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Mundial Rusia 2018

Özil y Gundogan, de turcos y alemanes

La integración de las personas de origen otomano en la sociedad alemana sigue siendo uno de los principales retos políticos a solventar en el futuro.

A Mesut Özil e Ilkay Gundogan les unen unos lazos que van más allá del propio fútbol. Ambos centrocampistas nacieron en Gelsenkirchen, en el seno de familias de origen turco que, como tantísimas otras, se trasladaron a la ciudad industrial de Alemania en busca de una mejor vida. Por sus venas corre sangre otomana. Gundogan y Özil levantaron las ampollas de la sociedad germana cuando se fotografiaron sonrientes junto al Presidente de Turquía, Tayyip Erdogan. Además, el futbolista del Manchester City le dedicó un escueto pero clarividente mensaje al dirigente turco: «Con respeto para mi presidente».

Estas polémicas imágenes le costaron a Gundogan una sonora pitada por parte de sus propios aficionados cada vez que tocó la pelota en el último amistoso de la selección alemana antes de viajar a Rusia. Özil debió dar gracias de estar lesionado ante tal panorama. En el diario Bild pudimos leer que «si tienes una posición moral, no sonríes a la cámara junto a Erdogan. Son genios del fútbol, pero idiotas políticamente». El último en sumarse a la fiesta ha sido el ex de la Mannschaft Steffan Effenberg, quien fue expulsado del Mundial de Estados Unidos 94 por hacerle una peineta al público alemán, y que ha cargado duramente contra los dos futbolistas: «La Federación Alemana debe expulsarles». Pero, ¿por qué despierta tantas pasiones esta eterna disputa entre turcos y alemanes?

A comienzos de la década de los 60, las empresas alemanas tuvieron que hacer frente a una grave crisis de escasez de trabajadores. Ante las dificultades económicas de un país que estaba en pleno proceso de crecimiento, el Ministerio de Trabajo aprobó un programa para la contratación de personal extranjero. Muchos de los turcos que llegaron a Alemania para trabajar no eran vistos como inmigrantes y recibieron el nombre de Gastarbeiter, personas que venían de fuera sin sus familias para hacer un trabajo temporal. En 1971 y en vista de los claros beneficios económicos que estaba logrando Alemania con la mano de obra turca, el gobierno decidió ampliar su estadía así como facilitar el traslado de las familias, por lo que muchos turcos se instalaron de forma definitiva en suelo alemán. Durante los años 80 Alemania comenzó a ser consciente de la cantidad ingente de inmigración con la que contaba e intentó favorecer el retorno de estos a sus países de origen. Una gran mayoría de turcos, satisfechos con sus condiciones laborales, decidieron quedarse y no regresar, lo que originó un cisma considerable en la sociedad alemana. A día de hoy, aproximadamente cuatro millones de alemanes tienen ascendencia turca.

Alemanes y turcos conviven con sus evidentes diferencias étnicas y religiosas. Como es lógico, los turcos no se sienten representados con costumbres como el rol occidental de la mujer o la venta de carne de cerdo en establecimientos públicos; ni los alemanes se identifican con hábitos musulmanes como el matrimonio entre menores o la elección del cónyuge por parte del padre. Hay barrios de Berlín como Kreuzberg donde te sientes más cerca de Ankara que de la capital germana. Incluso es bastante probable que en una clase aleatoria de cualquier colegio de Alemania te encuentres con más niños con raíces turcas que alemanas. Por eso el manager general del combinado teutón, Oliver Bierhoff, va más allá del fútbol y afirma: «No tengo ninguna duda de la voluntad de Mesut e Ilkay de querer jugar para el equipo de Alemania y de identificarse con nuestros valores». Unos valores que, como deja entrever, son muy distintos a los del pueblo turco.

La integración de las personas de origen otomano en la sociedad alemana sigue siendo uno de los principales retos políticos a solventar en el futuro. La comunidad turca en Alemania es muy heterogénea. El 65% de los jóvenes alemanes de padres turcos está en el paro, muchos de ellos se sienten incomodos, desprotegidos y en clara desventaja contra el resto de ciudadanos del país. Una parte de Alemania también es reticente a los turcos, ya que creen que no hacen lo suficiente por adaptarse y que tratan de imponer sus costumbres y estilo de vida. Las relaciones políticas entre los gobiernos también son tensas en cuestiones como la guerra en Siria o la libertad de expresión. Erdogan no dudó en tildar de «fascista y reminiscente de la era nazi» la negativa de la ejecutiva de Merkel a la celebración de un mitin convocado en Berlin con motivo de la llegada del Presidente turco a Alemania. Mientras que el país teutón presionó ferozmente al gobierno de Turquía para que liberara a Denis Yücel, periodista alemán encarcelado durante un año en el país otomano sin cargos.

Hubo un momento en el que tanto Özil como Gundogan tuvieron que elegir entre jugar con su Alemania natal o con la Turquía de su familia. En una decisión que trascendía del propio fútbol,  ambos jugadores se posicionaron. El centrocampista del Arsenal, incluso, llegó a reconocer que no se veía jugando para otra selección que no fuera la Mannschaft. A pesar de todo, los dos centrocampistas son héroes dentro de la comunidad turca de Alemania. Aunque ahora se ha abierto una ventana a la reconciliación entre ambas naciones, Özil y Gundogan han sido usados como “cabezas de turco”, y nunca mejor dicho, para volver a poner sobre la mesa una rivalidad histórica que va más allá de los terrenos de juego.

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