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Opinión

¿Y cuando no esté Nadal?

Cuando Alonso consiguió su segundo Mundial, nos pegamos más de ocho millones de españolitos a la tele. Ahora, la media de audiencia ronda los 200.000 televidentes…

Hay días en los que la verdad popular te coloca en tu sitio. Detrás de Rafa, la nada. El tenis español entrará en las tinieblas. Si no se lo creen, sigan leyendo. En un momento les cuento la historia.

Buscando un buen café con churros, entré ayer en una céntrica cafetería madrileña. Eran las ocho de la mañana y aunque las calles llevaban horas ya puestas, las caras de algunos de los que estábamos en la barra lucían ojeras XL. Nadal nos tuvo hasta las tres de la mañana pegados a un televisor, agonizando con él, en ese épico partido que jugó contra ese cyborg ruso —no se engañen, Medvedev lleva cables y placa base— que le puso contra las cuerdas.

A mi lado, tres hombres encorbatados —con pinta de abrir La Caixa de al lado en menos de 30 minutos— comentaban lo bueno que es Rafa. Uno de ellos apuntó que lo cierto era que nos quedaba cada vez menos para disfrutarle y que no nos olvidásemos de que estaba en el fin de su carrera.

Mentalmente yo le daba la razón. Nadal no sólo ha luchado contra Federer y Djokovic. También lo ha hecho contra su cuerpo en general y sus rodillas en particular. Rafa es más inteligente que buen tenista y jamás se permitirá arrastrarse por las pistas. Quizá el termómetro que le vista de civil sea no verse capaz de ganar Roland Garros.

Pero volvamos a la conversación de los presuntos bancarios. ¿Y cuándo se retire? Los tres coincidían en que Bautista y Carreño —añadan a Ramos y al chaval Davidovich— estaban a una distancia sideral y que nos tocaba tener paciencia y acostumbrarnos a ver ganar a los demás. Con respecto al tenis femenino, Garbiñe tiene talento, pero no es fiable, y Carla todo lo contrario, es fiable, pero tiene bastante menos que Muguruza. También toca esperar.

¿Esperar? El camarero puso las cosas en su sitio. Confesó que él dejó de ver ciclismo cuando Induráin se bajó de la bici y que la Fórmula 1 le interesa una higa desde que a Alonso le dio por subirse a los “tronco móviles».

Y creo que llevaba más razón que un santo. Los españoles no somos de deportes, somos de deportistas. Exceptuando aquellos que se juegan en equipo (y son mayoritarios), donde rendimos la derrota al sentimiento, sin grandes actores no nos interesan ciertas películas.

Y como los datos son amores y no buenas razones, les doy uno espeluznante: Cuando Alonso consiguió su segundo Mundial, nos pegamos más de ocho millones de españolitos a la tele. Ahora, la media de audiencia flota sobre los 200.000 televidentes por carrera. Casi lo que reuniría Sánchez Dragó presentando un libro sobre la cría de la carpa en Polonia.

Así que de verdad empezaremos a echar de menos las ojeras de ayer —y lo bien que nos quedaban— cuando Rafa nos falte. Permítanme el consejo, disfruten ahora que pueden, que luego no querrán dormir.

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