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Opinión

La obsesión por los culpables

No queremos admitir que, en ocasiones, se pierde porque toca perder, sin que exista un error humano que actúe como desencadenante.

Montella, entrenador del Sevilla... por pocas horas. CORDON PRESS

Perdió el Sevilla contra el Barcelona y la culpa es de Montella. O de Nzonzi. La responsabilidad es tan evidente como la de Valverde en el desastre de Roma, tan clara como la que adjudicaremos a Zidane en caso de eliminación contra el Bayern. Necesitamos culpables para explicar la derrota y para recomponer el mundo hecho pedazos. También para liberarnos del fracaso de nuestra expectación desmedida y para no dejar de tener razón. No queremos admitir que, en ocasiones, se pierde porque toca perder, sin que exista un error humano que actúe como desencadenante. A veces, simplemente, te ganan. Y ahí debería finalizar el análisis de lo ocurrido, ustedes disculpen, pero el noticiario durará hoy diez minutos menos.

No es posible. Después de convertir el juego en objeto de estudio científico ya no se puede dar marcha atrás; cualquier explicación sencilla será tomada como un acto de ignorancia o, lo que es peor, de neutralidad. El espectáculo exige tramas complejas y culpables diáfanos.

Está feo decir que el Barcelona perdió en Roma por la sencilla razón de que le tocaba perder, porque tuvo el mal día en la peor noche, porque le reventó la estadística en la cara y porque estas cosas pasan. Pero así fue. No fue culpa de Valverde, menuda tontería. Tal vez, si acaso, fue culpa del éxito prolongado que ha propiciado Valverde, lo que nos lleva a una frase que me repito cuando llueve y, especialmente, cuando hace sol: “No hay nada que tanto amenace ruina como la felicidad”.

Y qué comentar del Sevilla. Perdió contra el Barça porque era la opción más probable sin que tenga una influencia significativa el planteamiento de Montella, enjuiciado —y condenado— a partir del resultado. ¿Acaso fue Montella quién motivó a Iniesta? Es penoso observar cómo hay dirigentes que tratan de limpiar ahora su conciencia, la que no tuvieron en consideración cuando en vísperas de Nochebuena despidieron a un entrenador recién operado de un cáncer. Saludos, señor Berizzo.

En la esencia del juego, antes aún que la victoria y la derrota, está la suerte, incluida en proporciones variables, pero presente en cada modalidad. El entrenamiento y el talento minimizan la importancia del azar, es obvio; sin embargo, nada lo anula. Y esto es lo que irrita a los científicos de la nueva era: siempre hay un número que no les cuadra.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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