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Totti besa el escudo de la Roma, durante un homenaje el pasado mes de noviembre. Foto: Cordon Press

Fútbol

One Club Men: un amor para toda la vida

Quizá lo único que nos puede traer tan de cabeza como el fútbol sea el amor. ¿Cómo puede ser que a algunos les dure tanto la pasión? Aquellos que vistieron una sola camiseta tienen la respuesta.

Dicen que el amor es irracional. El primero, coincidimos todos, suele ser apasionado. Los de verano, frenéticos por venir con fecha de caducidad. Las segundas oportunidades tienden a finales dramáticos. Y los que llegan por casualidad suelen ser caprichosos, como el destino. Pero cada vez son menos los que duran toda la vida en estos tiempos de instantaneidad a golpe de redes sociales. Los psicólogos recomiendan mantener viva la llama, aunque el principal problema para la mayoría es reinventarse cuando la monotonía atenaza nuestras acciones. Los científicos suelen estimar la duración de la necesidad fisiológica del amor en tres años, antes de que la obsolescencia programada nos desconecte. Aunque hay pasiones capaces de perdurar en el tiempo si se canalizan a través de un balón y se tiñen con los colores de un equipo. Es cierto que incluso estas se han declarado ya en peligro de extinción, por eso hemos querido rescatar en este San Valentín a un puñado de jugadores que declararon su amor eterno a un club y cumplieron su palabra. Porque ¿a quién no le gusta un final feliz?

Tratándose de amor había que empezar por Roma. Ninguno de los protagonistas que desfilen por estas líneas habrán atesorado tantos quilates, tampoco tantas novias, como Francesco Totti. El suyo es un amor de juventud, un amor platónico y a la vez realizable. El sueño redondo del hincha que salta de la grada al campo, de la Curva Sud al centro del Olímpico. Que pasa de aclamar a sus ídolos a ser él el idolatrado. Es la epopeya de Roma por más que se pierdan batallas, por más que el Imperio sea ya un recuerdo lejano, por más que su grandeza no se explique desde la sala de trofeos. ¿A quién le importa la cuenta corriente cuando se tiene el corazón lleno? Francesco prefirió erigirse rey de Roma, hacer disfrutar a los suyos y dar portazo a los placeres ajenos. Esa fue su mayor victoria, no caer en la tentación, y convertirse así en el cordón umbilical que conecta el fútbol con la Ciudad Eterna. ¿Acaso hay algo más grande?

Quizá se traten de eslabones perdidos de la evolución humana o de los verdaderos revolucionarios de nuestro tiempo. Resulta que hoy lo contracultural es llevar toda la vida saliendo con la misma chica, a nadie se le ocurre acudir a todas las citas con idéntica indumentaria y mucho menos repetir, una y otra vez, el lugar de esa quedada. “Eso es porque nunca has estado en Anfield Road”, podría decir Jamie Carragher, donde además te reciben con una balada, You’ll never walk alone, que rápidamente se convierte en el tema principal de la banda sonora de tu relación. Así fue durante más de 700 partidos y 17 temporadas para el canterano, primero, y el capitán después. El hombre que levantó la quinta Copa de Europa del club, pero que no pudo alzar en toda su vida una Premier. Ya se sabe, no hay amores perfectos.

Será por el cuidado que tienen a la tradición, por ese carácter insular o por su tendencia a ir a contracorriente de todo y de todos, pero el caso es que fue en las islas británicas donde se acuñó el termino. Allí nacieron los One Club Men, hermoso epitafio que recuerda el amor de una vida y a un fútbol que ya se fue. Lo hizo a la velocidad con la que Ryan Giggs corría la banda, mientras burlaba defensores y se convertía en el diablo más longevo de los Red Devils. Nadie fue más aplicado que él en aquella clase del 92 en las asignaturas correspondientes a la lealtad y la entrega. Quizá por ello el destino le correspondió con una vida plena en triunfos y trofeos: 36 títulos entre los que sobresalen 13 Premier League, 2 Champions y 2 Mundiales de clubes, en las 24 temporadas que se subió a las tablas del Teatro de los Sueños. Giggs, con Ferguson como padrino, los cumplió todos.

Hasta en las rivalidades más extremas encontramos declaraciones de amor y nuestro fútbol no ha sido una excepción. El Madrid – Barça también puede explicarse a través de los One Club Men en la figura de dos de sus capitanes más míticos. Especialmente significativo resulta el caso de Carles Puyol, un futbolista al que su corazón, su esfuerzo incombustible y su entrega diaria le hizo ser el capitán del mejor Barcelona de la historia. Un tipo como él, que ya desde sus primeros días vestidos de azulgrana parecía tan alejado del estilo y de las exigencias que se demandaban en la retaguardia culé, supo suplir con toneladas de amor propio y grandes dosis de sacrificio los obstáculos que le puso el destino. Porque Puyol estuvo con el Barça en la riqueza y también en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, amándole y cuidándole hasta que una lesión en la rodilla les separó. Carles nos enseñó a todos que no se trata de querer mucho, se trata de querer bien.

¿Y qué decir de Manolo Sanchís? El suyo fue un amor paciente, de los que fermentan en las viejas tradiciones familiares. Hijo de capitán del Madrid, criado al albur de la movida madrileña y lanzado al estrellato por la Quinta del Buitre. Fue, posiblemente, el primer central que pensó con la pelota y prefirió el pase al patadón. En sus 18 temporadas vestido de blanco fue también un puente entre generaciones, la que dejaba atrás el fútbol de los 80 y se abría paso al negocio de finales de siglo, todo ello bajo la mirada de un capitán que nunca necesitó el brazalete para ejercer como tal. Después de 720 partidos consiguió exorcizar todos los fantasmas que durante 32 años atemorizaron al Madrid. Levantó la Séptima en Amsterdam y la Octava en París. Después se retiró, consciente de que todo había merecido la pena.

Una cuestión familiar resultó también el amor de Paolo Maldini con el Milan. Hijo de Cesare (el primer capitán que levantó la Copa de Europa para el AC Milan), Paolo debutó en 1985, con tan solo 16 años, aunque fue Arrigo Sacchi quien le haría un hombre. Durante 24 años el carril izquierdo de San Siro tuvo dueño y desde ese flanco se valió para liderar una defensa que convirtió en muro junto a nombres como Baresi, Costacurta, Tassotti, Nesta, Cafú, Stam o Thiago Silva. Tras la retirada de Baresi se convirtió en el capitán de los rossoneros. Sus 5 Champions y 7 Scudettos escenifican la mejor época del Milan que abarca de Sacchi a Ancelotti, pasando por Capello. Todas ellas con el ‘3’ en el campo, un número que representa como ningún otro la fidelidad en Milán.

Aunque si alguna vez hubo un número que tendió hacia el infinito, que representó el amor eterno, ese fue el ‘8’ del Athletic Club. En Lezama habían perfilado una perla, una más, pero aquel era un Rey León diferente. El eco de sus rugidos empezaron a resonar muy pronto en un fútbol que comenzaba a amplificar sus altavoces a través de los medios de comunicación y en el que el márketing ganaba terreno. No necesitó Guerrero más campañas que su juego, al tratarse de un mediocentro de toque exquisito, llegador y con buen golpeo de balón, no exento de esa garra tan apreciada en el Botxo. Todo ello aderezado con una cara angelical y una media melena que introdujo al fútbol español en una nueva era, la de los metrosexuales (aunque el término tardara aún más en llegar a España). Julen Guerrero permaneció fiel al Athletic por más ofertas que cada verano llegaran a través de la ría provenientes de toda Europa. Así se convirtió en la bandera de los bilbaínos en su vuelta a la Champions, justo el año del centenario del club (1998). Su papel perdió protagonismo en los años posteriores lastrado por las lesiones y se retiró en silencio en 2006, con 32 años, siendo ejemplo y referente de la filosofía del Athletic en plena Era Bosman.

Como si de un derbi vasco se tratara también saben en Donosti que a orillas de La Concha el amor tiene otros matices. Por allí pasea habitualmente el último representante de nuestro fútbol que vistió una sola camiseta. Xabi Prieto no conoció otros colores que los blanquiazules de la Real Sociedad hasta que puso punto y final a su trayectoria como futbolista el pasado mes de junio. En sus 15 temporadas como Txuri Urdin pasó por todos los estados: aficionado, recogepelotas, canterano, jugador del primer equipo, ídolo, capitán y leyenda. Su relación con la Real no se resintió por el descenso a Segunda. Todo lo contrario, salió fortalecida en carácter y en liderazgo. La clase ya la tenía. Y así capitaneó el resurgir de los Txuri Urdin hasta alcanzar con el club de su vida la Champions League. Lástima que la batalla contra el tiempo no le permitiera vivir desde el césped ese Atocha 2.0 en que están convirtiendo Anoeta. Pero los ojos le brillan igual desde la grada.

Casi tanto como le brillan a Pablo Sandoval (Guillermo Francella) cuando intenta explicar a Benjamín (Ricardo Darín) lo que es la pasión en El Secreto de sus ojos, la genial cinta de Juan José Campanella:

– ¿Escribano, qué es Rácing para usted?
– Una pasión, querido.
– ¿Aunque hace nueve años que no sale campeón?
– Una pasión es una pasión.
– ¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín: no puede cambiar… de pasión.

Quizá en ese diálogo se resuma la esencia de los One Club Men. Ténganlo presente cuando se enamoren.


Menciones especiales


Hicieron méritos para entrar en esta lista: Ricardo Bochini (Independiente), Matthew Le Tissier (Southampton) y Fran González (Deportivo de la Coruña).

1 Comment

1 Comment

  1. LUIGI II

    14/02/2019 at 23:15

    Te olvidas del gran Matthew Le Tissier, de 1986 a 2002 en el Southampton. «Jugar en los mejores clubes es un bonito reto, pero hay un reto mucho más difícil: jugar contra ellos y ganarles. Yo me dedico a eso».

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