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Roland Garros

Nadal barre a Federer y busca su 12º Roland Garros

Solo ha perdido un set en esta edición de Roland Garros. Tras destrozar a Federer en menos de dos horas y media aspirará a su duodécima Copa de los Mosqueteros. Lección magistral de tenis.

Ni siquiera el sol que llevaba los últimos días jugando al ratón y al gato en los cielos de París quiso perderse el espectáculo. La amenaza de la lluvia desapareció pronto, al calor de los golpes maestros de Roger Federer y Rafa Nadal. Tenis de quilátes entre dos amigos que jamás se consideraron enemigos, si acaso rivales. Separados por una cinta de tenis, Rafa Nadal volvió a demostrar que sobre la tierra no hay nadie como él y barrió al hombre que más número de Grand Slams tiene en el zurrón. Después de imponer su cabeza y su tenis en los momentos decisivos del encuentro, de jugar contra el viento y contra Roger, Rafa aspirará el domingo a su duodécimo Roland Garros. Si lo consigue alcanzaría la mayoría de edad en los Grand Slams y abriría un debate maravilloso. ¿Está en condiciones Nadal de agarrar a Federer?

Reflexionaba el pasado martes Toni Nadal sobre unas palabras de Daniel Goleman: «Saber concentrarse es más decisivo para un niño que su coeficiente intelectual». Defendía Toni que en el tenis la concentración es tan importante como los buenos golpes, incluso más determinante que ellos. Sobre esa seguridad ha levantado su imperio Rafa, siempre bien aconsejado por Toni. Así lo demostró en la primera manga donde cada punto se disputaba hasta la extenuación. Algunos de esos juegos iniciales rondaron los 10 minutos de duración, demostrando lo que había en juego. El viento era en ese momento el mayor impedimento para los dos contendientes, cada bola había que tocarla perfecta para que no volara demasiado larga o demasiado corta. En eso también fue mejor Rafa, en su capacidad de adaptación para adaptarse a las circunstancias.

El manacorí en otro inicio fulgurante logró colocarse 3-0 aunque entonces Roger recordó el plan inicial: acortar los puntos y acercarse a la red para rematar a Rafa. Así consiguió hacer la goma y recuperar terreno hasta el 3-2. Pero en ese momento un nuevo acelerón de Nadal volvió a poner tierra de por medio. El 4-2 a favor del manacorí ya fue una brecha insalvable para el suizo. Los 55 minutos que duró esa primera manga habla también de la capacidad de ambos para intercambiar golpes, y para esquivar las maquiavélicas rachas de viento que se paseaban por una Phillipe Chatrier que sorprendentemente no estaba al completo.

El momento crítico del partido llegó en el segundo set. Roger había cogido la iniciativa y se había adelantado en el marcado con un break nada más empezar. Tuvo incluso bola para el 3-0 pero ahí surgió el Ave Fenix Nadal. Rafa apareció con un passing marca de la casa, de esos que llegan cuando el rival ya celebra el punto conseguido. Federer entendió entonces que el muro era infranqueable y que tendría que hacer una heroicidad tras otra para desterrar a Nadal de su paraíso. El suizo, en un derroche de profesionalidad y talento a sus casi 38 años aguanto el envite hasta el 4-4. Territorio Nadal. Hábitat natural para su cabeza, entrenada como ninguna otra para superar los momentos de presión. Ahí llegó el break y el 2-0 en el marcador. Al otro lado de la pista había un volcán en erupción. Como tantas otras veces, la pelota de Nadal quemaba.

Y lo siguió haciendo en el tercer set, cuando Roger se limitaba a extraer alguna ráfaga de clase para sobrevir al bombardeo. El Nadal más despiado no daba entonces tregua al suizo, conocedor de que no hay mayor gesto de respeto ante el rival, que dar el máximo en cada bola. La sensación de impotencia de Federer se pudo ver en uno de los pocos malos gestos que se recuerda al Roger adulto. Contrariado fue capaz de golpear una bola al aire como única forma de sacar toda la rabia que llevaba dentro. Aquello le costó un warning. Un partido frente a Nadal en tierra saca los peores demonios hasta de un tipo como Federer.

Con la sensación de superioridad que desprendía Nadal en la tercera manga, solo faltaba por saber cuando el manacorí cerraría el partido. Lo hizo en el octavo juego, después de superar en todo el partido el 80% de efectividad con su primer servicio, arma infalible hoy. Todo ello aderezado con 33 golpes ganadores y solo 19 errores no forzados, casi la mitad que Federer (34). Con estos números y tras sumar su sexta victoria ante el suizo en París en 2 horas y 25 minutos, el Rey de la Tierra alcanzó una nueva final de Roland Garros. Una cita marcada en rojo en su calendario y a la que solo ha faltado 3 veces en los últimos 15 años. A esta llega fresco de piernas (12 horas y24 minutos en pista) y con la confianza por las nubes. El próximo domingo saltará a por su duodécima Copa de los Mosqueteros ya sea frente a Thiem (finalista el año pasado) o Djokovic (Número Uno del mundo) para ampliar aún más su leyenda.

 

 

 

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