¡Síguenos!
Ignacio Fontes. Eurosport.

Atletismo

Europeo Sub-23: buena nota para los españoles

Como representante de la tradición, hay que detenerse en el triunfo de Ignacio Fontes en la icónica prueba de 1.500 metros.

Dado que el Mundial de atletismo ha quedado pospuesto al otoño para escapar en lo posible del terrible calor catarí (el dinero todavía no puede influir en el clima) los aficionados al deporte rey estamos disfrutando durante el estío de los torneos de las categorías inferiores.

Así, este fin de semana se ha disputado en la ciudad sueca de Gävle el campeonato de Europa Sub-23 y la actuación española ha sido todo lo brillante que apuntaban los ránquines (y tal vez un poco más). Seis medallas y casi una treintena de finalistas así lo atestiguan.

En los oros se han conjugado la novedad y la tradición. Desempeñando el papel de pionero, el martillista Alberto González consiguió la primera plaza con un lanzamiento de 74,36. Su victoria adquiere una dimensión especial si tenemos en cuenta que venció al húngaro Halsz, un atleta que se presentaba en Suecia con registros muy superiores a los del jiennense.

Como representante de la tradición, hay que detenerse en el triunfo de Ignacio Fontes en la icónica prueba de 1.500 metros. El granadino llegó a la última curva en quinto lugar, pegado a la cuerda. En un suspiro dibujó una diagonal y se desplazó a la calle tres. En la recta final fue engullendo rivales con la voracidad de quien ignora los mordiscos del ácido láctico. Todavía le sobró tiempo para cruzar la meta con los brazos abiertos.

La única plata también tiene acento andaluz: el sevillano Héctor Santos consiguió marca personal (8,19) y solo cedió ante el fenómeno griego Tentóglou, actual campeón europeo absoluto al aire libre, en pista cubierta y ahora, también, Sub-23. Si se hubiera presentado a “Boom” le habría birlado el bote a Los Lobos.

 


La pedrea del bronce llegó desde el fondo y el medio fondo


Siempre he pensado que los atletas taciturnos parten con desventaja desde los tacos. Tal vez Pablo Sánchez Valladares comparta mi opinión, porque el joven ochocentista saludó a la cámara con absoluto desparpajo. Ese mismo desparpajo le sirvió para pelear sin complejos con el polaco Borkowski, que terminaría llevándose el oro. Pablo, en los cuadros, logró conservar el tercer puesto ante el ataque de su compatriota Romero.

La competición no entiende de paridades y en este torneo las medallas no se han repartido equitativamente por sexos. Frente a las cinco preseas masculinas, las chicas solo pueden exponer el magnífico bronce de Celia Antón en la prueba de 3.000 metros lisos. La arandina completó una carrera muy inteligente y rebajó su marca personal en más de diez segundos. Y todo ello sin perder la sonrisa.

El último bronce esconde una historia personal en la que se entremezclan la burocracia, el talento natural y un final que podría firmar cualquier guionista de Disney. Abdessamad Oukhelfen nació en Marruecos pero vive en Reus desde que tenía cinco años, enésimo hijo de la pobreza y la inmigración. Como otros chicos de origen marroquí, destacó desde pequeño en las distancias largas hasta el punto de ganar algún campeonato de España en categorías inferiores. Eso sí, era un campeón sin premio: como extranjero no podía subir al podio y a veces ni se le mencionaba en las noticias. Un corredor fantasma que incluso llegó a solicitar la nacionalidad francesa para que sus victorias no cayeran en el olvido.

Al final la lógica se impuso y el pasaporte español venció al francés en la foto-finish. El sábado por la tarde, como tercer clasificado en los 5.000 metros, Oukhelfen pudo por fin recoger una medalla. Y es que, con los documentos apropiados, se puede abandonar cualquier limbo, incluido el atlético.

El resto de la actuación española, considerada en su conjunto, puede calificarse de excelente. Aparte de las seis medallas, los veintiocho finalistas aúpan al equipo a la quinta plaza en la clasificación general por puntos, la que mide con más rigor el nivel medio de un país. Dado lo inhabitual de ver a españoles destacando en sus pruebas, dedicaré una mención especial a los velocistas Paula Sevilla y Pol Retamal (cuarta y quinto en doscientos metros) y al lanzador de jabalina Manu Quijera, que tiró el dardo muy cerca de los ochenta metros.

Teniendo en cuenta que hay talentos aun más jóvenes que sumar a lo visto en Gävle (Yasiel Sotero, María Vicente, Jael Bestué, Bernat Erta…) no es arriesgado aventurar que el futuro del atletismo hispano está garantizado. Solo cabe desear que en ese futuro no quepan corredores fantasmas ni limbos para deportistas olvidados.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Atletismo

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies