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Champions

Tratado contra el optimismo

No pretendo meter miedo a nadie, solo advertir del peligro de las posibilidades remotas. En ocasiones no lo son tanto.

Recuerdo que Ernesto Valverde, la tarde antes de que el Barcelona fuera eliminado de la Champions, advirtió sobre la posibilidad de un partido extraño, probablemente el único que podría dejarlos fuera. A esa hora, y con la ventaja de la ida (4-1), la clasificación del Barcelona para las semifinales parecía tan segura como la victoria del Real Madrid esta noche. Sin embargo, salió la bola negra y el Barça se quedó fuera del torneo.

No pretendo meter miedo a nadie, solo advertir del peligro de las posibilidades remotas. En ocasiones no lo son tanto. La misma estadística que te hace favorito te amenaza mortalmente; cada vez resulta más difícil añadir una carta sin que se derrumbe el castillo.

Admito, eso sí, que los aficionados de una cierta generación tendemos a protegernos con suposiciones fatales. La obsesión nos viene de la infancia, cuando ganar en Europa era un objetivo improbable. Esta final ha devuelto a la memoria colectiva la que jugaron estos mismos equipos en 1981, poco después de que el Real Madrid perdiera la Liga en el último minuto con un gol del donostiarra Zamora. Para los niños de aquellos años, y especialmente para los niños madridistas, el fútbol no era siempre un amor correspondido. Tal vez esa huella sea el único tatuaje que nos permitimos.

A riesgo de parecer un cenizo quisiera iluminar con una linterna los pasadizos oscuros por si luego toca transitarlos. Confieso que es un ejercicio supersticioso y parte de una certeza entre muchas dudas: las posibilidades de que se cumpla lo escrito son infinitesimales. Así que teclearé con firmeza. Hay un partido lejano en el que el Liverpool marca primero y después. Convendría imaginarlo, aunque fuera un segundo, para no atragantarse si ocurre. Ni siquiera en ese caso estaría el Real Madrid perdido siempre y cuando le quedaran suficientes minutos para reaccionar, pongo el límite en veinte. Hay otra final que se ve condicionada por la expulsión de un jugador de blanco y por un nerviosismo que ahora cuesta suponer. En ese escenario caótico, un gol del Liverpool caería como un directo al mentón, pero también tendría cura. Solo haría falta que los jugadores tuvieran esa opción contemplada en su plan de viaje. Muchas veces, cuesta más recuperarse de la sorpresa que del golpe.

En estos momentos resultan situaciones algo exageradas, casi grotescas. Pero no lo son tanto. En su camino hacia la final, el Real Madrid se ha visto contra las cuerdas en cada eliminatoria, al borde mismo del drama. No hace falta tener mucha memoria para recordar que estuvo a merced del PSG en el Bernabéu, que la Juventus le dejó con medio cuerpo asomando por el precipicio y que para contener al Bayern hizo falta un Keylor prodigioso. Para alguien tan desconfiado como el arriba firmante, cada peligro burlado es una vida perdida e ignoro cuántas pueden quedar ya. Los sustos enumerados no son anécdotas, son señales.

El papel de Klopp también se antoja relevante. En 2013, y en un reparto de papeles muy similar, el Dortmund perdió 1-2 contra el Bayern. Su inferioridad histórica era igual de manifiesta y, pese a todo, el Borussia alargó la intriga hasta el minuto 89, cuando marcó Robben. La presión inicial que planteó Klopp en los primeros 35 minutos se tradujo en cinco intervenciones notables de Neuer y en un acongoje general en toda Baviera. Es razonable pensar que en el partido de esta noche pretende calcar el inicio y retocar el final.

Las razones por las que ha señalado a Marcelo y a Cristiano en diferentes comparecencias, y con cierta displicencia, es un asunto que habría que descifrar, porque está lejos de ser casual. Klopp está en su derecho de pensar que Marcelo es, defensivamente, una de las debilidades tácticas del Real Madrid; es obvio que a su espalda se abre una puerta y el Bayern lo aprovechó. Sin embargo, no tendría sentido mencionarlo públicamente si no es porque el desembarco tendrá lugar en otra playa. En el caso de Ronaldo, la sensación es que Klopp lo prefiere irritado que feliz, de ahí la frase en forma de flecha: “Con el debido respeto, Cristiano no es Messi”.

Insisto, el presente escrito no tiene como objeto alterar el optimismo de una inmensa mayoría de madridistas. Lo más probable es que gane el Madrid porque lo más probable es que gane el mejor. Constatado lo lógico, es bueno saber que hay monedas que caen de canto (una de cada 6.000), rayos que aterrizan sobre personas (una opción entre tres millones) y agraciados con el Euromillón (uno posibilidad entre 75 millones).

Estemos alerta, solo digo eso. Debatamos sobre la titularidad de Bale o Benzema sin perder de vista el cielo y la posibilidad de tormentas. Desde allí servirán la cena.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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