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Leo Messi en el lanzamiento de penalti I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

Entre palmas y barbas

El empate ante Islandia deja a Argentina más cerca de parecerse a un cementerio de elefantes, que a uno de canelones.

Fue un partido por el que mereció la pena renunciar a la siesta, no lo niego, aunque el doble pivote que forman Biglia y Mascherano genere somnolencia y violencia a partes iguales. Hubo muchos detalles. Fue un homenaje a las barbas. Las había extra largas como la de Gunnarsson; de dos días como la de Bjarnason, o de varios quilates como la de Messi. También hubo tiempo para que, tres Mundiales y nueve partidos después, el Kun Agüero marcase su primer gol en una Copa del Mundo. Más vale tarde que nunca. En la primera parte vi a Messi atravesar las placas de hielo con buenas intenciones, pero fue perdiendo fuerza a la par que Argentina se diluía convirtiéndose en agua, en una sustancia inconsistente, sin fuerza, sin vida. El empate ante Islandia deja a Argentina más cerca de parecerse a un cementerio de elefantes, que a uno de canelones.

Me genera mucho desasosiego el agujero negro que se abre entre Messi y todo aquello que le rodea. Es cierto que Leo genera una onda expansiva lo suficientemente fuerte como para derribar tres o cuatros barcos vikingos, pero todavía dudo de que sea capaz de poner un balón con esa zurda impoluta (a pesar de esa mancha negra infame que lleva tatuada), correr hasta el área y rematarlo, volver al centro, recuperar, rezar un rosario para que nadie ose desafiar a una defensa de verbena y mientras tanto, llevar el peso de un país (que nunca se identificará con él) cosido a sus talones. A Argentina le hubiese venido bien una mano divina, pero Maradona lo vio desde la grada.

Sampaoli debió de oír las oraciones de la hinchada, y dio entrada a Banega por Biglia en la segunda parte. Los argentinos no confían demasiado en un jugador que fue atropellado por su propio coche, en una estación de servicio, al ir a repostar gasolina y olvidarse de poner el freno de mano. ¿A quién no le ha pasado alguna vez? Seamos buenos entre nosotros. Afortunadamente, Banega usó esta vez su cabeza para tomar buenas decisiones y Argentina mejoró. No es ni mucho menos la sombra de su admirado Fernando Redondo, pero el jugador del Sevilla tiene calidad suficiente como para echarle una mano a Leo en una misión que resultará imposible, a no ser que Messi le eche muchísima imaginación. Por cierto, Leo falló un penalti. Pero tranquilos, estaba todo pensado, los penaltis están sobrevalorados.

En lo que respecta a los islandeses, su mera presencia es algo que debemos aplaudir. Vamos, es que les ves en plena ceremonia litúrgica dando palmas y te dan ganas o de nacionalizarte, o de proponerles tomar la plaza roja de Moscú como si fuésemos Ragnar Lodbrok. En lo que respecta al fútbol, no nos vamos a poner quisquillosos ahora, ni a tratar de pulir un sistema de juego inexistente y caótico que les hace tan felices. Me es suficiente con ver a tantos nórdicos sonrientes. Ya se pulen las barbas. Y da gusto verlas.

 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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