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Roland Garros

Nadal-Federer: siempre nos quedará París

No es el duelo más repetido, pero sí el que más Grand Slams junta. Se ven las caras por 39º vez con balance favorable al balear (23-15). Roger y Rafa se citan en París camino de la final.

Hay frases que trascienden la pantalla de cine para instalarse en nuestras conversaciones, en nuestro día a día. La que Rick (Humbrey Bogart) le dice a Ilsa (Ingrid Bergman) en Casablanca es mucho más que el epitafio de su relación de amor. Es el recuerdo perenne de los días felices. Algo similar a lo que mucho tiempo después y separados por una red podrán repetirse Rafa Nadal y Roger Federer cuando salten a la Phillipe Chatrier hoy. Han pasado 14 años desde su primera vez en París, cuando la pasión desbordante por el tenis juntó a dos veinteañeros (Roger, 23 y Rafa, 19) en busca de la gloria. Después de conquistarla por todos los rincones del planeta se vuelven a ver las caras por 39º vez, de nuevo en unas semifinales. Más maduros y menos inocentes solo un sentimiento se mantiene inalterable: el amor por la raqueta. Ese es el motor que sigue moviendo una rivalidad que ha trascendido las canchas de tenis.

Antes de París ya habían tenido algunos flirteos previos. Miami fue en ambos casos testigo de excepción de esos escarceos. En 2004 Nadal dejó su tarjeta de visita en el panorama del tenis mundial con una victoria en tercera ronda al por entonces número uno del mundo, Roger Federer. El doble 6-3 en una hora y diez minutos de partido fue replicado al año siguiente por el suizo. En esa segunda ocasión se vieron las caras en la final (disputada entonces a cinco sets). Roger seguía siendo el número uno, mientras que Nadal había alcanzado el número 31 del ranking ATP. Los dos primeros sets fueron para el manacorí (6-2 y 7-6) y el tercero resuelto también en el tiebreak cayó del lado del suizo. Aquel fue el punto de inflexión del partido y Roger impuso su mayor veteranía en los dos sets posteriores (1-6 y 3-6) para llevarse la final en casi 4 horas de partido. Aquella victoria igualaba el head to head particular (1-1).

 


París entroniza una rivalidad


En ningún otro torneo, mucho menos Grand Slam, han cruzado tantas veces sus caminos. Con la de 2019 serán seis las ocasiones en que la arcilla de París haya albergado la mayor rivalidad en la historia del tenis. Solo hay que escuchar a ambos para entenderlo: “Es otro episodio entre nosotros y estoy feliz. Será especial porque esto no es para siempre e intento darme el máximo número de oportunidades posible de jugar partidos como este”, comentaba Nadal. “Estoy contento de jugar contra él, porque si quieres lograr algo en la arcilla, inevitablemente tendrás que pasar, en alguna etapa, por él. Rafa es muy fuerte y estará allí”, replicaba Federer, tras tres años sin pisar la tierra. El reto es mayúsculo para Roger Federer, que puede encontrar en los números una losa o una motivación extra para superarse. Nunca ha ganado a Nadal en París (5-0) tampoco son mucho más favorables su estadísticas en tierra batida. Solo en dos ocasiones de quince enfrentamientos entre ambos ha conseguido derrocar a Rafa sobre arcilla, de la última hace más de una década.

Que Rafa iba a ser un dolor de cabeza continuo lo descubrió Roger bien pronto. Ya en aquellas semifinales de 2005, con ambos luciendo melena y Nadal ataviado con ese look de pirata, entendió el suizo que enfrente había aparecido un monstruo. Luchaba entonces Federer por hacer pleno en Grand Slams y solo le faltaba la Copa de los Mosqueteros en su museo. Pero aquel pipiolo de 19 años que ya venía anunciando en lo que se convertiría (cinco torneos y 17 partidos consecutivos ganados sobre arcilla antes de ese Abierto de Francia) le apartó de su sueño en semifinales. Necesitó Rafa tres horas de partido y cuatro sets (6-3, 4-6, 6-4 y 6-3) para volver a ganar al número uno del mundo. Fue la antesala de su primer título en París y un aviso para navegantes: La tierra era suya.

Algo que se confirmó en 2006 y 2007. Convertido el tenis en un duopolio, Roger y Rafa se encontraron de nuevo en París, pero esta vez en la Final. Con el título en juego no le tembló el pulso al defensor de la corona para volver a negar a Federer la Copa de los Mosqueteros. La partida táctica y psicológica se resolvió a favor de Nadal después de un inicio fulgurante de Roger (1-6, 6-1, 6-4 y 7-6) en algo más de tres horas de partido. En ese 2006 todo lo que jugaron en tierra (Montecarlo, Roma y Roland Garros) cayó del lado de Rafa. La hierba de Wimbledon y la pista dura de la Copa de Maestros fueron los refugios de Roger.

La historia se repitió en 2007, cuando París volvió a albergar la batalla definitiva. Nuevamente en cuatro sets (6-3, 4-6, 6-3 y 6-4) y algo más de tres horas Rafa alzó su tercer Roland Garros consecutivo imponiendo una tiranía que empezaba a amenazar el récord de otro mito, Bjorn Borg. Alguno que otro había saltado ya por los aires después de alcanzar las 81 victorias consecutivas sobre arcilla. Racha a la que puso fin en la final de Hamburgo 2007 frente a Roger Federer, una semana antes de Roland Garros. Era la primera vez que el suizo le ganaba en tierra batida.

2008 fue el año de Nadal. Cuatro veces se vieron las caras él y Federer y cuatro fueron las victorias para el manacorí. La excelencia la acarició en París (antes le había derrotado en las finales de Montecarlo y Hamburgo) en la derrota más dura que jamás haya sufrido el tenista suizo. Rafa se había plantado en la final sin perder un set y arrasó a Roger, convertido durante poco más de hora y cuarenta y cinco minutos en un pelele que corría detrás de la bola (6-1, 6-3 y 6-0). Nadal logró alzarse con su cuarto título consecutivo en el Abierto de Francia, igualando el récord de Borg y la derrota dejó secuelas en Federer. Tanto que perdió incluso en el jardín de su casa, Wimbledon, un mes después en la final catalogada por Sports Illustrated como “El mejor partido de la historia”. La onda expansiva llegó al siguiente duelo entre ambos, en el Australian Open 2009, donde se volvió a imponer Rafa, mientras Federer entre sollozos dijo aquello de “Dios, esto me está matando”.

La última ocasión que la Phillipe Chatrier había disfrutado del genio y del tenis de Rafa y Roger fue en 2011. Para entonces Federer ya había alzado la Copa de los Mosqueteros, en aquel fatídico 2009 para Nadal. El de Manacor terminó levantando su sexto título en París (con lo que igualaba el récord de Borg) después de otra final en la que la cabeza de Rafa se impuso en los momentos determinantes del partido (7-5, 7-6, 5-7 y 6-1). La Phillipe Chatrier era territorio vetado para Roger cuando enfrente aparecía Nadal. Han pasado ocho años desde entonces, han mediado lesiones y ausencias, y ambos han sido capaces de evolucionar su tenis para combatir y sofocar la revolución de los más jóvenes.

 


El (pen) último episodio


El tenis vuelve a regalarnos a nosotros y a ellos un duelo de época. Una rivalidad macerada a lo largo de los años que apenas ha conocido desencuentros (críticas de Roger a Toni Nadal o el enfrentamiento por la computación de los puntos en el ranking ATP) y que se ha afianzado con grandes gestos fuera incluso de las canchas de tenis. Pero ahora todo se vuelve a dirimir en ese rectángulo rojizo al que ambos llegan en el ocaso de sus carreras, conocedores de sus fortalezas y debilidades, con menos capacidad de sorpresa.

“Todos nuestros partidos han sido especiales, pero este, a estas alturas de nuestra carrera, lo es un poco más”, resumió Rafa el martes, quien volverá a martillear a diferentes alturas el revés a una mano del helvético para sacar ventaja. Rápido de piernas y afilado en sus golpes durante todo el torneo, volverá Nadal a buscar la profundidad de su drive para que Roger no suba a la red. Algo que ha hecho mucho y bien en esta edición el suizo, que de 175 subidas ha ganado 129, el 74%. Federer ha superado a cinco jugadores diestros para alcanzar las semifinales, por lo que el planteamiento será en esta ocasión diferente: “Antes detestaba jugar contra los zurdos. Ahora me encanta, porque es un desafío. Y dentro de esos partidos, contra Rafa es el más duro que puedes afrontar”, confesaba el suizo.

Pocas cosas le pueden quedar por hacer a Federer en el mundo del tenis y uno de ellas es vencer a Rafa en París. Reto mayúsculo si se observan no solo los enfrentamientos particulares entre ambos (23-15 a favor del español), sino también las estadísticas de Rafa sobre polvo de ladrillo. Nadal tiene el mayor porcentaje histórico de victorias en esta superficie (92,02%) y 25 títulos logrados en tierra sin ceder un solo set. Federer se aferra a los últimos cinco encuentros entre ambos pues todos cayeron de su lado, incluida una final de Grand Slam (Australia, 2017). Su última derrota frente a Nadal data de las semis del Abierto de Australia en 2014. No obstante, la del viernes será otra historia, quién sabe si el epílogo de una rivalidad que ha marcado nuestras vidas y que ha llevado al tenis a otra dimensión. Pase lo que pase, cuando estrechen sus manos al final del encuentro, y uno de los dos se marche como vencedor, podrán decirse aquello de “siempre nos quedará París”.

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