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Paquita Salas

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Paquita Salas: la mejor serie en mucho tiempo

Paquita Salas, por contra, es una serie para todo tipo de público que ha dejado el listón tan alto que una posible continuación deberá de ser muy pensada y trabajada para mantener el nivel.

Cada vez que veo una película o una serie, me sucede con demasiada frecuencia que me desconecto porque sin querer empiezo a visualizar a un equipo de creativos diseñando el argumento, las tramas y los personajes. Y no digamos ya con las comedias, especialmente las más aclamadas y exitosas, que uno va previendo por dónde va el chiste e incluso lo anticipa. Me acaban pareciendo meros productos, pienso televisivo envuelto en papel de seda para alimentar mentes somnolientas.

Por otro lado me acuso de ser tan ignorante en redes sociales que considero que el Facebook es como las sandwicheras, una absurda moda pasajera. No sé que es el Instagram ni para qué vale, jamás he escrito un tuip ni sé para qué demonios sirve un jaskak. Quizá por eso he llegado tarde a esta serie, que empezó a emitirse en 2016. No había oído hablar de ella ni tampoco me sonaban de nada Los Javis. Pero, oh sorpresa, de repente me he encontrado con la mejor serie de comedia que he visto en muchísimo tiempo. Y no me refiero solo a series españolas.

La serie, que parece nacer con pocas pretensiones, es una maravilla y no me queda duda de que es fruto del gran talento que hay detrás. El cerebro humano no puede imaginar algo que no haya visto jamás, no puede diseñar nada que no esté basado en referentes que ya habiten en su mente pero una cosa es copiar y producir en serie ideas que han triunfado y otra muy distinta es aprender de los referentes, inspirarse en ellos y después crear algo con personalidad propia. En Paquita Salas podremos encontrar referentes como el falso documental con personajes hablando a cámara para introducir o comentar las tramas, eso ya lo vimos en The Office o más recientemente en Modern Family. Pero aquí el recurso está más optimizado, se utiliza con mucho arte y encaja perfectamente en el transcurso de la acción. Luego, en lo referente a la estética, seguro que encontrarán unas cuantas influencias. Yo, como lego en la materia, reconozco similitudes con la estética del Almodóvar de la época de Qué he hecho yo para merecer esto. El continuo desfile de cameos también nos puede recordar a la saga de Torrente, pero hablamos de influencias no de copia grosera. Tanto la estética como el ritmo o el uso de los planos tienen una personalidad muy propia que te hace engancharte a los cinco minutos. El formato es muy ágil con capítulos de entre 20 y 30 minutos a razón de cinco las dos primeras temporadas y seis en la tercera.

Paquita es un personaje descomunal, grandioso, genial que se acomoda perfectamente dentro de nuestra tradición de antihéroes, de hermosos fracasados, desde el Quijote hasta Juncal. Un tipo de personaje con connotaciones muy nuestras que rápidamente vamos a acoger y hacer nuestro. La interpretación del joven Brays Efe -otro al que ni conocía- es de sombrerazo. Lo que fácilmente podría haber desembocado en burda y chusca parodia de opereta lo acaba convirtiendo en un personaje potente, admirable y entrañable. También resulta muy destacado el papel de Magüi que desempeña de manera magistral Belén Cuesta y que nos recuerda en cierto modo a la María Barranco de Mujeres. Y luego todo el elenco de caras conocidas entre las que destacan Lidia San José y Belinda Washington as themselves.

No quiero bucear en los entresijos de la trama para no destripársela al que aun no la haya visto -eso que ahora llaman spoiler– pero no puedo dejar pasar la oportunidad de aplaudir el sorprendente juego de espejos que cierra la tercera temporada. Atención, dejen de leer este párrafo los que aun estén por ver la serie: lo de ver a personajes enfrentados a sí mismos a través de actores que los van a interpretar ya lo vimos hace mucho tiempo en la inigualable Seinfeld pero es que el truco que aquí emplean es de una genialidad tal que te deja totalmente desconcertado.

Unos millennials que crean todo este mundo y que son capaces de hacerlo atractivo para un cavernícola como el que esto escribe habla de un trabajo hecho con mucho mimo y destreza. Tanto los grafismos como la música, los decorados, todo está cuidado al detalle. Y a eso hay que sumarle todos los guiños ocultos que se van sucediendo. Se puede ser moderno pero si solo llegas a un tipo de público te quedarás en un moderno más. Paquita Salas, por contra, es una serie para todo tipo de público que ha dejado el listón tan alto que una posible continuación deberá de ser muy pensada y trabajada para mantener el nivel.

Así que si no la han visto todavía ya están tardando en hacerlo porque Paquita es un personaje que te divierte y te enamora y ya que este nivel de calidad aparece tan con cuentagotas en nuestra comedia, no creo que estemos como para desaprovecharlo.

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