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Copa del Rey

Pepinazo en el Bernabéu

El Real Madrid cae eliminado en cuartos de la Copa del Rey ante el Leganés, protagonista de una sorpresa histórica.

Temo que el nombre de esta hecatombe sea más terrible que la hecatombe misma. Después del Alcorconazo supongo que lo inevitable será acuñar la expresión Pepinazo y repetirla hasta la extenuación, ahora como definición de lo inmediato y en el futuro como referencia de la noche en la que el Real Madrid tocó fondo. A 19 puntos del liderato en la Liga y eliminado en la Copa, el vigente campeón de Europa lo fía todo a una clasificación incierta en la Champions contra la nueva sensación del Continente. Esta es la triste realidad para un equipo que ha transformado una mala racha en un insólito bloqueo mental.

Si cuesta explicar el desastre es porque no hay un hecho concreto que lo determine; no se puede culpar al árbitro, lo que ya sería penoso, ni a las bajas o la mala suerte, excusas, igualmente, de tercera categoría. Antes de perder, el Real Madrid se fue perdiendo poco a poco, incapaz de expresarse sobre el campo como un equipo superior. Cualquiera le planta cara, y que nadie lo entienda como un desprecio al Leganés. El Fuenlabrada tampoco estuvo tan lejos del milagro y otros visitantes han dejado la misma sensación, ya sea porque pudieron o hubieran podido.

Al igual que en otras tardes y noches, el juego del Real Madrid fue plano, previsible y carente de entusiasmo o imaginación. Llegados a este punto es tentador señalar a los más jóvenes y declararlos culpables por no derribar la puerta. Es verdad que el rendimiento de Achraf, Theo o Llorente no estuvo a la altura de las circunstancias, ni mucho menos, pero no son ellos los responsables ni de la eliminación ni de la crisis. Sentenciar a la segunda unidad es abordar solo la mitad de un problema, tal vez un cuarto. El origen del vacío es responsabilidad de las figuras y del entrenador. Unos han fallado por falta de puntería o concentración, y el otro no supo reaccionar cuando se encendieron las primeras luces rojas. Cuando el Leganés se puso por segunda vez por delante en el marcador, Zidane no tenía en el banquillo ni a Bale ni a Cristiano, y no estaban allí porque así lo quiso al componer la lista. Visto lo visto, es fácil decir que calculó mal los riesgos. A pesar de la goleada contra el Deportivo (7-1), el equipo no estaba recuperado anímicamente de la pena que arrastra desde el principio de la temporada. El entrenador no puede compartir esa culpa con nadie.

La manera en que ocurrió todo es tan cruel como el resultado de la eliminatoria. No hubo reacción a los acontecimientos, al cariz que tomaba el partido, al primer gol recibido ni, por supuesto, al segundo. Todo lo que no tenía que ver con el Leganés era extremadamente feo. El cambio de Isco para dar entrada a Mayoral. Los cánticos de los fans patrocinados sonaban como una grabación sin conexión alguna con lo que estaba pasando en el campo. De tanto controlar lo que debería ser espontáneo, el estadio se ha convertido en una psicofonía, en una banda sonora de otra película. Que Sergio Ramos se pasara tantos minutos como delantero centro es otra prueba del caos organizativo y anímico. No hubo proeza alguna en el último asedio.

Pellegrini murió del Alcorconazo porque nada duele tanto al madridismo como sucumbir ante un equipo tan manifiestamente modesto. Para Zidane también será el fin salvo que la Champions vuelva a salir al rescate, una opción tan remota a estas horas que da bastante rubor plantearla.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

2 Comments

2 Comments

  1. Óscar

    25/01/2018 at 11:03

    Hola Trueno, estoy de acuerdo en todo, pero creo que el Madrid haría mal en echar a Zidane. Mucha razón de la buenísima racha que hemos tenido en el Madrid viene por la calma que se ha vivido en los últimos tiempos. Ya sabemos lo que implican las manos de hierro y las espantadas de las ruedas de prensa. Habrá que hacer cambios, pero no sé si Zidane debería ser uno de ellos. Creo que hay un prototipo de entrenador y Zidane encaja en él, los experimentos del pasado trajeron heridas que alguna aún supura…

  2. Gabriel Inojosa

    25/01/2018 at 14:40

    Pese a que Zidane tiene espalda la realidad, y con esto estoy de acuerdo con vos, es que su puesto depende de la Champioms. Lo que más preocupa, en todo caso es cómo el equipo pierde rápido la identidad, el enfoque. Pasó de ser el mejor contra golpeador del mundo a ser golpeado por cualquier equipo y en su propia casa. Nada más grave para el madridismo que un equipo sin alma, eso duele tanto o más que la traición del amor de tu vida.

    Un abrazo desde Buenos Aires querido Juanma.

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