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Iker Muniain, celebra un gol con el Athletic. Foto: Cordon Press

Liga Santander

Muniain, el futbolista sin precio

El futbolista del Athletic Club ha firmado un contrato de renovación sin cláusula de rescisión. Algo inédito en España, no tanto en otros países.

Iker Muniain ha ido un paso más lejos que el resto. Su acuerdo de renovación con el Athletic de Bilbao, más que un compromiso, es una carta de amor al club al que lleva ligado desde los 12 años. De ahora en adelante, el mediapunta navarro jugará sin cláusula de rescisión. Y esto es algo que nunca antes había sucedido en el fútbol español. De hecho, la española es la única de las grandes ligas europeas con contratos en los que todavía tiene espacio esta herramienta para romper un acuerdo de forma unilateral, previo pago de una cantidad determinada de dinero que con el paso de los años ha ido en aumento hasta alcanzar cifras astronómicas. Una cuestión cada vez más discutida en el fútbol de hoy en día.

 

 

El Athletic tiene la sartén por el mango. Si ahora un equipo pretende fichar a Muniain, de entrada, no dispondrá de ningún precio por el cual el jugador quede liberado. El caso del navarro es único en España. Cualquier club que quiera pescar en el campeonato doméstico sabe que todos los jugadores cuentan con una cláusula para rescindir su contrato. Más alta o más baja, pero todos la tienen. Salvo Muniain. El mensaje a todas sus novias, que eran unas cuantas, no puede ser más contundente: no se hagan ilusiones. La directiva y los aficionados rojiblancos se han quitado un peso de encima importante. Josu Urrutia dejó la presidencia del conjunto vizcaíno a principios de mes y anunció elecciones para diciembre. Hasta que se vote a un nuevo presidente, el equipo está siendo dirigido por una junta gestora. Esta renovación de Muniain ha sido el último acto de servicio de Urrutia, que siempre defendió que los futbolistas del Athletic no dispusieran de ninguna cláusula de rescisión o, como él mismo la conocía, “invitación a salir”.

El miedo a los precedentes estaba ahí. En los últimos años, todas las grandes estrellas del Athletic (salvo Fernando Llorente, que se fue libre) han ido abandonado San Mamés de uno en uno, previo pago de sus cláusulas de rescisión. El último caso fue el de Kepa Arrizabalaga, que fichó en este mercado veraniego por el Chelsea después de que los londinenses abonaran 80 millones de euros. Unos meses antes, en la ventana invernal, Aymeric Laporte se marchó al Manchester City, que pagó 65 millones. En 2014, Ander Herrera fichó por el otro equipo de Mánchester, el United, por 36 millones y, en 2012, Javi Martínez se marchó al Bayern de Múnich por 40 millones. Todos siguieron la misma vía de escape. El Athletic de la última década se ha convertido en uno de los supermercados más apetecibles para los conjuntos ricos de Europa.

Las cláusulas de rescisión forman parte del fútbol español desde 1985. Hasta ese año, los futbolistas vivían en una situación de clara inferioridad con respecto a sus clubes. Hasta tal punto llegaba esta inferioridad que si un equipo quería prolongar el contrato de un jugador de su plantilla, aunque este no estuviese de acuerdo, podía hacerlo incrementándole un 10% su salario. El llamado derecho de retención terminó con la entrada en vigor del decreto 1.006. La principal novedad era que los futbolistas pasaban a disponer de una cláusula de indemnización con la que, en caso de ser abonada, podían romper de forma anticipada su contrato de pertenencia a un club.

Paco Llorente, sobrino de Paco Gento, fue el primer jugador español que se acogió a este decreto. El Real Madrid se fijó en él después del altísimo nivel que exhibió con el Atlético de Madrid en la campaña 86/87. La empresa de representación de Llorente había incluido en su contrato una cláusula de rescisión de 50 millones de pesetas. Los blancos, por si fuera poco, le multiplicaban por 20 el sueldo. El delantero vallisoletano no se lo pensó en exceso. El Atlético se quedó de piedra al enterarse de que sus queridos vecinos iban a pagar la cláusula de Llorente. Era la primera vez que sucedía algo así en España.

A día de hoy, las ligas de Alemania, Inglaterra, Francia e Italia, cuatro de las cinco de mayor nivel continental, no incluyen en sus contratos cláusulas de rescisión. A diferencia de España, que es la excepción, pero no la regla del mercado futbolístico europeo. Esto hace que un equipo como el PSG haya podido fichar a un crack de la talla de Neymar sin ni siquiera intercambiar un Hola, ¿qué tal? con el Barça. Simplemente se remiten a su cláusula y al deseo del jugador. Todo lo contrario a cuando, un verano después, el Real Madrid intenta negociar por el brasileño y los franceses se niegan a ponerle un precio de salida, básicamente porque no están en la necesidad de hacerlo. En Inglaterra sucede algo parecido, sólo que allí existe el transfer request: una petición formal mediante la cual el futbolista transmite a la dirección deportiva del club su deseo de abandonar la entidad. Pero ojo, el transfer request no deja de ser una medida de presión pública más que en absoluto obliga al club a traspasar al jugador.

En España, con el modelo de las cláusulas de rescisión, la voluntad del jugador puede llegar a estar por encima incluso de la de su propio equipo. Siempre y cuando su cláusula sea realista. Igual no tanto como la de Cedric, que fichó por el Real Betis después de que los andaluces rescindieran el contrato que le ligaba al Numancia por poco más de un euro, pero tampoco como la de Isco, que tras su última renovación con el Real Madrid pasó a tener una cláusula antijeque de 700 millones de euros. Operaciones de este calibre, destinadas claramente a ahuyentar los cantos de sirena de los petrodólares, son cada vez más cuestionadas en el ámbito futbolístico, pues rompen con cualquier posibilidad del futbolista para rescindir su contrato. ¿Qué sentido tiene el decreto 1.006 con cláusulas de 700 millones? Una solución sería la regulación de los contratos; equiparando las cláusulas con el salario del jugador o la duración del contrato de los futbolistas.

Iker Muniain quería continuar en su Athletic. En estos casos, cuando el deseo es quedarse en un sitio, la voluntad del futbolista siempre prevalece. A fin de cuentas, si un club paga una cláusula es porque antes el protagonista del traspaso ha dado su visto bueno para que así se haga. A principios de este año, Iñaki Williams renovó con el Athletic por ocho temporadas más. Ahora, su compañero Muniain ha extendido su contrato y se ha quitado la cláusula de rescisión de encima. No la necesita. ¿Para qué? Si está donde quiere estar.

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