¡Síguenos!
Mundial femenino

Mundial de Francia

No hemos entendido nada

Increíblemente –o no tanto-, la final del Mundial femenino de fútbol coincide con otras dos finales de los hombres, lo que se suma a una larguísima lista de desplantes de la FIFA, una organización nociva para el deporte.

Da la sensación de que el Mundial femenino de fútbol que se disputa en Francia es el que más debate ha generado en el mundo. Después de todo, vivimos tiempos en que los movimientos feministas parecen dispuestos a no cesar en su lucha por la igualdad de derechos y en los que, además, los hombres parecemos estar un poco más dispuestos a ser autocríticos o, simplemente, a cerrar la boca cuando nuestra opinión no es relevante.

Son justamente estos movimientos, a través de sus representantes, los que nos han mostrado —porque, muy probablemente, no nos hubiéramos dado cuenta solos— la vergonzosa realidad que viven las jugadoras profesionales de fútbol en el mundo en comparación con sus pares masculinos. La brecha salarial es aún más amplia que la existente en otros mercados, lo cual no necesariamente refleja la calidad de las deportistas. El caso paradigmático es el de los Estados Unidos: el equipo femenino, tricampeón mundial, una vez finalista, tres veces tercero, con cuatro medallas olímpicas de oro y ocho torneos CONCACAF, recibe mucho menos dinero que el masculino, cuyos logros deportivos son insignificantes.

El caso de la noruega Ada Hederberg, la mejor jugadora del momento, que decidió no jugar el Mundial con su país en protesta por la brecha salarial es otra muestra de que las cosas se siguen haciendo mal aúnen los países más desarrollados del mundo. Si en Noruega es así, ¿pueden imaginarse cómo es aquí, en el Perú?

La razón que esbozan los “expertos” (todos hombres, por supuesto) es que los sueldos de los jugadores obedecen estrictamente a la ley del mercado: si genero mucho dinero, gano mucho dinero. Debemos recordar que el mercado no es algo totalmente abstracto: está conformado por personas, en su mayoría hombres, que obedecen, a su vez, a reglas y comportamientos sociales construidos históricamente por el patriarcado. Con todas sus letras: como casi todo en el mundo, el mercado también es machista.

Los canales de televisión lo tienen todo muy claro. Las mujeres, al no movilizar las inmensas masas que sí moviliza el fútbol masculino, no generan tantos ingresos para los medios, por lo que no retransmiten la mayoría de partidos. Pero, ¿qué pasa si la audiencia, en efecto, está cambiando, y cada vez más gente quiere ver fútbol femenino? ¿Se enterarán los medios de comunicación?

En el Perú, por ejemplo, el canal Latina, de señal abierta, tiene los derechos del Mundial femenino. Pero vaya usted a buscar el partido en vivo y no a las tres de la mañana, en vez de la telenovela coreana. ¿Cómo puede alguien quejarse de que el fútbol femenino no tiene rating si ni siquiera ha intentado pasar los partidos en vivo? Lo más ridículo es que, como Latina tiene los derechos, ninguna otra señal puede realizar las retransmisiones.

Los medios tradicionales –en todo caso de este lado del planeta— siguen viviendo de espaldas al mundo, pero vamos, eso no tendría que sorprendernos. Pero que la organización que se encarga de manejar el fútbol mundial también viva de espaldas… tampoco debería sorprendernos. Después de todo, hablamos de la FIFA, una de las organizaciones más corruptas del mundo, plagada de hombres viejos, inmorales, mafiosos, machistas. En una de sus más recientes arremetidas contra la mujer, la Conmebol y la CONCACAF (por medio de sus presidentes hombres, obviamente) programaron las finales de la Copa América (Sudamérica) y la Copa de Oro (Centro y Norteamérica) ¡el mismo día que la final del Mundial femenino! No es broma.

Las mujeres, como siempre, deben remar mucho más que los hombres por conseguir lo mismo. La lucha no consiste en buscar privilegios, sólo derechos. Los mismos sueldos, la misma cantidad de pantalla, el mismo respeto. No parece demasiado pedir.

Me pregunto, como lo ha hecho ya el sociólogo argentino Pablo Alabarces: ¿Será que el fútbol cambiará, por fin, una vez que las mujeres reemplacen a los dinosaurios y dirijan la industria? ¿Será que la única manera de dejar atrás tantas y tan históricas taras es, de una vez por todas, ceder el poder que hemos tomado por asalto? Todo parece indicar que sí, y supongo que dos mil años de opresión nos lo deberían haber demostrado ya. ¿Y si comenzamos por el fútbol, ese maravilloso fenómeno social que tiene el poder de unir a la gente? Ya estamos tarde, pero siempre hay tiempo.

Periodista y defensa central que no le teme al choque, salvo el que le planteó la realidad. Entrenador top en Football Manager. Lejano y solitario aficionado de la Fiorentina gracias a un melenudo llamado Gabriel Omar. Vive el fútbol como su país le enseñó: con taquicardia y el ceño fruncido. Trabajó en AS durante un año y ahora está de vuelta en Lima, su ciudad, donde escribe para una revista local, y desde donde intentará contarnos qué pasa en esas latitudes (o cómo se ve desde allí el otro lado del mundo).

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Mundial de Francia

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies