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Wimbledon

Nadal gana el partido del morbo

Nadal silencia a Kyrgios con la templanza de su tenis. La cabeza fría del manacorí se impone al volcán australiano. Tres horas de excelso tenis (6-3, 3-6, 7-6, 7-6) para alcanzar la tercera ronda. Allí espera Tsonga

Que la seriedad hoy era otra se demostró desde el principio. Desde la primera bola al aire que Nadal lanzó con la convicción y la firmeza de quien ha levantado el Santo Grial del tenis en dos ocasiones. Ni resbalones, ni dudas, solo raquetazos ajustados y contrapiés que empezaban a desesperar a Kyrgios. Así empezó el encuentro en la Central de Wimbledon. El australiano, cuando quiso darse cuenta, ya había recibido un break, al siguiente parpadeo, perdía 4-1. Su imponente presencia, pendiente con diamantes y cuellos alzados al estilo Cantona, asustaba poco a Rafa. La paradoja era entonces que el tenis de Nadal y sus eternas pausas entre punto y punto, comenzaban a desestabilizar a Kyrgios, quien mascullaba entre punto y punto. El árbitro comenzaba también a sufrir su verborrea.

La bestia parecía entonces desperezarse, coincidiendo justo con el final del primer set. Fue a base de aces como intentó el australiano aferrarse a la primera manga. Mostrando además todo su catálogo, el más técnico y el más cómico. Con alguno de los primeros alcanzó los 230 km/h, con uno de los segundos intentó sacar a Rafa del partido y empezar a ganarse al público sacando por debajo. Nadal sonreía sarcástico. Y es que pese a coleccionar hasta cinco saques directos por ninguno del manacorí, el primer set cayó del lado de Rafa por 6-3 con un 92% de golpes ganados con su primer servicio (12/13) y hasta un 80% con su segundo (8/10).

El primer gran rugido de Kyrgios llegó al comienzo del segundo set. Fue tras un intercambio de golpes en el que Nadal llevaba la iniciativa y el australiano sobrevivía como podía al bombardeo. Le movía Rafa de un lado al otro y no encontraba resquicio hasta que Nick dio un paso adelante y soltó un paralelo tremendo para conseguir el primer break a su favor. Los gritos se repitieron en el siguiente juego tras una excelsa dejada que ayudó al australiano a remontar un 15-40. Con 3-0 en la segunda manga el Bad Boy se sentía el centro de atención. Pleno de confianza, las celebraciones del australiano iban en aumento, también los saques por abajo. Con el segundo puso el 4-1 en el marcador.

El partido se enredó a partir del séptimo juego de este segundo set. Después de que Rafa le devolviera el break, Kyrgios cargó contra el árbitro. Reclamaba el australiano una sanción para Nadal por su excesiva tardanza en cada punto y lo único que consiguió fue que el warning le terminara cayendo a él. Kyrgios seguía mascullando con Rafa ya preparado para sacar y el árbitro cortó por lo sano. Con el partido incendiado fue el australiano quien más rédito sacó. Así son a veces los genios, necesitan una chispa para inspirarse. Nick le hizo un segundo break a Nadal para devolverle el 6-3 de la primera manga. Con un primer saque cada vez más efectivo (79%) y cinco nuevos aces surgía un partido nuevo tras 75 minutos de encuentro.

En el tercer set la temperatura siguió subiendo. También la calidad del tenis. Rafa entró también en la pelea de los gestos, celebrando cada punto, alzando el puño, encendiendo al público a cada derecha ganadora, a cada paralelo que superaba en la red al australiano. Este no abandonaba su plan de ruta: Saques duros y directos para sumar hasta 9 aces en esta manga, subidas a la red y un catálogo de dejadas que por momentos levantó al público de su asiento. Con la tensión al límite se llegó al Tie-Break, cada uno defendiendo su servicio. En el ambiente el aroma de esta era la manga decisiva, la que desnivelaría la balanza. Lo sabía Rafa cuando saltó y bramó como si ya hubiera ganado el partido tras ajustar esa derecha ganadora, 7-6 (5) en el tercer set.

El cuarto comenzó con uno de esos puntos que han labrado la leyenda de Rafa, sea en la superficie que sea. Un intercambio de golpes eterno, en el que juega a las cuatro esquinas con su rival y termina con ese efecto bananero que hace imposible la estirada del contrincante, raqueta incluida. Para entonces Kyrgios se había olvidado de los gestos y las protestas y se había centrado en el tenis. También es muy bueno en esto. El australiano siguió exprimiendo su saque y volea y no rehuyó los intercambios de golpes cuando Rafa conseguía imponer su juego. A cada saque ganado por el australiano respondía con la misma contundencia Rafa. Así hasta el 6-6. Ambos se lo jugarían todo en un nuevo tie-break.

El regalo inicial de Kyrgios fue la pista definitiva. Pocas cabezas más privilegiadas que la de Nadal cuando acecha el abismo, cuando la tensión atenaza la muñeca y el corazón se acelera. Ahí volvió a demostrar el manacorí una templanza impropia del momento mientras Nick se desinflaba tras tres horas de magnífico tenis con un par de errores no forzados que ponían en bandeja el triunfo a Rafa. No lo desaprovechó Nadal para sumar su victoria número 50 en Wimbledon y avanzar hasta la tercera ronda. Tras cobrarse la venganza con Kyrgios, después de devolverle la derrota de 2014 en esta misma cancha, y ponerse por encima en el cara a cara (4-3) le espera Tsonga el sábado. Allí llega Nadal con un chute de moral tras ganar el partido del morbo.

 

 

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