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Deportista casado o soltero, ¿cuál es mejor?

Un estudio firmado por el economista israelí Ze’ev Shtudiner demostró que entre los jugadores de la NBA el rendimiento de aquellos que están casados mejora un 16’4%.

En 2015, un estudio firmado por el economista israelí Ze’ev Shtudiner (The Marriage Premium and Productivity: The Case of NBA Players) demostró que entre los jugadores de la NBA el rendimiento de aquellos que están casados mejora un 16’4%, siendo la mejora todavía más pronunciada entre los jugadores extranjeros en la liga. La conclusión de su informe, basado en las estadísticas personales de medio millar de jugadores, es que el matrimonio crea un marco donde se desarrolla la estabilidad y el sentido de la responsabilidad.

El estudio de Shtudiner parece irrebatible circunscrito en un torno tan peculiar como el de la NBA, donde el 60% de los jugadores se arruinan a los seis años de su retirada. Pero su traslación a otros deportes es más complicada. Sin necesidad de recurrir a la estadística aplicada, Santiago Bernabéu recomendaba a sus futbolistas que se casaran jóvenes para evitar tentaciones propias de la edad. El consejo ha triunfado, quién sabe si por las razones expuestas por don Santiago. Es común que los futbolistas se casen y tengan familia, muchas veces numerosa, antes de los 30 años. Un ejemplo entre un millar: Eden Hazard, fichaje estrella del Real Madrid para la presente temporada, es con 28 años un veterano del matrimonio: se casó con 21, tiene tres hijos y cumplirá sus bodas de oro en edad de hacer puenting.

En España, según datos ofrecidos por Statista, los hombres y las mujeres no se casan antes de los 38 y los 35 años respectivamente. Curiosamente (o no), es en Canarias (40’7) y en Baleares (39’83) donde los varones tardan más en contraer matrimonio. Lo que significa, si conducimos el agua a nuestro molino, que Rafa Nadal (33) se ha casado seis años antes que el resto de sus paisanos. Pero la anécdota no debería desviarnos de la cuestión principal: ¿afectará el matrimonio a su rendimiento?

En el tenis no existen estudios tan pormenorizados como el de Shtudiner, pero durante años existió un prejuicio hacia las esposas de los jugadores, algo que encajaría en lo que se ha dado en llamar el Síndrome Yoko Ono. Dicho de otra manera: ella siempre tiene la culpa. En julio de 1980, Bjorn Borg, la sensación del tenis mundial, se casó a los 24 años con la rumana Mariana Simionescu, de la misma edad. Se habían conocido cuatro años antes en París, en Roland Garros, después de ser eliminados (Borg había perdido en cuartos y contra pronóstico ante Panatta). El tenista sueco afirmaba que su juego había mejorado desde que la conoció: «Conseguí a Mariana y mi servicio en los mismos diez días. Todo fue muy afortunado». Desde la boda en Bucarest, y posterior luna de miel en Marbella, Borg sólo añadió un Grand Slam a su palmarés, Roland Garros 1981. Ese mismo año anunció su retirada.

Hasta el domingo, el único de los grandes tenistas del momento (y de la historia, si me lo permiten) que no había pasado por el altar era Rafa Nadal. Federer se casó en 2009 con Miroslava Vavrinek y a continuación ganó por primera y única vez Roland Garros y Wimbledon de una tacada; eso es lo que Shtudiner llama el Marriage Premium. Más que discreta, la ceremonia fue secreta y se anunció en un comunicado que olía a rosas frescas: «Hoy, en mi ciudad natal de Basilea, rodeados de un pequeño grupo de amigos íntimos y familia, Mirka y yo nos hemos casado. Fue un precioso día de primavera y un momento increíblemente feliz. El señor y la señora Federer os desean un feliz Domingo de Pascua. Con cariño, Roger». A los pocos meses, la pareja tuvo su primer hijo.

Por cierto. Federer ha sumado siete de sus 20 Gran Slam desde que contrajo matrimonio.

Novak Djokovic se esposó en 2014 con Jelena Ristic poco después de ganar Wimbledon. Primero se casó por lo civil en el exclusivo resort de Montenegro, a orillas del Adriático. Al día siguiente se celebró la boda religiosa. La novia estaba deslumbrante por la felicidad y por el embarazo. Meses después, Djokovic estuvo a punto de conquistar el Grand Slam absoluto: triunfó en Australia, Wimbledon y el US Open, y solo cedió en la final de Roland Garros contra Wawrinka. De sus 16 títulos de Grand Slam, nueve los ha sumado como tenista casado.

En cierta ocasión, el argentino Guillermo Vilas, estrella del tenis en los 70 y 80 (cuatro Grand Slams), dijo que nunca se había sentido tan solo como cuando fue el número 1 del mundo en 1977. En su caso, combatió la soledad trabajándose una sólida carrera como playboy. Entre los muchos romances de Vilas destacó Carolina de Mónaco, una relación de cinco meses que subió la temperatura del planeta. En 2005, Vilas por fin se casó: lo hizo con una mujer 31 años más joven.

En los 70 y primeros 80, el estadounidense Vitas Gerulaitis ya era un asiduo del Studio 54 de Nueva York, acompañado de actrices, modelos y del inefable Andy Warhol. Sin la menor intención de pasar inadvertido, Gerulaitis se presentaba en la discoteca con un Rolls Royce descapotable. Su vocación por la vida espumosa se manifestó muy pronto. Cuando cumplió 21 años, y después de jugar un partido, invitó al público a una fiesta de pijamas. Justo cuando lamentaba el poco éxito de su convocatoria, cientos de aficionados se presentaron en pijama en la puerta de su hotel.

Gerulaitis, que tuvo problemas de adicción a la cocaína, falleció a los 40 años al inhalar monóxido de carbono de una calefacción en mal estado. Días antes había jugado un partido benéfico con Borg, Connors y Lloyd. Allí dejó su última frase: «Bolas nuevas, jugadores viejos».

Ya no queda nada de aquellos tiempos y aquellos playboys. Feliciano López, el último de los galanes del tenis, contrajo matrimonio el pasado septiembre a la edad de 38 años, en estricto cumplimiento de la media española, si bien es cierto que se había casado antes con Alba Carrillo en una boda de escasa duración (once meses) y mucha turbulencia. En su caso, el Premium Marriage actuó por adelantado. Nada más ganar en Queen’s, y todavía sobre la hierba, Feliciano anunció su intención de casarse con la modelo Sandra Gago. Poco después comunicó que seguirá jugando, al menos, un año más. Al tenis, naturalmente.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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