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Tenis

Nadal-Nishikori (14:30), camino de la Undécima

Derrotó a Dimitrov por 6-4 y 6-1 en una hora y media de juego. Su rival en la final será Nishikori, con el que tiene un balance favorable de 9-2.

Rafa Nadal, de 31 años, se clasificó por decimosegunda vez para la final del Masters de Montecarlo, un torneo que ya ha ganado en diez ocasiones (perdió la final de 2013 contra Djokovic), después de vencer en semifinales al búlgaro Grigor Dimitrov, quinto jugador del mundo, por 6-4 y 6-1. Su rival en la finalísima será el japonés Kei Nishikori (28 años y 36º del ránking), que batió al alemán Alexander Zverev por 3-6, 6-3 y 6-4. El balance entre los finalistas es de 9-2 a favor de Rafa, que perdió en el último duelo entre ambos, en la pista dura de los Juegos Olímpicos de Río.

Si nos centramos en el partido de semifinales de Rafa, hay que señalar que sólo estuvo reñido en el primer set. El de Manacor fue el primero en romper el servicio de su rival, pero Dimitrov contestó de la misma manera, fundamentado su juego en los golpes largos. La ruptura definitiva se produjo con 5-4 y servicio del búlgaro. El jugador de Haskovo tembló, cometió dos dobles faltas y el mallorquín cerró la primera manga con un gran golpe de derecha que aterrizó sobre la línea.

Desde ese momento, su adversario tuvo claro que nunca podría escalar la montaña que tenía delante. La leyenda de Nadal siempre juega, y más en tierra batida; en Montecarlo el mito se hace inabordable. Rafa consiguió la primera victoria en 2005, cuando tenía 18 años (Dimitrov tenía 13). A partir de entonces, ocho triunfos consecutivos (tres contra Roger Federer y dos contra Djokovic), y tres títulos más en las tres últimas ediciones. En total, un récord de 67 partidos ganados y sólo cuatro perdidos.

Todo eso veía Dimitrov al inicio del segundo set, razón por la cual Rafa se puso 5-0 sin apenas oposición de su contrincante, que parecía agotado física y psíquicamente. Le quedó, eso sí, el honor de ganar un juego y despedirse sin el rosco que se llevó Thiem en cuartos. Finalmente, una hora y 32 minutos de partido, con 21 errores no forzados para el mallorquín y 39 para el búlgaro. Y un detalle muy significativo. Nada más terminar el partido, todavía en la pista, Nadal agarró su teléfono móvil y se puso a mandar un mensaje. Estaba dirigido a Carlos Moyá y le decía que tenían que practicar el drive en la primera pista disponible. A pesar de asegurarse la final, Rafa estaba enfadado por su rendimiento con la derecha.

Terminado el encuentro, Nadal fue entrevistado para la televisión. “Ha sido una gran victoria, ante un gran oponente y un buen amigo. El primer set fue duro. En el segundo, Grigor cometió demasiados errores. Voy a necesitar jugar mejor mañana, porque necesito más golpes agresivos de los que he conseguido. Mi cuerpo está bien, trabajo cada día con el fisio para recuperarme, y es evidente que me ayudan las victorias a dos sets. Vuelvo a la final y cada año es diferente, pero no pienso en los título, sólo en competir”.

Si quiere salir de Mónaco tal y como entró, como número uno del mundo, Nadal necesita llevarse la copa; de otro modo, Roger Federer ocupará el primer puesto a partir de la semana que viene.

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