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Miguel Pardeza posa en la Librería Le de Madrid, rodeado de libros. FOTO: LUIS CÁRCAMO

Entrevistas

Miguel Pardeza: «La literatura fue mi antidepresivo tras la retirada»

Pardeza saltó de una pasión a otra para no quedar encallado en el síndrome del exfutbolista. Consciente del peso de las etiquetas en nuestro país atiende A La Contra en una charla que alterna indistintamente fútbol y letras.

Nada más aparecer en la Librería Lé de Madrid, a escasos metros del Santiago Bernabéu, Miguel Pardeza (La Palma del Condado, Huelva, 1965) ya nos deja un titular: «En España, si has sido futbolista no te dejan ser otra cosa». Y eso que este integrante de La Quinta del Buitre, el único no madrileño, supo desde bien pronto que el fútbol no duraría para siempre: «Sabía que con 32 o 33 años estaría fuera y por eso cultivé mi pasión por los libros entre otras cosas». Esas otras cosas son una licenciatura en filología hispánica, una tesis doctoral sobre la obra de César González Ruano y un libro que nos remite a sus primeros pasos en un Madrid que se desperezaba tras 40 años de dictadura. Entre medias tuvo tiempo para convertirse en leyenda del Real Zaragoza, levantando Copa y Recopa. Ahora es feliz rodeado de libros, hasta 15.000 volúmenes tiene en casa, alejado de la multitud que siempre acompaña al balón dice disfrutar de la soledad del lector y el escritor.

Los libros sobre futbolistas han proliferado en los últimos años pero ahí también se salió usted del carril habitual. Torneo (Malpaso Ed., 2016) es una novela con tintes autobiográficos y que conjuga lo mejor de la tradición de la picaresca española.
—El libro es una vieja idea a la que llevaba dando vueltas. A mi no me interesa especialmente la literatura aplicada al deporte. Mi primer libro intentaba jugar con ese doble sentido del Torneo televisivo y el torneo de la vida, del día a día. En realidad en el libro el fútbol es una excusa para hablar de otros muchos temas de los que me apetecía hablar. Hablo de la fina línea que separa los sueños de las pesadillas, cuando a veces se tiene una ambición o un sueño excesivo para el que todavía no tienes respuestas y termina desencadenando diversos problemas. Eso es lo que le pasa al personaje de este libro, que dada la edad y el contexto, todavía no tenía respuestas para los grandes desafíos que se había marcado. Abordo esa crisis y ese conflicto.

¿Cómo era aquel Madrid de 1979?
—La imagen de Madrid que doy está muy fantaseada. A veces me preguntaba si no estaba siendo demasiado injusto, porque la pintura no se ajustaba realmente a todo lo que digo en el libro. Pero sí me parecía muy interesante desde el punto de vista literario. Creo un Madrid galdosiano, decimonónico, en el que había muchas limitaciones y no solo en cuestión de infraestructuras, sino también en cuanto a las relaciones que se van tejiendo entre los integrantes de aquella pensión. Literariamente me parecía mucho más interesante presentar un Madrid a través de esa residencia que enlazara con esa tradición literaria, y eso tiene mucho que ver con Baroja, con Galdós, con la picaresca de El Buscón, el Lazarillo o de Estebanillo González.

En esos años se está gestando La Quinta del Buitre que irrumpe a principios de los ochenta. ¿Qué supuso esa generación para el país y para el fútbol español?
—Me gustaría ampliar ese concepto y hacerlo más extenso al grupo más o menos de cinco jugadores que ha quedado para la posteridad. La Quinta del Buitre fue uno de los bastiones del cambio en este país. Hay que entender el contexto: Franco había muerto en 1975; la Constitución aparece en 1978, en el 81 hubo un golpe de Estado que pudo truncar aquella evolución hacia la democracia tan necesaria. Es evidente que España estaba en un proceso de cambio absoluto en todas las esferas de su realidad política, social, económica y cultural. Ahí surge también la Movida Madrileña que fue muy importante para dar un paso adelante en la normalización democrática. Y el deporte también jugó su papel, así lo pienso yo. En ese sentido La Quinta del Buitre fue el símbolo o el emblema de ese cambio que estaba pidiendo el país. Además de lo que aportó al mundo del fútbol y al Real Madrid por un estilo de juego y una forma de jugar y ganar títulos.

La Quinta del Buitre en un Real Zaragoza – Real Madrid disputado en La Romareda en 1992. CordonPress.

Leí unas declaraciones suyas en las que reflexionaba sobre el carácter de los españoles y aseguraba que, entre el macho alfa y el intelectual, la mayoría de los españoles se quedaría con el macho alfa. ¿En eso hemos cambiado poco?
—La visceralidad gana siempre por goleada a la inteligencia. La inteligencia exige esfuerzo, exige pensar, eso siempre es costoso. Pero yo no creo que sea una peculiaridad de lo español o de lo ibérico. Quizá haya países que tengan una tradición más enfocada hacia el pensamiento, hacia la razón, también relacionada con su propia historia. Estoy pensando en Francia o Alemania. Pero esa es una de las grandes constantes del ser humano. Entre actuar y pensar, eligen actuar. Además, el español, por su propia historia, ha estado mucho más cerca de la acción que de la reflexión. En ocasiones nos vendría bastante bien actuar menos y pensar más.

Y en un mundo tan visceral como el fútbol, ¿se ha sentido fuera de lugar en algún momento?
—No, sinceramente no. Tuve muy claro desde que tenía 14 años que me vine a Madrid que quería ser jugador de fútbol. Y en paralelo mi pasión por los libros y la literatura también era algo inasequible al desaliento. Siempre me acompañó. Cuando jugaba más al fútbol tenía mucho tiempo para leer pero era una afición, más que otra cosa. Y con el paso del tiempo, y a medida que el fútbol se ha quedado atrás, ha ido ocupando más espacio en mi vida. A mí me ayudó a abrirme camino tras el fútbol, estoy muy contento de haber cultivado algo que, aunque no me da la misma pasión que me dio el fútbol, es un gran sustitutivo.

Al final es cuestión de reinventarse. Abrirse paso en aquel fútbol tan físico de los ochenta no tuvo que ser fácil.
—Un deporte como el fútbol no demanda un perfil de futbolista concreto. Ahí están los ejemplos de Maradona o de Messi, dos bajitos, que no parecen a simple vista un portento físico. Al final todo es un trabajo adaptativo, aquellos que no tienen una ciertas cualidades tienen que explotar las ventajas que puedan tener y esconder sus defectos. De ahí que el fútbol sea tan interesante, porque requiere un trabajo de selección natural de tu propio talento para ponerlo al servicio del juego. Intervienen otros factores como la inteligencia, la intuición, la anticipación, la capacidad para interpretar bien las cosas y tomar las decisiones correctas.

—Con la Selección Española no consiguió hacerse un hueco. ¿Es una espina clavada?
—Venía siendo internacional en las categorías inferiores. Y también lo fuí en la Absoluta. Es cierto que podía haber jugado más después de haber jugado en juveniles, en la Sub-21, que fuimos subcampeones de Europa, y también en la Olímpica. Pero es cierto que con la Absoluta me quedé entre dos aguas, entre dos épocas como fueron la de Luis Suárez y la de Javier Clemente. También hay que tener en cuenta que antes no era tan sencillo ser internacional desde un equipo como el Zaragoza, el 80% de los seleccionados eran del Madrid y del Barça. Ahora eso está un poco más repartido. Después del Mundial de Italia, que no salió bien, hubo un cambio radical y salimos prácticamente todos los que participamos. Los que se mantuvieron aguantaron dos o tres partidos y terminaron saliendo también.

—Quizá en la Selección de Luis Aragonés hubieras encajado mucho mejor.
—Posiblemente. Ahí tuvo mucho mérito Luis Aragonés y luego la continuidad que le dió Del Bosque. No te digo que estuviera bajo sospecha el jugador pequeño, habilidoso y bien dotado técnicamente, pero no era la apuesta habitual desde los banquillos. Era un jugador que inspiraba muchas dudas, no se confiaba mucho en él. El gran cambio que se produce en el fútbol español es la apuesta decidida por el jugador genuinamente español que era un jugador bien dotado técnicamente. No siempre estaba a la altura física de los alemanes, franceses o italianos, pero sí tenía una vena muy importante que explotar que era su propio talento. Y eso cambia radicalmente la visión que se tiene del fútbol español y no solo permitió ganar títulos, sino que el jugador español se pusiera de moda y que el fútbol español fuera el fútbol hegemónico en los últimos años.

—¿Crees que La Quinta del Buitre e incluso el Dream Team de Cruyff fueron el germen de todo lo que vino después?
—E incluso yo añadiría, por la parte que me toca, al Zaragoza en el que jugué. Eran equipos que tenían un estilo de juego atractivo, con un perfil de jugadores determinado y me gusta pensar que aquello fue un poco la impronta o el embrión de lo que fue luego la España campeona. Porque antes de esa generación España vivía en un complejo permanente, siempre se seguía la tendencia del último país que había ganado el último Mundial o la Eurocopa. Más allá de eso que se ha hablado siempre de la furia, aquí buscábamos copiar lo que les funcionaba a otros.

—Hablemos de Zaragoza. Llega primero cedido y luego es fichado definitivamente. Y aquellos son los mejores años de su vida.
—He de decir que jamás me arrepentí de salir del Real Madrid, aunque evidentemente me hubiera gustado estar más tiempo. En Zaragoza me trataron como un hijo más de Aragón y además tuve la suerte de pertenecer a un equipo y una generación que jugó bien al fútbol, que divirtió a la gente y se divirtió haciéndolo y encima ganó títulos para la entidad.

Miguel Pardeza en 1995 en un partido con el Real Zaragoza. CordonPress

—Si los grandes escritores tienen una obra cumbre, ¿cuál fue la suya?
—Hubo varias. Obviamente está esa final de la Recopa de París. En ese año hicimos muy buenos partidos hasta llegar a la final. Hubo un partido con el Feyenoord que habíamos perdido en la ida y remontamos en la vuelta ganando en La Romareda por 2-0. Pero para llegar allí primero hubo un partido dramático, que yo siempre recuerdo. Fue un partido contra el Murcia, de la promoción para mantenerse en Primera. El equipo había estado mal durante toda la temporada y estuvo a punto de descender. Aquel partido significó mucho, lo ganamos 5-2 y yo marqué dos goles. No siempre los partidos más importantes son los que dan un título. A nosotros esa victoria nos permitió la supervivencia, el primer paso de todo lo que vino después.

—Contaba Nayim en una entrevista en Panenka que instantes antes de su zapatazo en la final de París les vio a usted y a Esnáider desmarcados y pensó en pasarles la pelota, ¿menos mal que no lo hizo?
—Claro, claro. Aparte de la inspiración absolutamente mágica de Nayim, tuvo mucho que ver el tiempo, era el último minuto de la prórroga. No había fuerzas para nada. Entre su inspiración, lo que ya sabía de Seaman, que jugaba bastante adelantado y el cansancio, todo se conjuró para conseguir uno de los goles más espectaculares que ha habido nunca. Es el gol soñado. Un gol en el último minuto de la prórroga, que significa un título internacional, desde el centro del campo y de volea. Es imposible sumarle más ingredientes.

—El espíritu de la Recopa del 95 sigue presente en un grupo de Whattsapp.
—Sí, lo utilizamos para felicitarnos los cumpleaños, para mandar ánimos o suerte a los que siguen vinculados al mundo del fútbol como entrenadores, que es el caso de Poyet o Darío Franco; Loreto es segundo de Víctor Fernández en el Zaragoza y Belsue es el delegado del equipo. Cuando ganas los felicitas y cuando pierden les animas. Es un grupo activo, así no perdemos el contacto, hemos hecho alguna quedada en Zaragoza y estamos preparando algo para el año que viene.

—¿Cómo es el día después de retirarse, cuando uno se levanta siendo ex futbolista?
—Al principio no te lo crees. Te lo tomas como si te hubieran dado unas vacaciones más largas de lo normal. Pero con el paso del tiempo te das cuenta de que te acaban de jubilar o de que ya no te quieren o que ya no puedes dar más a ese equipo. Y así un día te lo tienes que replantear todo. A mi me ocurrió con 34 años, ahora aguantan un poco más. Todo lo que has tenido anteriormente no te sirve para nada, ese es el gran drama muchas veces para los jugadores. No te vale todo el dinero ganado, no te vale el trato que te han dado, no te vale lo que creías que sabías de la vida porque lo que has vivido no ha sido real. Tienes que reajustar todas las piezas,incluso cambiar tus hábitos.

—Usted cambió rápidamente el balón por los libros, ¿eso le ayudó?
—Tuve la suerte de que había estudiado filología, me puse rápidamente con los cursos del doctorado y así ocupé la mente y el tiempo con los libros. La literatura fue como el antidepresivo de mi retirada. Aunque es cierto que luego el fútbol me volvió a buscar y estuve seis años como director deportivo del Zaragoza y luego tuve la gran fortuna de volver al Real Madrid durante cinco. Once en total. Cuando me fui del Madrid pensé que era el momento de escribir un libro, algo que llevaba mucho tiempo rondando mi cabeza.

—Escuchándole da la sensación de que está en paz con el fútbol, como si le hubiera dado todo lo que le podía dar.
—Sí, así es. Estoy en paz y agradecido, siempre lo diré. Desde los 14 años estuve luchando por ser jugador. Entre jugador y director deportivo han sido 31 años dedicados al balón. Estoy absolutamente en paz.

—¿La gran novela sobre fútbol está escrita o está por escribir?
—En realidad hay más literatura futbolera de lo que se puede imaginar, desde principios de siglo XX, no es algo que se haya inventado ahora. Decir una puede ser injusto, pero hay muchas que me han gustado: Los once y uno de Gonzalo Suárez. También hay una muy antigua de los años 20 que se llama El Coloso de Rande que es un libro de José Luis Bugallal, o Chiripi de Juan Antonio Zunzunegui.

—¿Ha conseguido captar mejor la literatura que el cine la esencia del fútbol?
—El fútbol es un fenómeno muy emocional y social. Es algo muy participativo, uno de los ingredientes vitales del fútbol son las multitudes, es un fenómeno de masas. En cambio un partido de fútbol enclaustrado en un libro es para una persona sola, eso es un factor determinante y lo pierde todo. Más allá de que el fútbol también es un relato pero resulta difícil encorsetarlo en palabras. Es que es una experiencia vital directa y además compartida. La suma de todo eso hace muy difícil igualar lo que supone el ver y compartir un partido de fútbol.

—El relato también ha sido muy importante a lo largo de la historia del Barça. ¿Cómo has vivido los últimos acontecimientos en Cataluña? ¿Qué te ha parecido la implicación del FC Barcelona?
—No estoy de acuerdo con los que dicen que el fútbol no tiene que implicarse en nada. El fútbol y los equipos de fútbol se pueden implicar y pronunciar en lo que quieran. Lo que ocurre es que dada la heterogeneidad de la masa social de esos grandes equipos lo que no se puede hacer es defender los intereses de uno en perjuicio de los intereses o ideas de los otros. Por eso se critica tanto que los equipos se metan en política, porque estás hablando de una masa social muy diversa y no todo el mundo tiene que coincidir con la linea oficial de un equipo. Y yo creo que, por respeto a eso, sería conveniente tener un poco más cuidado, nada más.

Ahora que ha vuelto a los banquillos, ¿qué personaje de novela sería José Mourinho?
—Don Fabricio de El Gatopardo.

—¿Se van a divertir en White Hart Lane con él?
—Se van a divertir muchísimo. Tanto dentro como fuera del campo. Mourinho es un gran entrenador, qué duda cabe, ahí está su trayectoria. Él es un apasionado del fútbol y de la vida. Y la gente que tiene ese carácter y que vive con esa intensidad y esa pasión atrae a su alrededor convulsiones de todo tipo. Pero yo creo que eso ayuda a mantener al personal siempre atento y despierto.

—¿Con qué rivalidad literaria compararías a los dos contendientes de aquella final de la Recopa de 1995?
—Rimbaud (Zaragoza) y Verlaine (Arsenal)

—¿Qué equipo de fútbol sería Moby Dick?
—El Atlético de Madrid.

—¿Lo último que ha leído o está leyendo?
—Diarios, 1984-1989, de Sándor Márai y Totalidad sexual del cosmos, de Juan Bonilla.

—Una joven promesa o autor poco conocido de la literatura que debamos descubrir.
—Aunque no es joven, sino de mi edad, Ricardo Álamo.

—Y de los jóvenes talentos que últimamente has visto en el fútbol, ¿quién te ha llamado la atención?
—Rodrygo.

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