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Política

Pepu, presidente

Estamos hartos de decir que faltan políticos de talla y con la misma insistencia repetimos que el deporte está plagado de modelos. Pues tiremos de ellos.

El 19 de junio de 1986, durante la disputa del Mundial de México, varios cientos de aficionados se congregaron en la Plaza de Cibeles al grito de “¡Butragueño, presidente!”. “¡Oa, oa, El Buitre a la Moncloa!”, coreaban los allí reunidos. España acababa de ganar a Dinamarca por 5-1 con cuatro goles de Emilio Butragueño, de 22 años, lo más parecido a un querubín que pueda imaginarse. Aquella noche se estrenaron las celebraciones en la Cibeles y la proclamación espontánea de los héroes deportivos como candidatos políticos. Pepu Hernández lo recordará bien.

Lo sucedido hace 33 años tiene fácil explicación. Era verano, casi madrugada (el partido se jugó a las doce de la noche), éramos jóvenes y tres días después se celebraban las Elecciones Generales. “Aquella generación de jugadores fue algo así como la selección futbolística de la Transición”. La reflexión está incluida en el libro de Luis Martín Gómez y Santiago Giménez Blanco Cuando éramos los mejores (pero nunca ganábamos).

La consagración de un ser tan angelical como Butragueño era un símbolo del cambio y de la modernidad. Y digo angelical porque todavía no eran de conocimiento público sus genitales, descubiertos el 14 de diciembre de ese mismo año para asombro/admiración general. El caso es que Butragueño era el rostro de una nueva época. Así quedó asumido de manera consciente e inconsciente. Cuando El Buitre hizo el primer gol a Dinamarca, en lugar de salir su nombre rotulado en la imagen de Televisión Española, lo que se pudo leer fue “PSOE”, las siglas del partido en el Gobierno. Un error humano, ya se pueden imaginar. Lo que no tuvo nada de casualidad es que Butragueño apareciera superpuesto en algunos anuncios de la campaña de los socialistas, asunto que se apresuró a denunciar Diario 16: “Butragueño, indignado por el uso político de su imagen”.

Butragueño no fue presidente y no lo será nunca salvo inesperado giro de los acontecimientos, ni siquiera del Real Madrid, para lo que parecía destinado por carisma y preparación, aunque no por carácter. Pero esa es otra cuestión.

Vayamos a lo actual. No es tan raro que un presidente del Gobierno que fue jugador de baloncesto aficionado apueste como candidato para la alcaldía de Madrid por el entrenador que nos hizo campeones del mundo en 2006. Más allá del impacto mediático y del populismo (evidente), tiene cierto sentido recurrir a quien ha sabido dirigir grupos, gestionar egos y representar a España.

Por otro lado, no es nueva la querencia deportiva de Pedro Sánchez. Nada más llegar a la presidencia ofreció a Vicente del Bosque el cargo de Secretario de Estado, honor que el exseleccionador declinó amablemente. Aunque hombre de izquierdas, Del Bosque no tiene entre sus planes iniciar una carrera política, lo que confirma su extremada inteligencia. De haber aceptado, el impacto del nombramiento habría sido inmenso y no hay motivos para dudar del nivel de su desempeño. Quien ha sido entrenador del Real Madrid y de la Selección se gradúa en ciencias políticas y relaciones internacionales. Además, en su caso, Del Bosque tuvo que conciliar en el equipo todas las tensiones territoriales que ya agitaban el país y que encontraron un acomodo natural en la Selección. Lo mejor del aquel grupo, de Ramos a Piqué, es que era un fiel reflejo de lo que podía ser España. Por alguna extraña razón, nadie gritó “¡Vicente Presidente!” aunque la rima era del todo natural.

Pepu Hernández tiene mucho en común con Vicente del Bosque, desde los éxitos hasta la ideología. Es cierto que la política es un juego con reglas diferentes (o sin ellas), pero el deporte enseña a adaptarse y a ser flexible y por eso resultó tan reconfortante la candidatura de Ruth Beitia (aunque breve) a la presidencia de Cantabria; no había nadie tan razonablemente flexible en los alrededores.

Estamos hartos de decir que faltan políticos de talla y con la misma insistencia repetimos que el deporte está plagado de modelos. Pues tiremos de ellos. Convirtamos la broma de antaño en propuesta sensata. ¿Por qué no Pepu? ¿Se les ocurre algún político más cualificado? ¿Y cualificado, en qué? Personalmente, me siento más dispuesto a depositar mi confianza en Toni Nadal, Del Bosque o Pepu, a los que he visto comportarse y reaccionar en situaciones de éxito y fracaso, que en políticos de carrera de los que sé poco o nada. Llámenme raro.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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