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Nacho durante el Trofeo Bernabéu ante el Milán I CORDON PRESS

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La ley de Nacho

Permítanme el descaro de asegurar, que Nacho sigue siendo, temporada tras temporada, el mejor descubrimiento para el Real Madrid y que espero que su protagonismo en este recién nacido campeonato patrio crezca como la espuma. Por el bien de todos.

Una vez escuché que la inteligencia es como un río: cuanto más profunda, menos ruidosa. Y es que, el silencio de ese jugador que pasa desapercibido por introvertido, suele esconder una cantidad innumerable de cualidades innatas que salen a la luz cuando su equipo más lo necesita. Permítanme el descaro de asegurar que Nacho sigue siendo, temporada tras temporada, el mejor descubrimiento para el Real Madrid y que espero que su protagonismo en este recién nacido campeonato patrio crezca como la espuma. Por el bien de todos.

Ante el Getafe, Nacho puso en duda la titularidad de Varane, todo un campeón del mundo. Algunos me sugeriréis que también la de Sergio Ramos, pero para mí, seguidora de los intangibles (por eso me cuesta criticar a Benzema), esa cuestión no es negociable. Todavía no soy capaz de asegurar si Lopetegui confía en Nacho por convicción o por accidente. Nacho es un soldadito de plomo prácticamente infalible en cualquier posición defensiva, quién sabe si tendrá hasta madera de 9. En el Madrid puede que se lo huelan y por eso se mantienen en sus trece de dar la plantilla por cerrada.

El defensa madrileño cumple la primera semana de septiembre 17 años en el Real Madrid. Ingresó en el año 2001 en las categorías inferiores del club. 27 años cumplidos (camino de 28) y 16 (pronto serán 17) con la elástica del equipo de sus amores engrandecen un romance de los de antes. Sin embargo, esta mañana al recortarse la barba, a Nacho tampoco le ha templado el pulso. Es frugal. Es moderado, mesurado y comedido. Es sensato. Es conciso, prudente, y como diría Loquillo, fuerte y formal.

Escribí en el pasado que el fútbol le pertenece a los artistas, pero últimamente dudo hasta de mí misma, quizá me estoy volviendo cholista y abogo porque, entre tanto malabarista, hace falta un tipo corriente. Que cumpla, corra, defienda, asista, se cuadre y marque. Que pueda darse el lujo de dar cátedra ante el Getafe y no pestañear dos veces, ni inmutarse siquiera, al llevarse una tarjeta amarilla que al resto nos produzca risa floja. Listo, capaz, perspicaz, espabilado, despierto, vivo, astuto, despejado, agudo, lúcido, ingenioso, avispado, instruido y versado.

La diferencia entre Nacho y el resto, en el día de ayer, fue un abismo. El problema es que parece un jugador imprescindible en una plantilla infinita. La suerte del Madrid, intacta. A coste cero, no es ni excéntrico ni polémico, pero puede ser John Wayne, Travolta y De Niro si el papel lo requiere. Desde Alcalá, con amor, Nacho Fernández para servirles.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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