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De izquierda a derecha, Girogio, Rognoni, Roberto, Pierino, Prati y el nacido argentino Nestor Combin, cuya cara está hinchada luego de una pelea que tuvo durante el partido. Foto: Cordon Press

Fútbol

El partido más violento de la historia

El partido más violento de la historia del fútbol se disputó el 22 de octubre de 1969. Fue un Estudiantes-Milan por la Copa Intercontinental

La resaca del Valencia-Getafe quedó reflejada en un extensísimo acta arbitral repleto de puñetazos, empujones e insultos. El colegiado, Javier Estrada Fernández, tardó dos horas en redactar el documento desde que pitó el final de la vuelta de cuartos de final de la Copa del Rey. El Valencia acababa de darle la vuelta a una eliminatoria imposible gracias a dos goles de Rodrigo Moreno en el tiempo añadido. Toda la tensión que venía cocinándose durante la semana terminó por explotar sobre el césped de Mestalla. Los nervios estaban a flor de piel. Hasta el punto de que la Policía Nacional tuvo que intervenir para frenar la batalla campal.

No fue un espectáculo edificante, pero los hubo peores. El partido más violento de la historia del fútbol se disputó un 22 de octubre de 1969 en La Bombonera de Buenos Aires. Entonces la Copa Intercontinental se decidía en una final a ida y vuelta entre los campeones de Europa y la Libertadores. AC Milan y Estudiantes de La Plata eran esos dos equipos. El encuentro de vuelta en Argentina parecía un mero trámite después del 3-0 de ventaja que el conjunto italiano cosechó en la ida de San Siro. Pero había ánimo de venganza. En Italia, los futbolistas de Estudiantes habían sido recibidos por una lluvia de objetos. El durísimo defensor Aguirre Suárez, el mismo que en 1974 le rompió el cuádriceps a Amancio, fue alcanzado por una botella. Lo que estaba a punto de suceder en Sudamérica comenzó a cocinarse en Europa.

El Milan se plantó en La Bombonera con la idea de administrar su ventaja. El primer Balón de Oro italiano de la historia, Gianni Rivera, adelantó a los italianos, pero antes de llegar al descanso Estudiantes le dio vida a la eliminatoria con dos goles en un minuto. El público presente en La Boca enloqueció. La segunda mitad, más que un partido de fútbol, fue una guerra de once contra once. El atacante argentino del Milan, Néstor Combin, recibió un codazo que le rompió el pómulo y le deformó el rostro. Rivera tuvo que ser sustituido por la cantidad de golpes que estaba recibiendo. Aguirre Suárez fue expulsado y se marchó del campo jaleando a las masas. Cuando el árbitro pitó el final, los jugadores del Milan celebraron la primera Copa Intercontinental del club en el centro del campo de La Bombonera sin saber que lo peor, lejos de haber terminado, estaba a punto de comenzar.

El centrocampista rossoneri, Giovanni Lodetti, recibió una patada de Alberto Poletti, portero de Estudiantes, al más puro estilo karateka. Poletti, que también había golpeado a Rivera durante el encuentro, terminó encarándose con sus propios aficionados. De la nada, se formó una marabunta de futbolistas de la que salieron insultos, escupitajos y agresiones varias. Los cuerpos de seguridad intervinieron lo más rápidamente que pudieron. Al llegar a los vestuarios, los malheridos jugadores del Milan se dieron cuenta de que no estaban todos. Faltaba Combin. La policía lo había detenido por prófugo… Los días previos al encuentro de vuelta, los medios publicaron que Combin había huido a Europa con 18 años para evitar el servicio militar obligatorio. El delantero argentino, nacionalizado francés, estuvo detenido 12 horas. Fue liberado cuando la embajada de Francia acreditó que sí había realizado el servicio militar. Sólo que en suelo francés.

Nestor Combin.

Néstor Combin, tras ser agredido. EL GRÁFICO

Más tiempo pasaron a la sombra Poletti, Manera y Aguirre. 29 días, en concreto. El presidente del país, Héctor Ongania, se valió de un edicto mediante el cual podía condenar a menos de un mes de cárcel sin necesidad de juicio a cualquiera que generase un desorden público. Aguirre Suárez fue suspendido por un año en el fútbol de clubes y cinco en el de selecciones. Peor le fueron las cosas a Poletti, que recibió una inhabilitación de por vida, aunque le fue retirada con la caída del gobierno militar de Ongania.

Los futbolistas de aquel Estudiantes conocían el arte de la guerra mejor que nadie. Carlos Bilardo era una de sus cabezas visibles. Corría la leyenda de que los miembros de la plantilla de La Plata llamaban a los domicilios personales de los jugadores a los que se iban a enfrentar para contarles mentiras como que habían visto a sus parejas engañándoles con otras personas. La victoria era el único fin y no importaban los medios para conseguirla. Algunos futbolistas de Estudiantes jugaban sus partidos con alfileres escondidos entre las medias. Que esto era verdad y no la excusa posderrota más original que hayas escuchado nunca quedó reflejado en la cantidad de equipos que se negaron a enfrentarse a ellos por miedo a ser pinchados en los saques de esquina. La motivación no era otra que “revisar el correcto nivel de azúcar en sangre de sus rivales”, tal y como reconoció el propio Bilardo en una irónica campaña publicitaria para la detección de la diabetes.

El desenlace de la final de la Copa Intercontinental de 1969 provocó que durante la década de los 70 se negasen a participar en esta competición hasta cinco campeones de Europa; entre ellos el Bayern, por eso el Atlético disputó la de 1974. Es más, entre 1975 y 1978 ningún equipo participó. La marca japonesa Toyota comenzó a patrocinar el evento en 1980. Una de sus primeras medidas fue que el título se resolviese a partido único en un estadio neutral. Fue el final de la Copa Intercontinental y el principio del Mundial de Clubes de la FIFA.

 


La batalla del Bernabéu


El equivalente en España al Estudiantes-Milan fue el Athletic Club-Barça de la final de la Copa del Rey de 1984. El 5 de mayo de ese año, el conjunto vizcaíno certificó una temporada de ensueño haciéndose con un doblete de Liga y Copa. El único tanto del encuentro fue obra de Endika tras una jugada de estrategia, aunque el verdadero protagonista de la noche fue Diego Armando Maradona. El astro argentino volvió a encontrarse con Antoni Goikoetxea un año después de la grave lesión que el central vasco le provocó en el tobillo izquierdo después de una durísima entrada. Maradona no era el único de los azulgranas con cuentas pendientes con Goikoetxea. También estaba Bernd Schuster, la otra estrella del Barça de mediados de los 80, que dos años antes había una lesión en la rodilla derecha (rotura del ligamento cruzado anterior) a manos del mismo futbolista.

Nada más terminar el encuentro, bastante descafeinado en cuanto a lo futbolístico, se desató una auténtica batalla campal en torno a la figura de Maradona. Las patadas y los puñetazos entre futbolistas de Barça y Athletic convirtieron a esa final de Copa en uno de los partidos con mayor carga de violencia de la historia del balompié español. Fue tan exagerada la contienda que el colegiado salió despavorido del campo y no reflejó nada de lo sucedido en el acta arbitral. El entrenador azulgrana, César Luis Menotti, confesó en rueda de prensa que “nunca en su carrera había visto nada parecido”. El otro de los técnicos, Javier Clemente, que había contribuido a que subiese la tensión entre ambos equipos en las semanas previas al encuentro, acusó al Barça de “no saber perder”. Además de señalar a sus extranjeros: “Hay que acabar con los que vienen de fuera y no tienen educación”.

Tuvo que ser el Comité de Competición quien entrara de oficio once días después de la final. El castigo fue tres meses de inhabilitación desde que el comienzo de la siguiente temporada para tres jugadores de cada equipo: Maradona, Clos y Migueli por el Barça y Sarabia, Goikoetxea y De Andrés por el Athletic. Esta sanción de primeras tan severa quedó en papel mojado. El de 1984 fue el verano de la Eurocopa de Francia y la Selección española no podía permitirse el lujo de prescindir de algunos de sus internacionales. De los seis futbolistas sancionados, ninguno cumplió el castigo. Todos se vieron beneficiados por una oportuna amnistía. Aquí paz y después gloria. Llegó la primera jornada de Liga de la campaña siguiente y… Goikoetxea fue expulsado. Por cierto, Maradona fue traspasado ese mismo verano al Nápoles… aunque esa es otra historia.

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