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Mundial Rusia 2018

El Mundial de las sorpresas

Siendo ruso, esperaba ver un campeonato más violento y desorganizado, pero mi país me está sorprendiendo de manera positiva por primera vez en mucho tiempo.

No soy partidario del nacionalismo. Ya lo dije aquí antes: el mejor nacionalismo es el internacionalismo. Aun así, admiro los nacionalismos que admite el Mundial. Los colores de las banderas, las camisetas y las caras pintadas. La mezcla de himnos y canciones en lenguajes diversos. La conexión entre compatriotas. La competición internacional. La guerra en forma del deporte—la guerra más pacífica que existe.

Si te olvidas de que eres español, este Mundial está siendo una maravilla. Los pequeños compiten. El VAR está ayudando al arbitraje. Hay sorpresas, pero ninguna inmerecida. En los octavos solo Brasil ganó por más de un gol. Todo está en el aire. Y lo más loco es que, aun sin empezar los cuartos, sabemos que Inglaterra o Croacia o Suecia o Rusia estarán en la final, sí o sí.

Marruecos casi le ganó a España. Islandia empató contra Argentina. Méjico ganó a Alemania; Corea del Sur eliminó a los alemanes del todo. Suiza empató contra Brasil. Croacia destrozó a Argentina. Messi y Ronaldo fuera. Mientras tanto, la Rusia donde solo un jugador (Cheryshev) juega en una liga de calibre…ni os cuento a quien eliminó.

Siendo ruso, esperaba ver un campeonato más violento y desorganizado, pero mi país me está sorprendiendo de manera positiva por primera vez en mucho tiempo. No han salido demasiadas noticias negativas, o no tantas como me esperaba, sobre mis compatriotas emborrachándose y destruyendo lo que esté en su camino. Eso sí: cuando la selección rusa abandone el campeonato puede pasar de todo.

En 2002, tras perder Rusia 1-0 contra Japón, los moscovitas destruyeron cientos de coches por toda la ciudad, quemando decenas de ellos con bombas de alcohol—los famosos cócteles Molotov. Otro dato: Rusia es un país donde cada año venden alrededor de 30,000 bates de béisbol pero menos de 10 guantes de béisbol.

Otra gran sorpresa: el VAR está ayudando al torneo. No lo soluciona todo, pero está funcionando de maravilla, especialmente considerando que este campeonato es su primera gran prueba. No habrá más narices rotas sin ser vistas, ni partidos arruinados por penaltis ficticios. Cuando el VAR anuló el penalti que Neymar se inventó contra Costa Rica, lo celebré como un gol. No porque estoy en contra de Brasil sino porque estoy en contra del fingimiento y la ficción en el fútbol. Llevo más de dos décadas viviendo en Londres y algo de la cultura Premier se me ha pegado. Aquí no hay nada peor que cheating (hacer trampa) & diving (tirarse). Las aficiones Premier no se lo permiten ni a sus propios jugadores.

Lo que más me sorprende es lo involucrado que me siento. No sólo con mi patria (Rusia) ni con mi país adoptivo (Inglaterra), sino con todos. Con Brasil y su manía de siempre querer ser la mejor. Con Argentina y la pena de que Messi no tenga equipo en su país natal. Con la garra de Uruguay, que me recuerda la garra del Atlético de Simeone—equipos que juegan casi siempre por encima de sus capacidades. Con Croacia y su centro del campo Modric-Rakitic made in LaLiga. Con Bélgica, que encontró contra Japón un espíritu de equipo tremendo, precioso. Con Japón, que casi le gana a la gran Bélgica. Con Francia también, por qué no…

Queremos pensar que el fútbol no es política, pero Anshel Pfeffer, que escribe para The Economist, ha notado que en este Mundial: 1. EEUU ni está. 2. Alemania está de repente débil y aislada. 3. Rusia resurge. 4. Los estados árabes no funcionan. 5. Inglaterra y Bélgica (Bruselas) están encerrados en un combate (en el mismo grupo). 6. Irán fracasa pero con valentía. 7. Los estados Balcanes siguen con sus guerras internas. 8. Uruguay es una isla de estabilidad entre la constante crisis latinoamericana. 9. Las naciones africanas no cumplen con su potencial. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

El martes pasado estuve en un pub en el sur de Londres, en una de las zonas más pobres de la ciudad. Vi como Inglaterra les hizo sufrir a sus fans pero acabó ganando su primera tanda de penaltis en un Mundial. Jamás había ocurrido antes. Gary Lineker confesó que se le mojaron los ojos de emoción.

Los que estaban a mi alrededor me abrazaron, llenos de esa felicidad del alivio que es mejor que cualquier otra. Después empezaron a cantar su canción favorita: “It’s coming home, it’s coming home, it’s coming—football’s coming home!” El fútbol vuelve a casa. Su casa original es Inglaterra. Su casa global es Brasil. Y hace poco, muy poco, la casa del fútbol era España.

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