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Opinión

Ni padre entrenador ni padre mánager, simplemente padre

Carles Ruf analiza el rol de los padres en la educación deportiva de los niños a la hora de practicar deportes, cualquiera que fuese.

Llegar a lo más alto no es fácil, no sólo basta con ser alto, fuerte o rápido. Requiere de un talento especial, tanto para entender el juego, como para la carga de trabajo, además del compromiso y cuidarse físicamente.

Hay un añadido: el stress y la presión ejercida por los padres. En mi carrera he visto aberraciones de padres siendo muy duros con sus hijos, castigándolos e incluso insultándolos si no jugaban bien. Dándoles consejos, gritándoles desde la grada que tiraran o metiéndose con compañeros por que no le pasaban el balón. O ya en el colmo de la mala educación, insultando al entrenador por no sacar a la cancha a su hijo y vejando al árbitro por no pitar aquella falta que «sólo ha visto él». Por no decir quien llama «guarros» al contrario.

Presión, presión y más presión para nuestros hijos, que ya no saben si obedecer al entrenador o a papá con tal de escucharlo en el coche de vuelta a casa.

Un consejo, dejad disfrutar a los chicos, en su grupo, y con las decisiones de sus entrenadores, que no les entrenan para ganar ningún título. ¡Les están enseñando a jugar y a actuar como grupo! Al igual que son proyectos de hombres y mujeres, son proyectos de deportistas. Necesitan sentirse valorados como deportistas. Tanto en los partidos, jueguen 30 ó 5 minutos y metan 25 ó no metan puntos, como en cada entreno, en cada esfuerzo, en cada choque de manos y aplauso de ánimo. Y también en cada derrota…

A eso se le llama cultivar la ilusión y el amor por un deporte. No hagamos que lo odien antes de tiempo. No les metamos presión, al revés. Disfrutemos de sus aciertos y sus errores.

Lo único que podemos hacer presionándolos, tal y como es la vida de hoy en día, es que no quieran tocar un balón nunca más. Se acabó aquello de «el niño os va a retirar». Que juegue y disfrute. La experiencia no la van a aprender en ninguna escuela, ni en ninguna clase. Mejorad su autoestima, su felicidad y su capacidad de buscarse metas por ellos mismos, no por qué un adulto se las exija. El único que busca el reto de superación es el propio jugador, motivado por sus entrenadores y el ambiente del equipo.

¡Qué grandeza la de un juego, en la que todos ganan o todos pierden! Como decía sabiamente un entrenador: «En el marcador pone LOCAL-VISITANTE, no FULANITO-MENGANITO».

Y para muestra os dejo a este entrenador en una rueda de prensa maravillosa

209 centímetros de deportista con un periplo vital importante. Español de origen finlandés y residencia catalana, el que fuera pívot del Joventut promete ser una de las revelaciones entre los columnistas de 'A la Contra'. Personaje divertido e imprevisible, esconde bajo su fachada a un tipo culto que disfruta tanto conversando con profundidad de cualquier tema como tocando su armónica. Puro rock'n'roll.

1 Comment

1 Comment

  1. Josefina Trujillo

    26/03/2018 at 10:26

    Genial el artículo!!! Ojalá la mayoría de los padres lo leyeran y se dieran por aludidos. Las aberraciones que he llegado a oír y ver en los partidos de fútbol por parte de los padres, no se pueden ni nombrar. No es la manera de educar ni de enseñar unos valores que cualquier deporte de equipo tendría que potenciar. Nuestros hijos juegan para divertirse, para fomentar los valores de compañerismo, no-discriminación… En el fondo, el deporte tendría que ayudar a que se creara un mundo mejor y más igualitario.

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