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Alejandro Valverde, representando a España en un campeonato del mundo en ruta. CORDON PRESS

Campeonato del mundo

La carrera de su vida

Alejandro Valverde afronta este domingo uno de los días más importantes de su trayectoria deportiva, la oportunidad que tanto tiempo llevaba esperando.

Una de las frases que más ha retumbado en mi vida la acuñó Michael Jordan el día de su despedida. “He metido muchos últimos tiros porque antes fallé muchos más”. Esto más que una frase de uno de los mejores deportistas de todos los tiempos es una enseñanza, una filosofía de vida. Si yo fuera Javier Mínguez, este sábado me encerraría con Alejandro Valverde y le pondría el vídeo en bucle. El murciano ha subido seis veces al podio de un Mundial, pero no conoce el tacto del maillot arco iris. Ha fallado tantas veces que solamente necesita una victoria para reconfortarse, para que se le condonen sus errores o sus pecados del pasado. Tiene que salir al trazado de Innsbruck rabioso, herido en su orgullo y sabedor que está ante uno de los días más grandes de su vida deportiva. Ahora o nunca.

La empresa es harto complicada por demasiadas razones y aunque la ilusión y la fe mueven montañas, tengo un pesimismo interno que me inquieta, no sé si es autodefensa, negación de la posibilidad o un intento a la desesperada de usar el contragafe, pero algo me dice que esta vez tampoco será. Convertido al Valverdismo desde que la religión existe, esta vez no lo veo en lo alto del podio, mano en el corazón y el himno retumbando en el Tirol. Esa escena, que de producirse haría llorar a toda Murcia y a la media España que deshecha la siesta por las bicis, es una de las ilusiones que uno tiene desde que le empezó a salpicar la barba. Sería tan bonito que parece irreal.


Pesimismo por naturaleza


¿Que en qué baso mi pesimismo? Me explico. Valverde tiene 38 años, con el aspecto positivo de la experiencia, las derrotas anteriores y la tranquilidad de una carrera hecha y derecha, pero en el otro lado falta saber cuánta ilusión viaja en su maleta o cuánto pesan las canas. Es difícil saberlo. Tampoco me gusta el calendario realizado por el murciano, que ha vuelto a correr de febrero a septiembre sin apenas descanso. Se metió en las batallas del Tour y en la guerra de ganar La Vuelta, y ya se vio como terminó, reventado, frustrado y hundido. Sin premio allí y fatigado para aquí. Mala cosa.

Al margen de esto, jamás ha tenido rivales tan terroríficos como los que tiene ahora. El perfil del corredor español se ha ido reproduciendo de forma paralela a sus constantes triunfos. Parece demasiado duro para Sagan —no seré yo quien lo saque de la ecuación—, pero qué me dicen del incombustible francés Julian Alaphilippe, a quien acompañarán en carrera ilustres como Bardet o Pinot, del británico Simon Yates, quien volverá a tener en su hermano Adam a su mejor apoyo, de ese insaciable tiburón italiano Vincenzo Nibali, que seguro llega con el cuchillo entre los dientes, de un Primoz Roglic que ha renunciado a una probable medalla en la crono por buscar la gloria eterna en la ruta y a esa legión de escaladores colombianos que con Miguel Ángel López, Rigoberto Urán y Nairo Quintana serán una dinamita constante en un Mundial con más de 4.500 metros de desnivel.

No correrá solo Valverde y ese es un pilar al que agarrarnos los valverdistas. Así como otros años había otras bazas que jugar o algún plan B que buscar por la esquina, con la ausencia de Mikel Landa, España lo fía todo al talento innato del murciano. Jesús Herrada, Jonathan Castroviejo, Mikel Nieve, David de la Cruz, Omar Fraile, Ion Izagirre y Enric Mas son lo suficientemente fiables en un recorrido de estas características como para estar tranquilos en ese aspecto. Muy mal se tendrán que dar las cosas para que varios de estos no estén junto al genial Valverde justo cuando arranquen los fuegos artificiales. Confianza total en el equipo.


Un recorrido a su imagen y semejanza


En el equipo y en el recorrido, que le va como anillo al dedo a Valverde. No creo que él mismo hubiese ideado un trazado muy diferente al que se va a encontrar en los Alpes austriacos, alrededor de esas montañas que apuntan al cielo pero por unas carreteras que no van tan alto. No tiene subidas terribles como hay en el Giro o el Tour, pero sí lo suficientemente duras para que doblen la rodilla los mejores sprinters. Y para remate uno de esos repechos made in la Vuelta en los que tan a gusto se ha encontrado siempre.

He empezado tan pesimista que conforme he ido desarrollando los pros y los contras ya se me ha pasado. Ya lo veo en el podio, está llorando, lleva el arco iris y va a terminar su primera rueda de prensa con un «conviértanse al Valverdismo«. Pues eso. Amén.

2 Comments

2 Comments

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  2. GONZALO IMPUESTO NOGUERAS

    01/10/2018 at 19:26

    Te falta entender el ciclismo, vivirlo y sufrirlo. Tu planteamiento es un error aunque sales airoso.

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