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Tenis

El nuevo récord de Rafa Nadal: 33 títulos de Masters 1.000

Derrotó a Tsitsipas por 6-2 y 7-6 (4), y alcanzó en Toronto los 80 triunfos en su carrera, algo que sólo han logrado Connors, Lendl y Federer.

Rafael Nadal es la maravilla que no cesa. No le afectan los años (32) ni la pujanza de las nuevas generaciones. El número uno mundial sumó su cuarto título en Canadá al derrotar en la final al griego Stefanos Tsitsipas por 6-2 y 7-6 (4), y conquistar su título 33 en los Masters 1000, tres más que Novak Djokovic y seis por encima de Roger Federer. Con esta victoria, Rafa ya es el cuarto jugador de la historia que alcanza los 80 torneos ganados (80-36 en las finales), hazaña que solo han logrado Jimmy Connors, Ivan Lendl y Federer.

Su adversario, que hoy cumplía 20 años, está llamado a ser una de las estrellas del futuro. Pero el futuro todavía no ha llegado. Desde el primer momento, Nadal fulminó las expectativas de un tenista al que ya venció en la final del Godó. Entonces, Tsitsipas era el 63º del mundo y de Toronto saldrá entre los 15 primeros del ránking. Su progresión es evidente y probablemente imparable. Antes de la final, había derrotado a Anderson (salvó una bola de partido), Alexander Zverev, Djokovic y Thiem, todos candidatos potenciales.

Con Nadal fue otra historia. Si el mallorquín está en forma, y lo está, hay pocos jugadores que le puedan plantar cara, muy pocos más allá de Djokovic y Federer, sus rivales eternos. Tsitsipas comprendió pronto que aún se encuentra lejos de formar parte de la Liga de los Hombres Extraordinarios. En el segundo saque ya perdió su servicio y, a partir de ese momento, la primera manga fue un penar. Rafa le castigaba con golpes liftados a su revés a un mano, la misma tortura que aplicó a Federer durante tantos años. No solo imponía su experiencia, también sus piernas, esa determinación abrumadora.

 


El primer set se lo llevó por 6-2 y en el segundo arrancó con un break que nos engañó a todos. Imaginamos un triunfo fácil, coser y cantar. El griego parecía afligido y Rafa agigantado. Pero el tenis es un deporte fascinante, capaz de alterar el ánimo de los contendientes en un solo punto. El número uno servía con 5-4 en el marcador para cerrar el choque y, en ese instante, se le nubló el entendimiento, como si hubiera apagado la luz antes de abandonar la habitación. Le entraron las dudas que no había tenido y Tsitsipas encontró certezas desconocidas; rompió a su rival, empató a 5-5 y después se puso por delante por primera vez: 5-6. Hasta dispuso de una bola de set que nos hubiera introducido en una dimensión desconocida. Aunque estuvo contra las cuerdas, Nadal aguantó el tipo, agónicamente, porque la agonía es su superficie favorita. Forzó la muerte súbita y allí sobrevivió.

Hay que aplaudir la aparición del tenista griego, pero si ponemos en contexto la brillante proyección de Tsitsipas observamos que los grandes tenistas y los mitos habitan en mundos distintos. Antes de cumplir los 20 años, Rafa había ganado ya un Roland Garros. A los 17 consiguió su primera victoria sobre Federer (Miami) y en agosto de 2005, con 18, ganó su primer título ATP en Sopot (Polonia). Pocos meses después se convirtió en el campeón de la Davis más joven en ganar un partido en la final (ante Estados Unidos). La precocidad también es un concepto relativo.

Hacía cinco años que Rafa Nadal no ganaba un título de Masters 1.000 en pista dura. El último fue en Cincinatti en 2013, precisamente en su mejor temporada sobre cemento; a continuación, se impuso en Toronto y en el US Open.

Este es el quinto título en la presente temporada de Nadal, que es el primer tenista que se asegura su participación en el Masters de Londres (Nitto ATP Finals). Antes de esa cita, Nueva York asoma en el horizonte. Una nueva oportunidad para afrontar el desafío que menos comenta y más le obsesiona: recortar la distancia con Federer en títulos del Grand Slam (20-17).

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

2 Comments

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