roglic, que se fue al suelo y aunque conectó no tuvo piernas para más, lo mismo que los colombianos o que el mencionado Nibali. Ninguno tuvo un papel importante, ni siquiera lo reclamaron. Los focos se centraron en el trío de líderes y en el incombustible holandés, que hizo de tripas corazón, pero llegó tarde y demasiado cansado para pelear por las preseas.

El resto de la historia ya la saben. Sonrisas, lágrimas, cava, felicidad, leyenda, mito. Alejandro Valverde asumió el papel de favorito, hizo en primera posición todo el kilómetro final y arrancó el primero a 300 metros. Ni Woods ni Bardet tuvieron fuerzas para inquietar al murciano, que no levantó los brazos hasta cruzar la meta. Desde ahí solo vimos abrazos, a la justicia sonriendo por haber cumplido su objetivo y a toda España gritando a pleno pulmón y celebrando como pocas veces. El final ha sido tan feliz que parece irreal. Si estoy soñando, no me despierten, que estoy viviendo en mi mundo de arcoíris. Te quiero, Valverde.

 

8 Comments

8 Comments

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  2. rafa

    30/09/2018 at 22:28

    A/A Juanma Trueba. ¿Le suena a usted esto?:

    “Nos emociona tanto la irrupción de un joven campeón como nos conmueve el éxito tardío de quien lo probó mil veces y acertó en la última. Al mismo tiempo que admiramos los cuerpos invencibles nos gusta pensar que hay una alternativa para la juventud.”

    ¡Felicidades!

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  4. Francisco

    02/10/2018 at 09:57

    Insuperable Valverde, fantástico. Uno de los menores deportista de la historia de España. A la altura de un Nadal y otros pocos. ¿El mejor ciclista de nuestro país y e todas las épocas, con permiso del mas «especializado» Indurain?
    Grande , Valverde, grandes por hacernos felices con tus proezas; especialmente la úlitma que no la única.

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