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Pep, this is Anfield

El City de Guardiola cae estrepitosamente (3-0) ante un Liverpool imperial en la primera parte, y se obliga a la épica en la vuelta para estar en semifinales de la Liga de Campeones.

Pocas cosas deben poner a Pep Guardiola de peor humor que no reconocer su firma en el equipo que pone a disposición de sus comensales, es decir, de ese reducto de personas para las que únicamente existe una clase de fútbol. Sus pupilos podrán ejecutar la coreografía preparada al milímetro por el entrenador catalán con mejor o peor resultado, pero siempre acorde a una filosofía que Pep ha grabado en su piel como si de un tatuaje se tratase. Pasarán lo años, los jugadores, pero ese tatuaje permanecerá para siempre en su antebrazo, aunque dentro de unos años quizá empiece a estar poblado de varias arrugas y algún que otro pellejo.  La excelencia no es una opción, es una obligación. El Liverpool condenó al City, cuando, de una manera alegre y descarada, le robó el papel protagonista. El City se perdió en la búsqueda de su propia identidad, porque no está acostumbrado a remar. Y saber remar, viviendo en una isla, me parece del todo imprescindible.


El Liverpool, sin embargo, lejos de querer alcanzar la perfección, es ese marinero que llega a puerto cansado de tanto maltrato en alta mar, curtido en mil tormentas y más despeinado. Eso sí, con un uniforme impoluto y una cantinela a cuestas que te pone la piel de gallina. Los reds no quisieron oír hablar de filosofía, Klopp fue mucho más práctico. Salah ya es todo un faraón y arrastra con su inercia a un equipo que dejó sin palabras y sin soluciones durante los primeros cuarenta y cinco minutos, con goles de Salah, Chamberlain y Mané, a uno de los serios candidatos a conquistar esta Champions League 

En el segundo tiempo, me pareció que el City no intentó algo distinto porque ha interiorizado que esa palabra no entra dentro de su vocabulario. Se flageló con mucha parsimonia avergonzado por la traición a sus musas y a su propio guía espiritual. Murió con las botas puestas de manera inútil, es decir, con la posesión en el bolsillo, pero sin recortar la distancia abismal en el marcador que le aleja de las semifinales de Champions a la espera de un milagro. Cierto es que le quedan noventa minutos para volver a ganarse el favor de los intelectuales. Yo, para empezar, levantaría la vista hacia el horizonte, me dejaría de tanta palabrería y compraría un par de remos.

Periodista. Intento de guionista, así que escribo mucho, aunque no siempre bien. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. Deporte. Cultura. Viajes. Me bato en duelo con cualquiera por defender a Batman y 'La La Land'. Viví dos años en Buenos Aires y por eso tengo mucha paciencia. Subdirectora de A La Contra. Emperatriz de la batcueva.

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