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Munitis: «He sido muy tímido y eso en el Real Madrid no funciona»

Asegura que el fútbol es mas complicado que una ingeniería y reconoce que su forma de ser tan seria le perjudicó en sus dos años en el Real Madrid. «Soy un perfecto desconocido«.

Tiene 44 años. A día de hoy, Pedro Munitis es un entrenador en paro que fue un extremo extraordinario en el Racing. Una obra sin acabar en el Real Madrid de Del Bosque. Un gladiador en la selección de Camacho y un ejemplo en el Deportivo de Caparrós. La nostalgia no le detiene en este camino de la vida. Sigue siendo un tipo muy serio. Un hombre que ha entrenado al Racing, a la Ponferradina y al UCAM Murcia hasta que le echaron en el pasado mes de mayo. Y, aunque no es la alegría de la huerta, todos los futbolistas que ha tenido hablan con admiración de él. Hoy, Munitis abre su corazón en el Barrio Pesquero de Santander. Recuerda sus tiempos en los equipos menores del Racing cuando su abuela se colocaba a pie de campo, junto a la raya de cal, en una banqueta que ella misma traía de casa. La mujer no veía bien y le distinguía por la forma caída de llevar las medias. El día que su nieto llegó a la elite ya no se atrevió a ir más a los estadios debido a las aglomeraciones. Pero entonces el trabajo, que parecía más difícil, ya estaba hecho. Pedro había llegado.

—¿Quién sabe más de fútbol: usted o Zidane?
—Uff, vaya pregunta… Supongo que el fútbol es tan amplio que no se puede saber. Sería aventurado decirlo. Cada uno tiene su idea de lo que le llena. De lo que se trata es de que cada uno sepa defender su idea.

—¿No estamos confundiendo el fútbol con una ciencia?
—Yo tuve un médico en Santander, José Mantecón, que cuando me veía dar tantas vueltas a las cosas me decía: ‘Oye, Pedro, que el fútbol no es una ingeniería’. Pero yo entonces le contestaba que el fútbol es incluso más complicado que una ingeniería porque lo que hiciste hoy casi nunca te vale para mañana. Y es lo que más te cuesta entender. Pero tienes que entenderlo.

—Fue usted un extremo que regateaba hasta a su propia sombra. ¿No es así como entrenador?
—En el fútbol tiene que haber de todo. Si no se improvisa no hay sorpresas. Pero un entrenador debe saber transmitir lo que quiere que se haga, un entrenador tiene que dar una guía al futbolista para que se sienta a gusto.

—¿Se sintió usted a gusto cuando fue futbolista del Madrid?
—Fueron dos años muy intensos. Hubo momentos en los que sí fui feliz. Pero hubo otros en los que me sentí rechazado por primera vez en mi vida. La afición llegó a pitarme y eso es muy duro. Al principio no sabes cómo aceptarlo. Pero luego entendí que debía salir reforzado de aquello. Al final, como yo siempre digo, ‘estamos hechos de experiencias’. Cada una te aporta algo distinto. No todas pueden ser como tú quieres que sean.

—Era muy difícil llegar a usted. Siempre tan serio. ¿Sigue siendo así?
—Cada vez menos, intento, pero lleva usted razón. Hasta creo que esa manera de ser me ha perjudicado. He sido siempre un gran desconocido por mi forma de ser. He sido muy tímido, muy introvertido, y eso en el Real Madrid no funciona: yo creía que valía con lo que hacías en el césped pero en un club de esa magnitud no es suficiente: te piden algo más por ser futbolista del Madrid y yo no supe entenderlo. Yo terminaba de entrenar y me iba a casa.

—¿Esa timidez le vale como entrenador?
—Pero es que desde que he entrado en un vestuario como entrenador siempre me he sentido muy cómodo. En las distancias cortas es diferente. Me siento tal y como soy. No me cuesta explicar a los futbolistas mi forma de ser. No me acompleja equivocarme porque sé que tarde o temprano todos nos equivocamos. Siempre trato de hacer partícipes a los futbolistas.

—Sin embargo, no ha pasado de Segunda B como entrenador a los 44 años.
—Mi primera experiencia fueron quince partidos en el Racing en Segunda; cogí al equipo muy mal y, aunque descendimos, remontamos. A falta de cinco minutos para acabar la Liga estábamos salvados. Y luego es verdad que siempre he entrenado en Segunda B. Pero no pasa nada porque aquí también se puede desarrollar esta profesión. Y a mi edad ya no tengo prisa. He empezado hace poco. He entendido que, al final, llega todo lo que tenga que llegar. No se puede forzar al tiempo.

—No podemos vivir sin paciencia.
—Exacto. Era lo que pretendía decir. Mire, a los 22 años me llegó la oportunidad de jugar en el Racing tras cinco años en el filial en los que parecía que se había acabado todo, que mi momento nunca iba a llegar. Nos estábamos cansando de esperar y, sin embargo… Cuando parecía destinado a desaparecer llegó mi momento en el Racing. Por eso ya no descarto nada. Sabes las experiencias que has tenido. No las que vas a tener.

—¿No descarta entrenar al Madrid?
—Tengo los pies en el suelo. Estoy en Segunda B.

—Zidane también subió al primer equipo del Madrid desde Segunda B.
—Bueno, no me pongo límites. Pero será mejor ir día a día. El tiempo dirá hasta dónde puedo llegar. Mientras tanto, yo me conformo con ser mejor entrenador cada año. Ahora estoy terminando de ordenar todo lo que me sucedió el año pasado en el UCAM Murcia. De ese estudio confío en que saldrá un entrenador mejor.

—Todo empezó en un lugar humilde: el Barrio Pesquero de Santander.
—Nací aquí y empecé a jugar en la pista que tenemos aquí hasta los 11 años cuando me fichó el Racing. Soy hijo de un pescador y, aunque cada vez que salgo en barco me mareo, por alguna parte debo tener la dureza del carácter de la gente de la mar.

—Llegó usted hasta el Madrid.
—Quién lo iba a decir. Pero así fue en un Madrid en el que estaban Raúl, Hierro, Casillas o Roberto Carlos que era algo impresionante. Roberto Carlos no tocaba el gimnasio y estaba como un roble. Era una auténtica bestia parda. Tenía una genética espectacular. A su lado entendías que solo podía haber uno como él. Pero hasta ahí había llegado yo para verlo.

—Después, usted se fue al Deportivo, donde se convirtió en el jugador franquicia de Caparrós. Entonces decían que Munitis era quien abría y cerraba el gimnasio.
—Pero es que tenía que ser así. El fútbol se había hecho tan físico, tan táctico… Si querías estar ahí no te quedaba otro remedio y el gimnasio, como la alimentación, también marca diferencia, porque uno no se limita a ser futbolista 2 o 3 horas al día. Esto son las 24 horas. No digo que un día no te puedas saltar la dieta y comerte una hamburguesa, porque somos personas. Pero debe ser excepcional. En el campo te repercute todo.

—Ahora es usted un entrenador en paro.
—En casa la familia siempre está pendiente del día que vuelva a decir, ‘mañana me marcho’, pero es que esto es así. Es lo peor de esta profesión: una inestabilidad tan grande que te tienes que ir solo, no puedes mover a la familia. Pero es la profesión que elegí.

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