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La Tribuna de Brian Clough

Newcastle, West Ham y vivir en el pasado

Ambos clubes podrían ser considerados sleeping giants, gigantes dormidos, esperando a que alguien o algo les desperece del letargo en el que están sumidos.

Debe resultar agotador. La vida demanda su atención cada día, pero quien se pasa el tiempo anclado en el pasado, revisándolo tan frecuentemente que no sale de allí, vive casi una doble vida. No debe quedar tiempo para mirar al futuro ni para disfrutar de lo bueno ni arreglar los problemas que el insistente presente trae. Y así viven los hinchas del West Ham United y del Newcastle United, clubes en apariencia dispares, pero que tienen en común creer que son más grandes de lo que realmente son, simplemente porque un día lo fueron.

Entiéndame, no le voy a negar a un aficionado soñar con cosas mejores – de hecho, lo sugiero, porque ¿qué sentido tendría el ir día a día a apoyar un equipo si solo esperamos no descender?-. Siempre debe caber el sueño de un triunfo, de ganar una FA Cup, como hizo el Wigan Athletic de Roberto Martinez, o dar la campanada y ganar la Liga como el Leicester City de Ranieri. Pero para poder soñar con esos triunfos hay que vivir el presente e intentarlo.

El Newcastle United se sitúa en el Noreste de Inglaterra y suele ser el club más norteño. No tiene rival en la ciudad y su rival más próximo y encarnizado, el Sunderland, esta a unos 25 kilómetros de distancia. El West Ham juega en Londres, ahora en la zona central aunque tradicionalmente jugaban en el Este de Londres. Pese a su nombre (“Ham” no tiene nada que ver con los derivados porcinos, sino que significa terreno seco, entre 2 ríos o pantanos) y si algo tiene en Londres son rivales en todas las categorías: el Tottenham en la Premier y el Milwall para toda la vida, con choques que han sido tenidos de hooliganismo continuamente.

Y hasta ahí sus diferencias. El Newcastle tuvo su periodo de gloria, y cuenta en sus vitrinas con 4 ligas (la ultima en 1926), 6 FA Cup (la ultima en 1955) y una Copa de Ferias, precedente de la UEFA, en 1969. El West Ham tiene 3 FA Cup (1964, 1975 y 1980) y una Recopa de Europa (1965). No es exagerado decir que hace una vida que no ganan nada; sí es exagerado decir que se trata de clubes grandes –no confundir grande con histórico ni grandeza con riqueza-.

Más cosas que tienen en común son los problemas con los propietarios. El Newcastle United parece estar, una vez más, en un proceso de venta. Los cínicos dicen que Mike Ashley, el dueño, filtra una posible venta para que los abonados renueven una temporada más, ilusionados con su posible salida. La animadversión de los hinchas con Mike Ashley es la falta de inversión en el equipo y en el club en general. Hasta el fichaje de Almirón este enero, el récord de fichajes del Newcastle era Michael Owen cuando dejo el Real Madrid. Por poner esto en perspectiva, casi cualquier club de la Premier League bate su récord de fichaje cada verano, a veces en repetidas ocasiones. El interés de Ashley en el Newcastle está en la publicidad para su empresa, pues ha renombrado el estadio como “SportsDirect.com @ St. James’s Park”, un autentico trabalenguas. Además, se contrata gratis la publicidad estática (justo el modelo inverso al Manchester City cuando quiere burlar las reglas de FPF) y este es uno de los problemas que cualquier comprador del club encuentra: Ashley quiere mantener su publicidad y gratis.

El West Ham United fue comprado por David Sullivan y David Gold hace 9 años, siendo anteriormente propietarios del Birmingham City. Junto a ellos esta la figura de Karren Brady, también en sus días de Birmingham, una pionera entre las mujeres directivas de futbol en Inglaterra, especialmente en la Premier. La temporada 2018-19 acabó con mucha más tranquilidad, pero durante la anterior los hinchas protestaron por el cambio de estadio (del tradicional Upton Park al Estadio Olímpico) y los pésimos resultados del equipo, llegando a haber una invasión de campo durante un partido (el marcador era 0-3 a favor del Burnley) y amenazas a Gold y Sullivan.

La paz social ha llegado de la mano de los entrenadores. Rafael Benítez es un ídolo de la afición como lo fue en su día en Liverpool. Los aficionados, sabedores de la alergia a gastar dinero del propietario del club, nunca culpan a Benítez si hay malos resultados. El equipo, ascendido hace dos temporadas, apenas ha tenido modificaciones en su plantilla y es considerado entre los medios, comentaristas y aficionados como un “equipo de Championship al que mantiene en la Premier un gran entrenador”. Por su parte, el West Ham ha encontrado en la figura de Manuel Pellegrini palabras de tranquilidad y ánimo, a pesar de que la pasada temporada empezó con tres derrotas y un calendario complicadísimo. Entre los medios se preguntaban si el West Ham podría ganar un partido antes de noviembre.

De cara a la temporada que viene, Pellegrini va a recuperar a Lanzini, lesionado de larga duración, y ha fichado a Fornals. Seguramente aun cuente con el nuevo internacional inglés Declan Rice, Felipe Anderson -fichaje que se adaptó inmediatamente– Yarmolenko, que se lesiono de gravedad nada más empezar. Con los retoques adecuados puede ser un equipo muy interesante.

El Newcastle es otra cosa. Si la venta a Bin Zayed Group (con base en Dubai) se culmina antes del fin de junio como se ha publicado, la plantilla puede cambiar drásticamente y es probable que Benítez no siga, pues Mourinho, atraído por el irresistible olor a petrodólar, se ha ofrecido a coger al equipo. Lógicamente, solo si se produce la venta. Mourinho no tiene la menor intención de tomar las riendas de un equipo que se las ve y se las desea para no descender.

Y más allá de esta temporada, ¿podrían esos días de grandeza volver o comenzar? El Newcastle United esta todas las temporadas entre los 20 clubes más ricos del mundo, cuenta con un estadio con capacidad para más de 52.000 espectadores, una afición fiel como muy pocas y una ciudad volcada con su único equipo. Las bases están ahí, como las del West Ham, con una de las canteras más fuertes de Inglaterra y sus 60.000 espectadores en el London Stadium.

Ambos clubes podrían ser considerados sleeping giants, gigantes dormidos, esperando a que alguien o algo les desperece del letargo en el que están sumidos.

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